Sunday, May 16, 2010

El Globito del Día: La Lectura y los Movimientos de Masas.

A veces pongo aquí cosas simplemente por que se me ocurrió, sin tener ningún propósito claro. Ahora que estaba escribiendo lo que acabo de colgar sobre "Renta Básica y la República de Propietarios" me acordé de una cosa fascinante que descubrimos con mis alumnos del curso doctoral de Estudios Políticos del Externado hace unos meses. 

Desde el punto de vista puramente sociológico, sin ponernos a evaluar ideologías ni nada, una de las cosas más extrañas del Comunismo en el siglo XX es que creó lo que tal vez sea el primer movimiento de masas en la historia universal basado en la lectura. Para ser un buen comunista no bastaba con saber leer, había que demostrar cierta familiaridad con algunos textos. No todos eran tan abstrusos como los "Manuscritos Económico-Filosóficos de 1844," había obras de divulgación mucho más sencillas (y, en forma casi inevitable, de peor calidad) pero de todas formas mucho más complejas que cualquier periódico. Ahora que lo pienso, me parece asombroso el que el movimiento funcionara sobre la expectativa de que obreros no calificados, que tenían un mínimo de educación formal, pudieran leer estos textos. Me da la impresión de que históricamente esto es una rareza. No tengo datos (y si alguien los tiene, se los agradezco), pero creo que otros movimientos de masas no tenían ese nexo con la lectura.

Hago una excepción: algunas vertientes del Comunismo agrario, especialmente del Sureste Asiático. El caso más grotesco es, obviamente, el Khmer Rojo que masacró millones de camboyanos, algunos por parecer vietnamitas (a la gente se le olvida que el Khmer Rojo era un movimiento profundamente racista) y a otros por parecer "intelectuales" (el Khmer Rojo hubiera fusilado a Marx).

No tengo ni idea si esta impresión superficial es acertada o no. Pero si lo es, me parece una de esas observaciones interesantes que, de pronto, tienen muchas más consecuencias de las que uno cree. 

Renta Básica y la "República de Propietarios"

Los socialistas tambien tenemos nuestras leyendas para pasar a las próximas generaciones. Una de ellas es la que dice (y de pronto es verdad) que en 1916, a pocos meses de tomarse el poder, Lenin en Suiza se dedicó a estudiar los mamotretos de Hegel. Es el tipo de leyenda que contamos siempre para recordarnos que aún en las coyunturas más cruciales hay que seguir pensando en los problemas teóricos complicados.

Bueno, el Polo no está a pocos meses de tomarse el poder, pero de todas maneras quiero seguir pensando sobre problemas ideológicos de largo plazo. Repasando lo que escribí el otro día sobre la renta básica me di cuenta de que hay una pregunta importante al respecto: ¿cómo diferenciar la renta básica de otras propuestas ideológicas que andan por ahí?

Como el otro día terminé defendiendo, en forma que ni yo mismo esperaba, las "demogrants" se me ocurre que esto le puede sonar a muchos muy parecido a la idea conservadora (tanto de Thatcher como del Partido Republicano en Estados Unidos) acerca de la "república de propietarios." 

Yo me considero un radical en materia ideológica pero un pragmático en materia política; creo que la izquierda tiene que saber hacer coaliciones con quien le sirva en determinado momento. Por eso, como ya he dicho, si nos vamos a tomar en serio el tema de la renta básica, hay que saber que esto coloca a la izquierda en alianzas con la derecha libertaria. Muy bien. Pero por eso mismo hay que saber no solo cuáles son los puntos en común, sino tambien las diferencias para no confundir medios con fines. 

La idea de una "república de propietarios" es un tema que ya tiene tradición en la derecha anglo-sajona. Consiste en el propósito de convertir a todo ciudadano en propietario de algo, generalmente su propia vivienda y un paquete accionario que le garantiza su pensión. Como ven, a simple vista no tiene por qué ser muy distinto de las "demogrants." Pero en realidad sí hay diferencias enormes y muy importantes.

La idea de que la vivienda es el vehículo para democratizar la propiedad está haciendo agua en este mismo instante por la crisis financiera. Uno de sus enormes problemas es la falta de diversificación que ahora mismo le está saliendo carísima a millones de "propietarios." Al desinflarse la burbuja de la finca raíz en Estados Unidos los muchísimos compradores de vivienda se encontraron con que habían puesto buena parte de su riqueza en un solo activo y esa estrategia de inversión ahora los tiene sin activos.

La otra idea de la derecha ha sido la de diseminar la propiedad mediante fondos de pensiones. En este caso sí hay diversificación. Pero, aunque los fondos de pensiones pueden tener ventajas, sería erróneo confundirlos con un paso hacia el socialismo. 

A mi juicio el problema es el siguiente: el socialismo no defiende únicamente la redistribución del ingreso. Si de redistribuir ingreso se trata, bastaría con impuestos progresivos y "gasto social," la fórmula de los liberales de izquierda y social demócratas (en su vertiente latinoamericana). El socialismo, como yo lo entiendo, defiende tambien, y esto es importante, la desmercantilización del trabajo. Es decir, el socialismo tiene como meta reducir lo más posible la dependencia de la gente de tener que vender su fuerza de trabajo, y por tanto, supeditar sus opciones de autorealización, al mercado laboral. 

Nacida en otro contexto histórico, la socialdemocracia europea sí se tomó este principio más en serio. Por eso, en Europa ser socialdemócrata era, y en cierto modo todavía es, defender no solo el "gasto social" en educación y salud (que a todos nos gusta) sino tambien mecanismos de negociación laboral que generen salarios altos, vacaciones largas, licencias de maternidad pagadas y así sucesivamente.

El mercado laboral no es malo per se. En una sociedad moderna es un excelente mecanismo de asignación de recursos y tambien ofrece muchas oportunidades de autorealización. (Aquí pueden ver un poco más de lo que pienso al respecto.) Pero los socialistas creemos que no puede ser el único mecanismo y que a los ciudadanos hay que darles la oportunidad de experimentar con otras formas de organización y de autorealización. (De ahí, por ejemplo, el hecho de que para muchos socialismo sea igual a cooperativismo.) 

Pues bien, los fondos pensionales no desmercantilizan el trabajo. Para ser más precisos, ofrecen oportunidades de desmercantilización pero solo para personas que ya llegaron a la edad de retiro. Si estuviéramos en el siglo XIX, cuando casi nadie podía darse el lujo de pensionarse, esto sería una innovación social mayúscula. Pero en las sociedades modernas supuestamente ya se había conquistado el derecho al retiro en la vejez así que, con perdón de mis amigos conservadores, esto no me parece nada digno de celebrar.

Con esto llego a un problema más de fondo que, hasta donde yo sé, no se discute. Las propuestas de "democratización de la propiedad" pueden, por sí solas, generar presión política para que se aumente la mercantilización del trabajo. La razón es muy simple: si Ud. es dueño de un paquete accionario con el que cuenta para su pensión, le conviene impulsar políticas que aumenten los retornos del capital al máximo y una de las formas de hacerlo es, precisamente, aumentando la mercantilización del trabajo. Mientras más gente tenga que vender su fuerza de trabajo por menos sueldo, más aumenta la rentabilidad del capital. Esto es simplemente una variación de un tema muy viejo en la economía política del capitalismo: las clases de pequeños propietarios son generalmente aliadas del gran capital en lo que hace a legislación laboral. (Cuña: este tema lo discuto con más detalle en mi libro.)

Otra forma de pensar en esto es como un "problema de externalidades." Si se reparte la propiedad en fodos pensionales para todos, lo ideal para cada trabajador sería que él no tuviera que trabajar pero que el resto de la sociedad tuviera que ofrecer su mano de obra al precio más barato posible para aumentar el retorno del capital. Pero eso no es posible, entonces la solución es sacrificar sus propios derechos laborales a cambio de que todos los demás hagan lo mismo. Si se quiere usar lenguaje un poco pasado de moda: la clase trabajadora se convierte en "instrumento de su propia explotación." 

Por eso, para los socialistas es importante que la renta básica, en cualquiera de sus variantes, sea un instrumento de desmercantilización del trabajo. En el caso que nos ocupa, tal vez la diferencia crucial entre las "demogrants" y los fondos pensionales es precisamente el hecho de que las "demogrants" se pueden utilizar durante la vida laboral activa del dueño. De este modo no solo cada uno tiene oportunidades de desmercantilizar su propia fuerza de trabajo sino que tambien reduce la viabilidad política de mercantilizar el trabajo de los demás, reduciendo la posibilidad de imponer "externalidades negativas" en los demás.

Saturday, May 15, 2010

¿Tiene que ser Pacifista la Izquierda Democrática?

A propósito del embrollo que se formó con las declaraciones de Antanas, me parece pertinente plantear un debate distinto pero relacionado que vengo pensando hace rato. En esto encuentro gente muy respetable que difiere de mí, así que bienvenidas las opiniones.

Cuando yo empecé a adquirir uso de razón política, por allá en los tiempos de Betancur, una de las cosas que definía a la izquierda, incluso la desarmada, era su apoyo a los procesos de paz con la guerrilla. En buena medida me atrevo a decir que esta sigue siendo la posición dominante dentro de la izquierda democrática pero he notado en los últimos años el surgimiento de una nueva tendencia. Nadie discute que el Estado tiene derecho de atacar a las FARC. Pero la pregunta es si, aparte de combatirlas, el Estado tambien tiene que buscar un acercamiento político con ellas y, si lo hace, en qué términos.

Yo he venido sosteniendo una tesis que no todos comparten: creo que para la izquierda es importante insistir en una solución negociada y que si se llegare a producir una derrota militar de las FARC, el orden político resultante sería adverso a la izquierda. Si quieren, llámenlo la "opción Barrancabermeja," es decir, cuando se elimina por la vía militar a la guerrilla, se le cierra tambien el espacio político a la izquierda democrática.

No es evidente que así tenga que ser. Sé que en el Polo Democrático hay gente que piensa que, por el contrario, si las FARC se acabaran, así fuera sin proceso de paz, vendrían los mejores tiempos para la izquierda. 

La respuesta a esto depende, en parte, de los métodos que se utilicen para acabar con las FARC. Todos estamos de acuerdo (por lo menos cuando he sostenido esta discusión), en que si la derrota de las FARC ocurre a manos de un operativo de "guerra sucia," otra vez, como en Barrancabermeja o en Urabá, entonces sí que se cierra el espacio político de la izquierda ya que, por definición, esos operativos atacan las organizaciones políticas de izquierda (sindicatos, asociaciones de campesinos, organizaciones de derechos humanos, etc.).

Pero discutamos un caso más complejo. ¿Qué pasa si la derrota de las FARC ocurre a manos de un Ejército puramente institucional, legítimo, respetuoso de los derechos humanos? No es un debate ocioso porque, seamos justos, en el Ejército colombiano hay sectores así. Cuando le pregunto a gente que sabe de esto, todos coinciden, incluso los más críticos, en que la mayoría del Ejército es legalista. 

En teoría, en ese caso volveríamos al escenario "Baader-Meinhoff" al que me referí hace unos días y la izquierda democrática no tendría nada que temer. Pero no estoy muy seguro por dos razones.

Primera, como nos lo han demostrado los últimos años, el ataque frontal, puramente militar a la guerrilla envenena el clima de opinión en contra de la izquierda. Se me dirá que lo que hemos visto en estos años es una operación de propaganda macartista lanzada por el gobierno Uribe y que eso es una anomalía que no tiene por qué ocurrir bajo otro gobierno. Es probable pero yo sería muy cauto en este sentido. Al fin y al cabo, en situaciones de este estilo siempre habrá organizaciones políticas de izquierda, así sean independientes, que están justo al borde de la legalidad, a veces porque simplemente no puede ser de otra manera en zonas de conflicto. Entonces, cuando una organización de esas es atacada y desmantelada por la acción (legítima) del Estado, eso tiene repercusiones sobre todo el clima de opinión. En el caso alemán, la izquierda legal, institucional ya estaba totalmente incorporada al establecimiento político (incluso con gobiernos del Partido Social Demócrata) y no tenía ningún nexo ni ideológico ni, y esto es importante, histórico, con los Baader-Meinhoff. En Colombia, aunque la presencia política de las FARC se ha reducido muchísimo en los últimos años, me parece que ellas todavía conservan bases sociales que incluso pueden crecer. Las FARC no son una secta de jovencitos burgueses alienados que quieren meterle entusiasmo a la vida. 

La segunda razón por la que soy escéptico a este respecto tiene que ver con lo que he discutido en días anteriores sobre los "poderes fácticos" solo que, en este caso, el poder fáctico sería el Ejército. Desde el 2003 he seguido con algo de detalle los eventos de la guerra de Iraq y, confieso, todavía hay muchas cosas que no entiendo. Pero sí me llamó muchísimo la atención como durante varios años el Ejército norteamericano, por el solo hecho de ser la presencia dominante en alguna zona, era capaz de dictar los términos del proceso político. Con el tiempo esto se ha ido debilitando y ya no es del todo claro hasta qué punto Estados Unidos controla los hechos en Iraq. Pero ha habido momentos en los que sí ha podido ejercer ese control, vetando primeros ministros (Jaafari), excluyendo sectores de la población del proceso político (Muqtada al-Sadr) y así sucesivamente. Todo esto prácticamente basado en su presencia militar.

¿Qué lección sacar de allí? Yo creo que lo que ocurre es que en un clima de contrainsurgencia, el ejército, por necesidad, asume el control de los nodos fundamentales de la vida política de una zona. Hay que andar patrullando, hay que estarle preguntando cosas a la población civil, hay que hacer brigadas "cívico-militares" para puestos de vacunación, para construír escuelas, en fin, labores que en tiempos de paz hace el establecimiento político, civil de la zona, pasan a ser controladas por el ejército. Mi tesis central al respecto es que ese mismo clima de contrainsurgencia es esencialmente antidemocrático y, por lo tanto, favorece al statu quo del momento. 

Para poner un ejemplo: ¿será fácil organizar una huelga en medio de un operativo cívico-militar? ¿será fácil debatir si se debe construír un puente para el movimiento de tropas, o más bien una escuela? Nótese que estoy hablando de un ejército legalista. Pero, precisamente, a lo que voy es a que incluso en el mejor de los escenarios, la labor contrainsurgente militariza la sociedad en formas que afectan a los sectores disidentes.

No sé. Son dudas que me quedan a la hora de pensar en cuál es la mejor opción para la izquierda ante las FARC. Lamentablemente no he visto que se discutan en Colombia. Por esas mismas dudas es que sigo en el consenso de hace varios años: que aunque, obviamente, ningún gobierno puede dejar de combatir a las FARC, es importante tratar de llegar a un acuerdo político.

Friday, May 14, 2010

Soñando Despierto: Renta Básica

Hace ya varios años que me declaré un partidario convencido de la renta básica. Para mí, hoy por hoy la renta básica es una de las condiciones necesarias (tal vez no suficiente) para una "transición al socialismo." 

Cada que hablo con alguien que yo considere tiene alguna injerencia en política le trato de vender la idea de la renta básica. Generalmente encuentro recepción favorable pero hasta ahora nada de acción. Me cuentan que el Polo Democrático tiene por ahí algunos cuantos defensores de la idea pero el partido en su conjunto no se moviliza para eso. 

Hace unos días, no sé por qué razón, me dio por ponerme a imaginarme cómo sería si un partido de izquierda democrática se tomara en serio el tema y lo colocara en el centro de su plataforma. El ejercicio resultó más interesante de lo que yo esperaba. (Me tomó varios paseos de mi perro, cuando pensé que lo despacharía en una caminata a la oficina.) De hecho, me tocó revisar varias opiniones que yo tenía por sentadas. 

Primero los pongo sobre antecedentes. Aquí pueden enterarse un poquito de en qué consiste la renta básica. No tengo tiempo ahora de profundizar mucho en el asunto. Lo que me interesa es la factibilidad política de un programa así.

Una de las grandes ventajas de la renta básica es que es una de las pocas ideas de raigambre netamente izquierdista que puede generar simpatías en la derecha. Al fin y al cabo, en Estados Unidos Alaska (la tierra de Sarah Palin) tiene un programa de renta básica basado en las regalías petroleras y el paso más significativo que se ha dado hacia allá a nivel federal es el Earned Income Tax Credit que es una variante del Negative Income Tax propuesto por Milton Friedman. A los libertarios, de derecha o de izquierda, les gusta la renta básica. Desde un punto de vista pragmático esto es importante porque no tiene sentido dedicarnos a imaginarnos programas que solo son viables si la izquierda saca el 85% de la votación. Con esta introducción paso a contarles mi sueño.

Imagínense que en algún momento (digamos 2014, 2018) el Polo Democrático (espero que siga con vida para entonces, si no pues el partido de izquierda de turno) ganara las elecciones. Podría entonces decirle a todos los partidos del país: "Hagamos un pacto grande, histórico, de reforma social y económica. Comprometámonos a que Colombia sea un país de renta básica. Es decir, que todo ciudadano, independientemente de su edad, sexo, condición laboral, etc. tenga siempre derecho a un ingreso garantizado, que pueda gastar en lo que quiera."

Supongamos que los demás partidos le jalaran al asunto. Como ya expliqué antes, no es impensable. Pero aquí comenzaría lo bueno. 

Aunque no soy abogado, se me ocurre que si uno quiere que el principio de renta básica se tome en serio, tocaría buscar la forma de ponerlo en la Constitución. Me imagino un artículo relativamente vago que obligue al gobierno a presentar ante el Congreso una "Ley de Renta Básica" así como hoy en día presenta una "Ley de Presupuesto." ¿Por qué ese mecanismo tan vago? Por varias razones. Primero, si esto no queda en la Constitución, o por lo menos en una Ley de la República, se convierte en otro "Familias en Acción," es decir, una caja menor de la campaña reeleccionista. Segundo, en un contexto democrático hay que aceptar que cada gobierno tiene el derecho de interpretar y ejecutar la renta básica a su manera. Uno no puede invitar a la derecha a un consenso que diga que la renta básica se va a financiar con impuestos del 90%. Nunca lo va a aceptar. Los libertarios quieren renta básica pero a un nivel bajito. Por eso, lo democrático es un mecanismo que le dé flexibilidad al gobierno de turno. Si la derecha gana las elecciones y quiere presentar un proyecto irrisorio de Ley de Renta Básica que garantice cien pesos a cada colombiano, pues está en todo su derecho. Si el electorado quiere castigarle eso, pues que lo haga en las próximas elecciones. Lo que esto demuestra es que, aunque como principio, la renta básica es excelente, a la hora de llevarlo a la práctica hay que tener en cuenta los desacuerdos propios de cualquier sociedad pluralista. 

Con esto llego a otro problema interesante, que fue el que más me sorprendió. En teoría hay dos esquemas de renta básica: el de ingreso básico garantizado y el de las "demogrants." El primero es simplemente un esquema en el que a cada individuo se le gira un cheque por algún ingreso específico. El segundo es un esquema en el que a cada individuo se le da, digamos a los dieciocho años, una cantidad de dinero de una vez por todas para que haga con ella lo que quiera. En abstracto, el ingreso básico suena mejor que las "demogrants" ya que, por ejemplo, un individuo puede terminar perdiendo su "demogrant" en la bolsa si hay una crisis financiera generalizada (como la de ahora). Podría ser injusto con alguien dejarlo sin piso económico solo porque sus inversiones le salieron mal. 

Pero en la práctica surge una complicación: como el nivel de renta básica no se puede definir de una vez y para siempre, entonces hay que entender que los gobiernos del futuro pueden aumentarlo o reducirlo en función de su ideología y del clima económico general. Entonces, si uno es un socialista que quiere garantizarle a la gente la mayor protección posible contra este tipo de eventualidades, le conviene comenzar el programa con un componente importante de "demogrants." Esa sería la forma de inclinar el programa lo más posible hacia la izquierda. De lo contrario, las futuras mayorías de derecha lo pueden achicar demasiado. Dicho de otra manera, la renta básica necesita una fase transicional para poderla consolidar. 

Esto a su vez genera nuevos ángulos. Si uno pudiera expropiar todos los medios de producción de un plumazo y redistribuirlos entre todos los ciudadanos, no habría ningún problema en crear "demogrants" para todos. Pero eso es políticamente imposible. Entonces hay que reconocer que no se le pueden dar "demogrants" a todos. Tocaría escoger categorías de ciudadanos y un nivel de "demogrant." 

¿Deberían regularse las "demogrants"? Es decir, ¿se le debe permitir al individuo hacer con ella lo que le venga en gana, o se debería limitar su enajenación para impedir, por ejemplo, que algún pulpo financiero compre todas las "demogrants" a precio de huevo y termine concentrando la propiedad? No sé. Algo me dice que la segunda opción es mejor. De pronto las "demogrants" operarían como una especie de fiducia en la que el gobierno le permite al individuo usufructuarlas pero limitando su enajenación, por ejemplo, se puede comer los intereses pero si va a tocar el principal, sólo puede usarlo para invertir. (Esto no es nada exótico: hoy en día en Estados Unidos si uno vende la casa y no compra otra casa, le cobran impuestos de ganancia de capital.) En todo caso, me parece que la "demogrant" no podría ser transferida en herencia.

Aparte de estas preguntas legales, surge otra de economía política: una "demogrant" es una transferencia de activos del gobierno a un ciudadano. Pero si el gobierno es pobre entonces no hay mucho de donde transferir. Además, los activos que existen están financiando otros programas. Todo lo demás constante, más renta básica, más "demogrants" significa menos programas de otro estilo. Si uno no quiere recortar lo demás, o quiere minimizar los recortes, tiene que buscar la forma de que el gobierno pueda financiar las "demogrants" con activos del sector privado. Entonces, un programa socialista debería tratar de negociar con el sector privado para poder comprar activos a precios relativamente baratos y luego usarlos para crear los paquetes accionarios de las "demogrants." (En algunos casos se podría expropiar. Por ejemplo, el día que en Colombia se tome en serio la extinción de dominio para narcoparamilitares, habrá una buena redistribución de la propiedad.)

Pero, obviamente, el gobierno no puede comprar toda la economía privada. Tocaría ser muy selectivos. Al fin y al cabo, no se trata de quebrar al Estado ni de paralizar la economía. Tocaría pensar en mecanismos alternativos. Se podría pensar, por ejemplo, en incentivos tributarios para empresas que le den acciones a sus trabajadores.

Ye me estoy alargando mucho. Lo que me interesa dejar en claro de todo este ejercicio es que la renta básica no es una reforma que se pueda sacar adelante con una varita mágica. Requiere mucha concertación entre todos los partidos, require una voluntad política sostenida en el tiempo, require cautela para manejar la transición, requiere estudios técnicos de viabilidad fiscal, require técnica jurídica y constitucional. En fin, requiere un compromiso serio.

Por eso, a mis amigos del Polo (y de otros partidos) que crean en esto les digo: hay mucho trabajo pendiente así que, si esto va en serio, toca irlo preparando desde ya. 

Thursday, May 13, 2010

¡Gracias Boston Review!

Acabo de recibir en el correo un ejemplar del Boston Review con mi artículo. Les cuento que quedó precioso. No he tenido tiempo de leerlo completo (aunque la verdad ya me lo sé). Pero ocupa un espacio prominente en la revista. ¡Lo logré, lo logré! Próxima meta: New Left Review. (Esa sí tomará tiempo.)

¿Qué Significa "Sagrado" para Antanas?

No dejo de pensar en las declaraciones de Antanas contra el Polo. La verdad es que sugieren unas preguntas muy interesantes. Cuando las leí por primera vez pensé que el asunto filosófico de fondo era la diferencia entre "explicar" y "justificar" y me propuse escribir algo al respecto. Algo así traté de hacer en la carta aquella que envié. Pensé que la cuestión se podía reducir a repetir algo tan trivial como que ambas cosas son distintas. Yo puedo explicar un acto sin justificarlo. Pero ahora se me ocurre que hay otros ángulos interesantes por explorar. 

A Antanas le encanta usar el término "sagrado." "La vida es sagrada," "Recursos públicos, recursos sagrados," en otros tiempos, cuando era vice-rector de la Nacional, yo lo oí hablando sobre la educación como un "bien sagrado." Los colombianos estamos acostumbrados a usar el término en un sentido banal simplemente para significar que algo merece respeto: "Ah, no, eso sí, para mí el tinto después del almuerzo es sagrado." Pero Antanas es un tipo serio así que ahora se me ocurre que de pronto cuando el usa el término "sagrado" lo hace a sabiendas de lo quiere decir. Eso tiene varias implicaciones.

Desde los tiempos de la Ilustración, los científicos, en especial los científicos sociales, han estado bajo sospecha de ser amorales. Uno de los pilares de la Ilustración era el intento de entender el mundo que nos rodea, tanto natural como social, aplicando los principios de la razón. Cuando se trata de entender actos humanos, esto a muchos les pareció que conducía peligrosamente al relativismo moral. Si yo soy capaz de entender todo acto como la consecuencia de decisiones racionales, entonces, decían los críticos, no tengo ningún punto de apoyo moral para condenar nada; todo vale. 

Aunque algunos Ilustrados eran, en cierto modo, relativistas morales, muchos otros se dedicaron a montar una cuidadosa defensa, buscando la forma de reafirmar principios morales universales a partir de la razón. Probablemente Kant es el representante máximo de ese punto de vista. 

No me voy a poner aquí a repasar toda la historia de la Ilustración y sus sucesores. Lo que me interesa señalar es que, si uno cree en que razón y universalismo moral son compatibles, entonces la única forma de emitir un juicio moral sobre actos de otros es precisamente a partir del entendimiento. Me explico. Yo no puedo condenar actos que no son explicables racionalmente. De ahí viene precisamente la "defensa por insania" que se usa en las cortes. Si alguien mata a su familia a cuchilladas y luego sabemos que al hacerlo era presa de un delirio y escuchaba voces demoníacas que le ordenaban matar, legalmente le damos un trato más benigno que si sabemos que lo hizo simplemente para cobrar un seguro de vida. En el primer caso, consideramos que su acto no era plenamente racional y, por eso, sentimos que no se le debe aplicar el mismo rasero moral que le aplicamos en el segundo caso. Es decir, las categorías "justificable" o "injustificable" no tienen ningún sentido si no vienen precedidas de un intento de entender. 

Pero ahora neguemos la premisa. ¿Qué pasa si yo no creo en la compatibilidad entre racionalidad y universalismo moral? En ese caso, mis juicios morales tienen que venir de otro lado. Un examen racional de cualquier acto no me va a conducir a ninguna evaluación moral o sea que, si no quiero ser relativista y decir que todo vale, entonces me toca buscar el fulcro de mi palanca moral en otra parte. ¿En dónde? Hay varias opciones, pero existe una muy prominente: la religión. 

Yo puedo considerar que mis certezas morales, las que uso para juzgar actos humanos, son de origen divino. En ese caso, no necesito reconstruír las razones que hacen inteligible a un acto para poderme pronunciar sobre su justificación moral. Es más, no solo no necesito explicar para evaluar, sino que incluso mis intentos de explicar pueden ofuscar mi juicio moral. Volvemos así a la postura de los enemigos de la Ilustración.

Como no soy teólogo, no voy a decir que éste es el significado de la moral religiosa. No he leído lo suficiente para saber la respuesta correcta, pero sí he leído bastante como para saber que no tengo ni idea de cuál es. Pero en todo caso, esta es una de las posibles posturas religiosas en pugna con la Ilustración. 

Ayer Antanas nos dejó claro que para él explicar es "directa o indirectamente" justificar. Esto lo coloca muy cerca de la posición anti-Ilustrada que acabo de esbozar. (Nunca leí su tesis doctoral "Representar y Disponer" pero si me acuerdo que había allí una alta dosis de heideggerianismo. De pronto es que Antanas ya desde hace años viene molesto con la Ilustración.) Todo esto me lleva a preguntarme: ¿será que cuando Antanas declara a algo "sagrado" lo hace en el sentido estricto del término?

Es posible que cuando Antanas dice "la vida es sagrada" no lo dice a la manera colombiana de que con eso no se juega sino que está diciendo que la única forma posible de afirmar el derecho a la vida es acudiendo a principios de origen divino. La diferencia no es trivial. Una cosa es decir "yo creo que el derecho a la vida está por encima de todos los demás derechos" y otra muy distinta es añadir, acto seguido: "quien trate de llegar a este mismo principio por vías racionales no va a ser capaz de entenderlo." 

Como yo soy un racionalista que se siente heredero de la Ilustración, para mí este punto es importante. Yo prefiero un Presidente que diga, como diría Rawls: "Como vivimos en una sociedad pluralista, no me voy a poner a averiguar de dónde es que cada ciudadano saca sus principios. Si los derivan del examen racional, bien, si los derivan de la revelación divina, bien. Lo que me importa es que todos estemos operando sobre la base de que el derecho a la vida tiene prelación sobre todos los demás." En cambio, me inquieta muchísimo un Presidente que diga: "El derecho a la vida es sagrado en tanto que sólo quienes se nutran de la revelación divina lo pueden aprehender y, por tanto, albergo sospechas sobre los que dicen reconocerlo a partir del examen racional."

Me encantaría poderle preguntar a Antanas qué clase de Presidente quiere ser.

Wednesday, May 12, 2010

Hacia una Teoría General del Uribismo (V)

Retomo el tema que me había propuesta hace un buen rato y que tuve que dejar por andar peleando con Antanas. (Lástima que él ni se entere...) 

En la última entrega me había detenido en el viejo debate entre "izquierda revolucionaria" e "izquierda democrática" por allá en los años 70. Lo traje a colación porque muchos de los dilemas de ese momento reaparecen ahora bajo condiciones distintas. 

En principio, la ventaja de la democracia es que es un mecanismo neutral para tomar decisiones colectivas. Es decir, cuando la democracia funciona bien, le garantiza igualdad de condiciones a todas las posibles propuestas de manera que la ganadora gana simplemente porque es la que le gusta a la mayoría. Pero desde hace mucho tiempo varios científicos sociales han expresado dudas al respecto. 

Aquí me voy a detener en una que es la que más me ocupa actualmente. En una democracia, los ciudadanos no evalúan las propuestas como si se tratara simplemente de ejercicios intelectuales sin ninguna relevancia práctica. Al contrario, cada alternativa afecta sus vidas de muchas maneras. Por lo tanto, los costos y beneficios de cualquier alternativa dependen de la situación en la que cada ciudadano se encuentre, lo cual a su vez, depende de la estructura económica y social que habita.

Aterricemos esto: pensemos otra vez en los amigos míos a los que les preocupa "lo social." ¿Cuánto dinero tienen para sus preocupaciones? Depende de la cantidad de impuestos que puedan recaudar. Pero esa cantidad depende no solo de la tasa impositiva imperante sino tambien de los relativos costos y beneficios de cambiar dicha tasa. Imaginemos por un instante que Colombia tuviera los mejores parques tecnológicos del mundo, todos ellos conectados con infraestructura de punta, en ambientes urbanos a la altura de las grandes capitales de cualquier otra parte, con gente con títulos de las más prestigiosas universidades, etc., etc., etc. En ese caso, muchísimos inversionistas querrían estar en Colombia así les cobraran impuestos más altos que en otras partes. Colombia sería el sitio en el que hay que estar. Nadie estaría hablando de "confianza inversionista" y mucho menos regalándole plata a ciudadanos particulares como lo hace el uribismo, dizque a cambio de que inviertan. Se podrían subir los impuestos al capital muy por encima de lo que están ahora porque sabríamos que los famosos inversionistas no se irían. Entonces, mis amigos tendrían mucho más dinero para atender "lo social." 

De este ejercicio de la imaginación nos queda una lección muy importante: lo que llamamos usualmente "el centro ideológico" no es simplemente una construcción intelectual sino que depende de la estructura profunda de la economía. En esa Colombia hipotética que he descrito, el "centro" defendería impuestos mucho más altos que los que defiende ahora.

Ayer se posesionó como Primer Ministro Británico David Cameron del Partido Conservador. Pero si fuera gringo, a David Cameron lo habrían expulsado del Partido Republicano por izquierdista. Por ejemplo, se la pasa defendiendo el sistema nacional de salud inglés que para la derecha americana es la antesala del Gulag.

¿Por qué? Porque el centro en Gran Bretaña está a la izquierda del centro en Estados Unidos. Pero no es resultado de algún capricho intelectual de los ingleses y los norteamericanos. Es el resultado de que en Gran Bretaña el movimiento obrero, junto con el Partido Laborista, ganó algunas batallas fundamentales que llevaron a la construcción de un Estado del bienestar más generoso que el de Estados Unidos. Recíprocamente, cuando el movimiento obrero inglés fue derrotado por Thatcher, ese mismo Estado del bienestar se vio diezmado. 

La democracia no es neutral: aquellas opciones que se adaptan mejor al estado de cosas existente tienen más posibilidades de ganar. Mientras más lo pienso, más me inquieta esto. Si es cierto, y yo creo que lo es, entonces antes de decidir que la vía para el cambio social es la democracia uno tiene que preguntarse cuál cambio quiere y cuál es el estado de cosas imperante y saber cómo operar. Por sí sola, la democracia no le va a resolver el problema. 

Volviendo al caso que nos ocupa, el uribismo en Colombia se empeñó en defender un estado de cosas en el que se mantuvo y se acentuó la concentración de la tierra, se consolidó la transición hacia exportaciones intensivas en recursos naturales, se debilitó la organización de la clase trabajadora. Todo eso tiene enormes consecuencias para definir el "centro ideológico" del país. 
Esa es la contradicción de aquellos uribistas de izquierda a los que les "desvela lo social." Se han dedicado a aumentar la redistribución del ingreso operando en los márgenes de lo permisible por el sistema que su jefe consolidó. Pero esos márgenes son ínfimos. Lo que hay que hacer es cambiar el sistema por otro que tenga márgenes más permisivos.

¿Se puede? Lo veo muy difícil. Pero por lo menos uno debería ser consciente de ese problema.

Estoy en el Boston Review!!

Primero Semana y ahora el Boston Review! Bueno, la verdad es que son muy distintas y además lo del Boston Review si fue un artículo que mandé sobre Colombia. El hecho es que ya salió. No lo encuentro online todavía pero ojalá lo cuelguen. Tocó editar mucho y por lo tanto, lamentablemente tocó sacrificar párrafos enteros con los que me había encariñado.

Mucha gente no conoce el Boston Review, aún en USA. No saben lo que se pierden. Es una excelente publicación. Un poquito como el New Left Review inglés. (Ya cubierto el Boston Review, esa es mi nueva meta.) Así que aunque no encuentren mi artículo (es más, para gente que sabe sobre Colombia el artículo no tiene nada particularmente nuevo), échenle una mirada.

Antanas: Peor de lo que me temía.

Comienzo por una confesión. Hace ya varias semanas, cuando Antanas se disparó en las encuestas, recibí la invitación a firmar una carta de apoyo a su campaña por parte de un distinguido grupo de colombianistas. En ese momento, yo estaba en shock por la celeridad con la que se disparó Antanas y, presa del asombre, concluí que la campaña del Polo había terminado y que iba a tocar apoyar a Antanas. Además, el grupo de firmantes incluía gente intachable así que me dejé llevar por el impulso y firmé. Después pensé las cosas mejor y, como saben los que han visto mis pronunciamientos recientes, rectifiqué y empecé a decir que el Polo debía dejar abierta la opción de una alianza con Antanas, pero que tambien debía negociar duro con él y estar listo para pararse de la mesa. 

En fin, todo eso es historia pasada. (En estos días unas semanas ya son historia pasada.) Ahora Antanas ha decidido que no solo no le interesa aliarse con el Polo sino que además prefiere insultarlo diciendo que es un partido que "justifica directa o indirectamente" la violencia. 

Que alguien me explique que quiere decir eso de justificar indirectamente algo porque yo no lo entiendo. En todo caso me suena peligroso. Entre tanto, esto me pareció ya la gota que rebosó la copa así que le envié la siguiente carta al grupo que me había invitado, en la que retiro mi firma. 

Estimada XXXX:


Hace unas semanas tuve el honor de ser invitado a firmar la carta de apoyo de varios académicos a Antanas Mockus en su candidatura presidencial. En aquel momento la firmé creyendo, como aún creo, que Mockus tiene enormes atributos personales y políticos que lo podrían convertir en un buen gobernante y que su victoria sería tambien la derrota de la candidatura de Juan Manuel Santos contra la cual tengo enormes reparos.

Pero en los últimos días Mockus ha hecho pronunciamientos públicos que me impiden seguirlo apoyando de la forma en que lo hice en su momento. Me refiero en particular a sus declaraciones en las que sostuvo que el Polo Democrático defiende "teorías que, de algún modo, directo o INDIRECTO, justifican (la violencia)." (El subrayado es mío.)

Aunque no pertenezco formalmente a ninguna organización política, siempre he simpatizado con los partidos de izquierda democrática en Colombia y, desde mi muy discreta posición, he respaldado en los últimos años al Polo Democrático Alternativo. A veces discrepo de sus ejecutorias y de algunos de sus miembros más prominentes. Incluso, considero que Gustavo Petro no era el mejor candidato que el Polo podía nominar a la presidencia. Pero, con todas mis discrepancias, las afirmaciones de Mockus van al núcleo mismo de convicciones políticas que comparto con la inmensa mayoría del Polo; se trata de una diferencia de fondo.

Al igual que la inmensa mayoría de los colombianos, al igual que la inmensa mayoría de los miembros de la izquierda democrática, odio la violencia. Pero, al igual que muchos otros colombianos, no solo dentro de partidos de izquierda sino aún en partidos tradicionales, creo que uno de los pasos esenciales para lograr la paz en Colombia es la superación de injusticias crónicas en nuestro sistema económico y político. 

Nunca he sentido que esa postura constituya una justificación ni directa ni indirecta de la violencia. Como científico social estoy acostumbrado a tener que explicar acciones de otros agentes, entendiendo las circunstancias que los pudieron llevar a tomarlas, sin que por ello las justifique. La justificación es una expresión de acuerdo moral con el acto. La explicación, en cambio, es la constatación de que la otra persona, en tanto que sus actos responden a circunstancias externas, tomó una decisión racional o, por lo menos, inteligible a los ojos de un observador.

Como colombiano creo que la violencia en el país es explicable cuando tomamos en cuenta las circunstancias a las que se ven abocados muchísimos ciudadanos, privaciones, exclusiones, intimidaciones, atropellos, todas ellas circunstancias que hacen inteligible el hecho de que alguien opte por usar la violencia, a veces delinquiendo en solitario o en grupo, a veces uniéndose a gupos extremistas tanto de izquierda como de derecha. Siempre he deplorado y aborrecido esa escogencia pero siento que sería obtuso de mi parte asumir una actitud simplista de condena sin detenerme primero a tratar de entender a quienes la han tomado.

Como ciudadano privado, he llevado la vida cómoda de todo académico de clase media. Afortunadamente, nunca he tenido que tomar una decisión que requiera matar o morir. Pero por eso mismo, soy consciente de que mi postura moralmente "civilizada" y pacifista es en parte, y solo en parte, resultado de ese privilegio que, lamentablemente, en Colombia muchos no disfrutan. Así que, sin justificar en ningún momento el uso de la violencia por parte de ninguna persona, creo que es mi deber como académico y como ciudadano tratar de entender la realidad que otros viven y que los coloca en la senda de tomar decisiones que yo repruebo. 

En mi caso particular, y reconociendo que no es la única alternativa posible, esas preocupaciones me han llevado a optar por la izquierda democrática. Pero por eso mismo, las declaraciones de Mockus van en contra de convicciones que para mí son muy profundas. 

Solo veo dos posibles interpretaciones a la frase de Mockus, ambas inquietantes. En la primera opción, Mockus considera que los actos individuales, especialmente aquellos que reprobamos, deben ser vistos en forma totalmente inconexa con el entorno que los produjo. En ese caso, se trata de una doctrina absolutista que  simplemente se niega a tratar de entender al otro y se limita a lanzar admoniciones morales desprovistas de contenido concreto. No veo cómo esa actitud pueda resultar en un gobierno efectivo que logre movilizar a los ciudadanos. En la segunda opción, Mockus considera que, si bien en abstracto es válido el principio de que los actos humanos responden a circunstancias externas, ese principio no se aplica a la violencia en Colombia porque no hay nada en las condiciones del país que lo permita. En ese caso, Mockus está alineándose con las doctrinas más conservadoras de la política colombiana. Se trataría de una postura respetable, que merece ser sometida a debate democrático, pero que no tengo por qué acompañar.

Al leer el documento de la Propuesta de Gobierno, se me ocurre que hay una tercera opción. Al fin y al cabo, allí el Partido Verde reconoce que hay fallas en las estructuras del país que llevan a que muchos colombianos no puedan encontrar opciones de vida decentes, libres de violencia. Entonces, se me ocurre que la motivación de Mockus en sus declaraciones no fue ni ingenuidad intelectual ni derechismo ideológico sino algo más banal: oportunismo político que lo invita a tratar de quitarle votos a Santos moviéndose hacia la derecha, así tenga que ofender a uno de los partidos que más ha hecho por la democracia colombiana en los últimos años. En ese caso, me surgen dudas sobre la voluntad de Mockus de lanzar una nueva forma de hacer política.

Como sé que Mockus es un hombre de grandes cualidades, es muy probable que exista una cuarta interpretación, esta sí satisfactoria para mí. Cuando aparezca esa interpretación me sentiré gratamente sorprendido. Entre tanto, debo terminar aquí mi acompañamiento a Mockus. Le deseo la mejor de las suertes en su campaña, espero que pueda derrotar a Santos y que sea el gobernante que puede llegar a ser. Con sus declaraciones recientes me ha quedado claro que lo que me corresponderá en ese caso es ofrecerle el obsequio que todo mandatario democrático merece: una buena oposición.

Muchas gracias,


Luis Fernando Medina

Tuesday, May 11, 2010

Chao Antanas!

Hasta que llegó el entierro de tercera a las famosas alianzas del Polo. Hoy Antanas decidió que no la jalaba al asunto así que ya se acabó el tema.

En cierto modo me alegro. Claro, yo hubiera preferido, y lo dije en su momento, que Antanas se mostrara receptivo hacia las propuestas de izquierda del Polo. Creo que tanto él como el Polo se hubieran beneficiado de una colaboración creativa. Pero si eso no va a pasar, tampoco es el fin del mundo. 

El Polo ha demostrado que es un buen partido de oposición así que está preparado para seguir cumpliendo ese papel ante una eventual victoria de Antanas. Razones no van a faltar. Antanas parece haber decidido que esta elección la va a ganar moviéndose tan a la derecha como sea compatible con tener barba y no tener apellido de expresidente. En materia de paz ya está dejando claro que no se debe esperar de él ningún cambio de política. En materia económica a veces dice cosas interesantes pero no profundiza. 

Su cuento de "recursos públicos, recursos sagrados" tiene un efecto positivo y uno negativo. El efecto positivo es que, obviamente, está muy bien que los administradores públicos no se roben la plata. Pero el problema de ese discurso es que sigue perpetuando una ficción muy común en Colombia (y en América Latina) pero que a la vez es muy dañina: la idea de que todos los problemas económicos se pueden arreglar con acabar con la corrupción. Cada cuatro años a la opinión pública alguien le vende la idea de que hay en alguna parte unos ríos de leche y miel secretos que nadie ha visto excepto los funcionarios del gobierno que se los roban. La verdad, aunque duela, hay que decirla: Colombia es un país pobre, o por lo menos de clase media y eso no se debe a la corrupción sino a muchas otras causas profundas que no se van a arreglar con solo meter a la cárcel a unos cuantos funcionarios inescrupulosos.  En fin, me desvié del tema, pero es que es algo que me molesta desde hace años.

Volviendo a lo que venía diciendo, Antanas se perfila cada vez más como un candidato de centro-derecha. Como van las cosas, es más progresista Rafael Pardo (y de pronto más preparado???). Así que el Polo debe prepararse para criticar a Antanas desde la izquierda ya que él no muestra intenciones de ocupar ese espacio.

Aunque para muchos esto es tema de un día, máximo de una semana, para Petro es el fin de una estrategia que él vino elaborando desde hace ya varios meses, e incluso años. Acordémonos que el Polo casi se desbarata en su último congreso en torno al tema de las alianzas. Quienes me conocen saben que en su momento dije que ese debate era una pérdida de tiempo, entre otras cosas porque no había ningún socio claro para las tales alianzas. Los hechos terminaron dándome la razón. (Si me jacto es porque esto me pasa muy pocas veces así que hay que aprovechar; mis pronósticos casi nunca salen.) 

Espero que este sea el fin de ese debate bizantino entre "aperturistas" y "recalcitrantes" que tanto daño hizo. El Polo solo cuenta consigo mismo. Es EL partido de izquierda en Colombia y tiene que dedicarse a crecer y madurar en torno a esa idea. Es un partido joven pero que ha logrado mucho. Tiene disciplina, tiene cuadros, tiene bases e incluso, aunque no parezca en este momento, tiene votos. No es chiste. Independientemente de lo que saque Petro en las elecciones, creo que no es exagerado decir que la "capacidad de carga" del Polo, es decir, su base electoral inamovible de mediano plazo está entre el 15 y el 20% del electorado. A veces cae por razones coyunturales (como el efecto Antanas y los errores del partido) a veces crece, tambien por razones coyunturales (como el desbarajuste del Partido Liberal en el 2006). Pero en general, cuando el Polo juega bien sus fichas puede contar con un porcentaje en ese intervalo. Eso vale mucho y no se puede dejar perder.

Así que el Polo debe dedicarse en estos años a profundizar sus logros. Para eso, creo yo, tiene que hacer dos cosas (entre otras): a. una buena oposición y b. articular un programa económico de izquierda que sea una alternativa real a lo que se está ofreciendo en estos días. (Espere en este blog: renta básica!!) Si logra esto y conserva su "capacidad de carga" manteniéndose unido, se ratificará como uno de los partidos más importantes de la política colombiana de las últimas décadas.

Entre tanto, sin ningún pesar, chao Antanas! Te veremos desde la oposición. 

Saturday, May 8, 2010

Hacia una Teoría General del Uribismo (IV)

¿Por qué se me han ido tres días para decir algo que muchos ya saben, es decir, que la Administración Uribe ha sido tolerante con el fenómeno paramilitar? Porque aquí no me interesan solamente los hechos sino desarrollar un marco analítico para interpretar no solo lo que ha ocurrido sino lo que puede llegar a ocurrir más adelante, en especial ahora que Uribe no va a estar y, al parecer, tampoco Santos.

En toda la perorata que he escrito en estos días me la he pasado usando el término de "poderes fácticos" en forma un tanto vaga. No voy a poder precisar mucho porque yo mismo todavía no logro clarificar totalmente el asunto. (Sí, ya sé que mucha gente utiliza el mismo término sin que les produzca dificultades. Yo creo que lo que pasa es que no se han detenido lo suficiente para darse cuenta de las enormes complicaciones que tiene y por eso se sienten tan seguros.)

Para explicar un poco mi confusión al respecto, permítanme volver a un debate entre izquierdistas que parece ya superado: el debate sobre la "democracia formal." En los años 60s y 70s en toda América Latina, y Colombia no fue la excepción, la izquierda se enfrascó en el debate de si las instituciones democráticas ofrecían una posibilidad de cambio social genuino. Puesto crudamente, ¿era posible una vía legal al socialismo? 

La respuesta, obviamente, dependía de cada país. En Chile había razones para creer que sí. Al fin y al cabo, tenía una tradición de normalidad constitucional ininterrumpida, el Partido Socialista era un partido histórico, tenía el Partido Comunista más grande del hemisferio occidental (fuera de Cuba, por supuesto) y era fácil creer que con un poco de esfuerzo la izquierda llegaría al poder, como en efecto sucedió. 

En países bajo perenne dictadura militar, como El Salvador o Nicaragua, esto era un debate meramente académico ya que no había ninguna vía legal. (Los militares salvadoreños ni siquiera aceptaron el triunfo de los Demócrata-Cristianos con José Napoleón Duarte en el 72). Colombia era uno de los casos más complejos. Al igual que Chile, tenía una tradición constitucional larga (aunque interrumpida), pero a diferencia de Chile, los partidos de izquierda no habían podido romper el duopolio Liberal-Conservador, a veces por pura cuestión electoral, pero a veces tambien por efecto de la represión. (No me voy a meter ahora en el enorme debate de cuáles de los factores pesó más.) 

Este debate se volvió obsoleto porque ambos campos sufrieron golpes traumáticos. Primero los legalistas vieron como el experimento de Allende sucumbió. Si ni siquiera Chile era capaz de avanzar al socialismo por la vía legal, ¿qué podían esperar las izquierdas del resto de América Latina? Pero luego vinieron los golpes hacia el otro lado. Excepto Nicaragua, ninguna revolución armada triunfó. Nicaragua se sumió en una guerra civil costosísima, patrocinada por Estados Unidos, sin duda, que hizo naufragar la transición al socialismo. Finalmente, colapsó el modelo comunista de planificación central.

Es decir, a. las revoluciones no ganaban, b. si ganaban, el enemigo iba a desencadenar una guerra civil que se iba a perder o, máximo a empatar y c. si se ganaba la guerra civil, el resultado era un régimen que nadie podía defender. Así que todos nos volvimos demócratas. (Sí, me incluyo.) ¿Y la lección de Allende? No había problema. La verdad es que a Allende se le había salido la economía de las manos. La izquierda solo tenía que ganar las elecciones, mantener la inflación bajo control, garantizar que no iba a haber expropiaciones para evitar que los ricos y los gringos se unieran en un golpe de Estado y listo. Excelente. Solo había un problema: eso no era socialismo.

Para muchos el problema se podía resolver fácilmente si simplemente se abjuraba del socialismo. De ahí el surgimiento del neologismo blandengue y gramáticamente discutible de "lo social." En vez de socialismo, se tendría un mayor énfasis en "lo social." Mayor "gasto social," más educación, más salud. Tengo varios amigos que hicieron ese tránsito. (Si están leyendo, les mando un abrazo afectuoso. Uds. saben quienes son.)

Me tengo que ir. Sigo mañana. 

Friday, May 7, 2010

Hacia una Teoría General del Uribismo (III)

En su manifestación más pura, la "seguridad democrática" es, como decía ayer, simplemente el intento de un Estado democrático por impedir la acción de sus enemigos a la vez que se integra a la ciudadanía de manera que ni la legitimidad ni las libertades individuales sean vulneradas. La "mosca en la sopa" de esta fórmula es que, en la práctica, la "seguridad democrática" fue una política construida sobre la base de una guerra sucia de casi veinte años. Pero surge una pregunta: ¿había alguna otra alternativa?

En principio sí. En teoría, el gobierno hubiera podido llegar a un acuerdo político con las FARC que concluyera con la incorporación de éstas a la vida civil y la dejación de armas. Así, supuestamente habría desaparecido toda necesidad de las AUC y el Estado hubiera podido dedicarse a combatir a las bandas de renegados, tanto de la guerrilla como de las autodefensas, ambas reducidas ahora a su mínima expresión. 

Todos sabemos que eso no pasó y, por interesante que sea el tema, no me voy a detener aquí a discutir por qué. (Otro día.) 

Lo importante aquí es notar que ambas opciones, no solo la "seguridad democrática" son compatibles con la preservación de la legitimidad del Estado colombiano emanado de la Constitución del 91. Esto es importante porque uno de los artículos de fe del uribismo, como lo expresa el mismo Restrepo, es que sólo ellos han sido los que han preservado la institucionalidad. (Ya tendremos ocasión de ver que ni siquiera eso, pero en fin...) 

Todo esto es un desvío larguísimo para llegar a un punto obvio: la "seguridad democrática" (y no, no le pienso quitar la comillas) no es un simplemente un mecanismo neutral de defensa del Estado. Es un mecanismo de defensa de un tipo de Estado particular: el Estado que resultó de la guerra de los 80s y 90s. Es decir, no es solamente la defensa de unos principios formales de democracia política y del imperio de la ley, es tambien la defensa de un sistema de poderes fácticos que se consolidó como resultado de la guerra sucia de los paramilitares.

En cierto modo me da algo de pena gastarle tanto tiempo a algo tan obvio. Pero resulta que no es obvio para todos. En particular, este es, a mi juicio, el error fundamental del "uribismo de izquierda" (que lo hay).

Con esto llego a la "parte congrua" de esta serie de apuntes. ¿Cuál es el papel de dichos poderes fácticos? ¿Qué implicaciones tienen para la democracia y el posible fin del conflicto? Preguntas interesantísimas todas ellas que, lamentablemente, tendrán que esperar hasta mañana. 

Thursday, May 6, 2010

Hacia una Teoría General del Uribismo (II)

Ayer terminé con una pregunta: si la Administración Uribe comenzó las negociaciones de Ralito con las AUC reconociendo las afinidades entre ambas partes, qué quiere decir esto acerca de la naturaleza del conflicto con las FARC?

La respuesta depende en parte de cuáles son dichas afinidades. Pero sobre este punto existen unas ambigüedades fascinantes. Si las AUC hubieran sido simplemente una organización de autodefensa, entonces las afinidades son automáticas: tanto el Estado legal como las autodefensas quieren impedir las acciones de quienes violan las leyes de la República. Pero, como decíamos ayer, esa no era la única actividad de las AUC. La labor de definir, detectar, perseguir y, en últimas, matar "colaboradores" y "simpatizantes" de las FARC va mucho más allá de la simple autodefensa. 

El resultado es obvio: el accionar de las AUC las convirtió, de hecho, en un actor político. Con sus actos estaba defendiendo no solamente el derecho de los finqueros a no ser secuestrados, sino que terminó defendiendo un proyecto político particular. Por su naturaleza, una labor de contrainsurgencia como la que hicieron las AUC tiene que ser de amplio espectro. Para "limpiar" una zona de presencia guerrillera era necesario acabar tambien con la posible base política de la guerrilla y esto a su vez implicaba la persecución y eliminación física de simpatizantes así no estuvieran directamente involucrados en la actividad guerrillera.

Este punto era clarísimo en Colombia en los años 80 y 90. Quienes ya teníamos uso de razón en los 80s, nos acordamos de que los paramilitares crearon escuadrones de guerra sucia política matando millares de sindicalistas, activistas políticos, líderes comunitarios, etc. todo por ser de izquierda. La contrainsurgencia de las AUC era, en la práctica, la creación de enclaves totalitarios en sus zonas de operación.

Pasemos ahora a los 2000 cuando el uribismo presenta su propuesta de "seguridad democrática." Si le creemos al comisionado Restrepo y a la línea oficial del uribismo, la "seguridad democrática" es un intento de hacer contrainsurgencia pero sin necesidad de implantar dictaduras locales sino, por el contrario, permitiendo la libre expresión de todos los ciudadanos. Este es el meollo del asunto: ¿es posible, y bajo qué condiciones, una contrainsurgencia democrática?

En teoría la respuesta es "si." Un Estado legítimo es capaz de enfrentar y derrotar a sus enemigos sin necesidad de atropellar las libertades políticas del resto de los ciudadanos. Las grandes democracias occidentales lo han logrado. Con algunos problemas, cierto. (Por ejemplo, las GAL en España.) Pero en general, los grupos terroristas en Europa Occidental y en Estados Unidos han sido derrotados sin que se afecten las libertades democráticas de la inmensa mayoría. (No estoy idealizando esos casos, pero hay diferencias de grado y naturaleza clarísimas entre la lucha de Alemania contra las Baader-Meinhoff y la lucha de la dictadura Argentina contra los Montoneros.) 

En el caso colombiano surge un matiz interesante: aún si es posible en el 2000 lanzar una estrategia contrainsurgente democrática, es innegable que esto ocurre sobre los escombros totalitarios de los 80s y los 90s. La Administración Uribe, en especial el inefable José Obdulio, ha insistido siempre en que las FARC son simplemente un grupo terrorista que no tiene ningún apoyo político en la población y que, por lo tanto, se parece más a las Baader-Meinhoff que al FMLN salvadoreño. Puede que sí, aunque yo no estoy tan seguro. Pero aún suponiendo que esto es cierto, la base política de las FARC en los 2000 es resultado, para bien o para mal, de las incidencias de la guerra en los 90s y en los 80s. En ese sentido, la "seguridad democrática" de los 2000 constituye de hecho, e independientemente de las intenciones de sus creadores, una ratificación del resultado de la contrainsurgencia de las AUC en los años anteriores. 

Este punto tiene enormes consecuencias que discutiré más adelante.

Wednesday, May 5, 2010

Ralito: Hacia una teoría general del uribismo (Parte I)

Esto me va a tomar varios apuntes en este blog. Es un tema que me ha dado vueltas en la cabeza hace mucho tiempo y que tiene muchísimas ramificaciones así que, paciencia.

Ahora que la Administración Uribe llega a su fin, vale la pena preguntarnos qué viene ahora. Pero para eso hay que entender de dónde surgió el uribismo, qué logró y cuáles de sus aspectos tienen la probabilidad de sobrevivir al retiro de su líder. 

En mi caso, esto se une a un interés teórico que me viene desde hace rato: el papel de los "poderes fácticos" en una democracia. Lo peor no pasó: Colombia no se volvió una dictadura, Uribe va a salir de la presidencia sin más marrullas constitucionales y, para sorpresa de propios y extraños, es bien probable que su ungido sucesor sea derrotado en elecciones libres y limpias.  

Pero si uno cree, como creo yo, que el desempeño de una democracia depende no solamente de que haya elecciones sino de cómo funciona su estructura profunda, entonces las consecuencias políticas del uribismo aparecen como algo más duradero y más inquietante. Me va a tomar tiempo explicarlo. Aquí va la primera parte.

Comencemos por los documentos que publicó Semana recientemente con las conversaciones entre Luis Carlos Restrepo, en aquel entonces Comisionado de Paz y las AUC. Curiosamente, si se leen con malicia, son unas conversaciones un tanto aburridas. Es decir, si uno cree que se trata de un "embuchado," que Restrepo es un aliado de los paramilitares y que todo este diálogo sobre el Estado es para la galería, no hay mucho que pensar aparte de admirarse por el cinismo de los participantes.

Pero, ingenuo que soy yo, a mí me cuesta trabajo creer que se trate de conversaciones fraudulentas. Al fin y al cabo, era un documento secreto que no se pensaba publicar. Entonces, no queda claro por qué Restrepo insistiría todo el tiempo en marcar distancia de los paramilitares. En un pasaje interesante, Restrepo reconoce que desde la campaña presidencial de Uribe en el 2002 ya circulaban muchísimos rumores sobre los nexos de aquel con los "paras" y sin embargo él (Restrepo) se toma el trabajo de desmentirlos. 

A mí, al igual que a muchos otros, me cuesta trabajo creer que Uribe no ha tenido nexos con el paramilitarismo. Hay demasiadas coincidencias. Pero eso no es lo importante aquí. Lo que me interesa analizar es la dinámica del proyecto político uribista más allá de las personas, es decir, tratar de entender cómo funciona el uribismo aún si suponemos que sus participantes son inocentes. Por eso, supongamos que, independientemente de que Uribe fuera o no culpable de todo lo que le endilgamos, el Comisionado Restrepo estuviera convencido de la inocencia de su jefe. Entonces las conversaciones se vuelven más interesantes.

Para empezar, aunque no soy abogado, estoy casi seguro de que en Colombia existe el derecho a la legítima defensa. Si se va a meter un ladrón a mi casa, yo tengo el derecho de dispararle, matándolo incluso si así resulta. Si alguien me va a secuestrar en mi finca, yo tengo el derecho de repeler el intento con las armas si es necesario y así termine matando al agresor. En ese sentido, el gobierno no tiene por qué reunirse con un grupo de ciudadanos que están involucrados en actividades de autodefensa. Entonces, preguntémonos ingenuamente, ¿por qué la reunión? 

La respuesta es obvia: las AUC, contrario a lo que decía su nombre, no eran un grupo de autodefensa en el sentido estricto del término. Siguiendo con mi ejemplo, aunque yo tengo derecho a repeler un intento de secuestro en mi finca, la ley colombiana no me da el derecho de hacerle seguimiento a un trabajador de la finca para ver si le está pasando información a la guerrilla y luego matarlo. Eso ya no es autodefensa, eso es un ataque "preventivo" (en un sentido muy laxo del término) que en Colombia sólo el Estado puede decidir si lo lanza o no. Extendiéndonos más, si la ley no me permite buscar y matar a colaboradores activos de la guerrilla, mucho menos me permite decidir a mí cuál es la definición de "colaborador" y pasar de allí a "simpatizante" y proceder a matar a todo el que ma parezca que cae en la segunda categoría. A todas estas, conviene recordar que en Colombia la Constitución del 91 no contempla la pena de muerte bajo ninguna circunstancia. Así que las actividades de las AUC no eran actividades de autodefensa, eran algo distinto: se trataba de crear un orden estatal embrionario en sus zonas de dominio, un orden diferente al que existe consagrado en la Constitución.

Desde esta óptica, las conversaciones Restrepo-AUC son conversaciones entre dos Estados. El nacional, legítimamente constituido, y el Estado de hecho creado por los paras. Lo curioso es que en estas conversaciones queda claro que, a pesar de las diferencias que existen entre ambos Estados, ¡ambos se perciben como aliados! Restrepo les pide a las AUC que le den la oportunidad de demostrar que el Estado nacional puede llevar a cabo las mismas tareas que ellos cumplían, en especial, tareas de contrainsurgencia.

En principio, esto no sorprende. Pero imaginémonos por un instante que el Comisionado Restrepo le dijera algo así a las FARC. Imaginémonos que Restrepo le dice a las FARC que reconoce su labor de pacificación en las zonas de frontera agraria y que de lo que se trata ahora es de normalizar y legalizar el tipo de control político que las FARC ejercen allí. 

Absurdo, ¿cierto? Pero ¿por qué es absurdo? Por la sencilla razón de que el orden político que estaban defendiendo las AUC es el mismo orden político que defiende el gobierno, pero no ocurre lo mismo con las FARC.

Voy a interrumpir aquí. Pero a quien esté leyendo esto le dejo una pregunta de tarea: si lo dicho hasta ahora es cierto, ¿en qué queda el cuento de que el conflicto con las FARC no es ideológico?

Monday, April 26, 2010

Soy Famoso!!

Lo logré! Lo logré! Me citan en Revista Semana. Para los que quieran ver el documento completo, al que me refería antes, aquí está.


Monday, April 19, 2010

Antanas? Date una vuelta y hablamos.

En estos dias la pregunta obligada en Colombia es qué piensa uno de Antanas. Acabo de escribir un ensayo para algunos amigos en el Polo Democrático donde fijo mi posición. Resumiendo:

Aunque Antanas, en caso de ganar, podría llegar a formar un gobierno mejor que el del uribismo, esto no está garantizado porque él insiste en no definirse en torno a los temas fundamentales. Así, es mejor que el Polo espere un poco, hasta la segunda vuelta si la hay, y luego le entable a Antanas una negociación firme. Si en ese momento él se compromete con algunos principios saludables y que representen un avance para la izquierda democrática, pues adelante con la alianza. Pero si sigue con el desdén que ha mostrado hasta ahora, pues hay que pararse de la mesa. Al fin y al cabo, si sigue como va, Antanas va a terminar convertido en una versión hippy del uribismo y a eso el Polo no tiene por qué gastarle energías.

Voy a ver si aprendo a colgar archivos en el blog y entonces pondré mi ensayo. Entre tanto, este es el resumen ejecutivo.

From the Polish airplane crash to Stalinism and back.

This is one of those instances where blogging is real fun. I get to write stuff that just crosses my mind and take it wherever it leads unconstrained by the obligation of being right, consistent or anything.

So these days the Katyn massacre is again in the news. Apparently it is still the kind of event that qualifies as "forgotten." I can't speak to this because I have known about it for a long while. Anyway, the facts are there: the Soviet Army captured more than 20 000 Polish POW's, then Stalin and Beria decided that they could become the ferment of future anti-Soviet activities in Poland and, thus, decided to just shoot them one by one. All in all, probably one of the greatest violations of the "ius in bellum" ever (well, there's stiff competition for that...).

Of course, as we all can imagine, the Poles have been really upset about this, justifiably so. I'm not going to go into the whole discussion about the Soviet POW's starved by the Poles in 1918-1919. In Europe for pretty much every atrocity you can always find a previous one for which this one was seen as a retaliation. 

But I want to go elsewhere. It occurred to me to run a small "experiment." I have an Argentinean friend (wait, wait, it makes sense at the end) and decided to ask him some questions about Katyn. Why? Because in his youth he had very close friends in the Argentinean Communist Party and the Argentinean Communist Party was at that time made up heavily of Jews of, you got it, Polish background. Based on an observation of one (not a very scientific sample, I know) I can conclude that, by his recollection, this particular bunch of Poles simply did not care about Katyn. The issue was not even mentioned. Notice, this was the 1960s and 70s. At that point it was OK in the Communist movement to say that, you know, Stalin may have committed a few crimes. True, the official line was that Katyn was a Nazi atrocity so maybe that's what they believed. But even without Katyn the Soviet occupation of Poland was no picnic so you would have expected them to harbor at least a teeny-weeny grudge against the Russians. The interesting thing is they did not care.

Remarkable? From the point of view of American political culture it is remarkable because of one feature that I've noticed over the years: American anti-Communism. It is not like the anti-Communism of other places. In the US even the left is anti-Communist. What I mean with this is that in the US anybody in the Left must be able to prove that he or she is in no way at all associated with anything that can remotely, even in the most oblique way, be construed as related to world Communism. Belonging to a Communist party, or to a party that might have at some point being close to the Communist movement, no matter the time and place is considered in American public discourse a cause of moral opprobrium that puts the person beyond the confines of the acceptable. 

In my limited experience with the Latin American left, if I had asked anybody in any left-wing movement in the heady days of the Cold War to take a position about the Ukrainian famine, he would have, at best, turned a blank stare. The attitude there was "Let by-gones be by-gones. Right now we have more pressing issues to worry about." In fact, according to my Argentinean friend, his acquaintances were much more worried about US foreign policy in Latin America at that precise moment than with events that had happened in Poland 30 years ago. 

Interestingly, this is one exception in American political culture to its wonderful pragmatism. One thing I've come to embrace about public debate in the US is the way in which it tries not to get sidelined in discussions that do not pertain to the problem at hand. But there is "Cold War exception" to this. The monstrous history of Communist crimes is not over. It has to be replayed over and over again to be able to demarcate lines of alliances and so on. This is all the more interesting when you consider that of all the millions of victims of these crimes, only a handful were Americans (and this mostly as POW's). 

Just to put an example of someone I admire deeply, consider the eminent economist and historian Brad de Long, whose blog everyone should read. I won't point to specific instances, but you will find many if you go through his blog. Here is a center-left intellectual, a person with whom more often than not I agree (he describes himself as a "weak-tea social-democrat" and maybe that's the source of our substantive differences), but his attitude toward the history of Communism is hard to comprehend for someone who, like me, comes from a different political culture. I come from a milieu where it was normal to become a Communist and to stop being one while remaining a leftist without Stalinism, the Gulag, the Great Purge and so on looming too large in the debate. In the Colombian left, as far as I can remember from the distance of my non-committed college years, Communists were regarded as overbearing, dogmatic, boring, obsequious etc. but nobody in the Left saw them through the prism of events of mass murder that had occurred several decades ago thousands of kilometers away. If needed and possible, it was perfectly fine to associate with them.

Of course I do not wish to imply that there is something wrong with the American left. Over my years in the US (coming soon to an end, more on that later), I've come to admire it greatly. But the alternative reading, which I cannot accept, is that there is something morally corrupt with leftists in other parts of the world. I guess this is a cultural difference that points to deeper currents. I'll have time to think about this at more length.

In which I am a terrible, terrible blogger.

It's been more than two months without any post. Bad, bad blogger. In the meantime health care reform passed, Colombia had Congressional elections and its two-party system is now mortally wounded. And yet no blogging!! Yeah, guilt, guilt, guilt.

Problem is, I don't like blogging to repeat stuff that I'm picking up on other blogs. To me it's only fun when I have something to say that, to my knowledge, hasn't been said before or not with the nuance I want to give it. This has happened with these latest events. But as the dust settle, I might come up with new things to say. Let's see.

Monday, February 15, 2010

What is a Social Structure? Please, anyone!!

Over the years I've become convinced that this is one of the central questions in all social sciences. If I didn't know it would be a counterproductive strategy, I would simply stop everything else to work on it. I think this is the heart of the distinction between "Continental" and "Anglo-Saxon" social theory and of many other crucial questions. Problem is, I don't think I'm getting any closer to a satisfactory solution. This is really the first of a bunch of posts that are little else than a cry of despair.

Human life (and, for that matter, non-human life as well) flows through structures. In my University, we just changed President, recently in our school we changed Dean and we will soon have a new Department Chair. No one believes that these new individuals will remake the University, the School or the Department in ways that will make the current ones unrecognizable. We experience our surroundings, the institutions around us, the organizations to which we belong, even our familiar life as structures where individuals are replaceable at least to some degree. 

This is nothing new. Phenomenologists have made a living out of this (at least since Berger and Luckmann if not since Husserl himself), this is Sociology 101. 

The problem is that, to my knowledge, we don't have:

a. A good definition of what IS a structure.
b. A good account of how structures emerge, change and collapse.

I'm enough of a rational-choice theorist to try a crack at b. In that capacity, I could try to show that structures are necessary for social life because they, for instance, reduce our cognitive demands. In a world of bounded rationality, it is easier to navigate our social milieu if we are surrounded by structures so that we don't have to start from scratch everything each time the teller at a bank calls in sick. But this may explain why we need structures, not how they emerge. Similarly, Searle has argued that institutional facts (a topic akin to what I have in mind) operate on the basis of our Background abilities. (Here "Background" is capitalized because it is a technical term for Searle.) But, again, this doesn't tell us why we have this structure or that one, and not the other one out there. 

Continental social theorists may say that the very question is unintelligible. After all, they point out that these things exist, in the elegant phrase, "always already." In other words, it may seem futile to try to DERIVE a structure from something else because everything exists within a structure. There is nothing prior to a structure. For people who believe this, and, to be sure, it is a good point, the exercises we do in economics of imagining exchanges between two agents, economies with one or two goods, two or three traders and so on, are pointless because they will never be able to generate a structure; those traders, agents, citizens, voters, what have you, always already exist against a structure that makes them traders, agents, citizens, voters and what have you.

Granted. But if we take this to its logical conclusion, it means that we can never offer an account for the emergence of structures. I can offer a "genetic account" that is, I can tell how one specific structure in history developed out of another one. But notice what we are giving up if this is all there is to it: we are giving up the possibility of knowing the roads not taken. A full understanding of a structure should tell us what other possible forms it might take and why it doesn't take them.

Let me illustrate with a nagging question I've been pondering about. Bourdieu convinced me that power is the central social phenomenon. And, sure enough, power always exist within a structure. There is no power outside of a structure, except perhaps for the power of brute force. So, as far as I can follow it, the literature influenced by Bourdieu has taken up the task of describing how power is transformed from one type of capital to the next, from one field to the next. I like the way Bourdieu makes power fungible so that you can transform physical capital into symbolic capital and into political capital and so on. He does it much better than what I just said, of course. 

But the question that, as far as I can tell he cannot answer is: what determines the total amount of power/capital? Is power like matter-energy that it can only be transformed? That seems unlikely. More likely is that different structures generate different amounts of power. I surmise that modern bureaucracies have enormous levels of power that were undreamed of in previous eras. But if we want to know how this happens, we need to know how is power generated, how is capital generated. But this is not a historical question. It is an analytical one. We need an analytical account of how structures come into being to answer this.

It's getting late and I'm not coming across as lucid as I thought I would. Anyway, I'm sure I'll keep wrestling with this for a long time so there's no harm in stopping now.




A Philosophical Take on "Liberal Condescension"

Oh well, I though I would just sit this one out because it involves a colleague I admire and like but, since no one reads this, then what the heck. I can make some other philosophical point in the process. Gerard Alexander recently published a high-visibility piece in the Washington Post which you can find here. If you ask me, I think it is an appalling piece of nonsense and many other liberals and progressives are saying that. Now, before I go on, I should add that I have mixed feelings about the whole affair. At some level, I'm glad that Gerard is getting notoriety. I honestly like him. On the other hand, I don't think this is the notoriety he deserves. Probably I'm not in the best position to evaluate his work, but I've interacted with him in several professional settings and, believe me, he is one very smart and articulate scholar. It somehow pains me that he is coming under fire as if he were a regular party hack. (Well, the piece definitely reads as if it was written by a party hack, there's nothing I can do about it.) 

I don't want to spend a lot of time commenting on the obvious problems of the piece but there are a few that stand out. First, Gerard lumps all "liberals" and all "conservatives" together. So all liberals have the same narrative about all conservatives. Baloney. For instance, Thomas Frank has generated a lot of discussion among liberals. Larry Bartels, who I suspect is a liberal, and has definitely influenced Krugman, has little time for Frank's thesis. Then, whenever a liberal says something rather untoward, even if it refers to one specific conservative, it is presented as the ultimate liberal gospel. But if a conservative says that, I don't know, that liberals are traitors (as Ann Coulter does for a living), that's just an occasional "media gadfly". Gerard cries foul because liberals accuse conservatives (some conservatives, I would hasten to add) of practicing the "paranoid style of politics." But when Jim De Mint says that under Obama the US is in a situation reminiscent of Germany in 1933, isn't that paranoia? When James Inhofe gets waist-deep in conspiracy-theory territory to deny climate change, isn't that paranoia? What is one supposed to do? If Gerard is concerned about the style of debate, he could have told Senator De Mint to S.T.F.U. Gerard is an expert on Western European politics, and I mean it. (Again, he is a serious intellectual.) He could have told De Mint what it really was like in Germany in 1933. 

Then, at the end of the day, Gerard's complaint is that liberals don't listen to conservatives. Let's see. The stimulus package included 30% of tax cuts suggested by conservatives. The health care reform bill is designed to keep intact the employer-provided system and, from the get-go, avoided single-payer. At every turn, the health care reform effort of the Democrats has tried to give as much as possible to the market. The cap-and-trade plan is the mainstream, textbook, market economics solution to an externality problem. You may disagree with the specific contents of these policies, but they have an unmistakeable input from conservative thought. 

I guess the problem Gerard has with liberals is that they are not as conservative as he is. Well, that's hard because most people aren't. I also whine that liberals are not as socialist as I am and, again, most people aren't. But that's my problem. And Gerard's. But then neither he nor me should go on hectoring liberals to stop being... liberals.

Anyway, that stuff has already been picked apart by many commentators. What I'm interested in is something else. There is definitely something to the self-perception of liberals and, in general, the left-of-center as the "party of reason." 

I am a leftist, but also a social scientist, so I don't want to take the facile view that "well, you know, the left is rational because it's rational and so, by exclusion, the right isn't." I want to probe the idea that there are some socio-historical reasons that ground this.

First, the left is over-represented in academia (yours truly being an example) at least in the US but also, I believe, in many other countries. It's not that leftists are smarter. It has to do with well-known facts. For instance, leftists are less likely to go into the private sector. (This was a point made by Hayek and I'm shocked that Gerard didn't mention it.) In many places academia was a relatively free and secure outlet for left-wing political expression. Whatever the causes, yes, a lot of science is done by people a bit to the left of their respective citizenry. 

Second, and here I get more to what I believe is not often remarked, there is a strong tradition in the left that tries to make up for lack of political and economic resources by marshaling intellectual resources as a legitimizing device. The early generations of socialists resembled a bit the early Christians in that they had to burnish their scholarly credentials in front of an establishment that was very hostile and that looked down on them as an unwashed and uneducated rabble. 

Notice what I'm trying to do here: I'm trying NOT to take for granted that appeals to reason are sufficient grounds for legitimation. Precisely that is the interesting question. I'm trying to avoid taking for granted the primacy of reason, something that is hard for me to do because I am, to the bone marrow, a social scientist and rationalist. But the fascinating thing here is that social sciences as a vehicle for legitimation are a relatively recent thing. 

As a matter of fact, sometimes I wonder if the left isn't too secular and too rationalistic. There was a time, not too far back, when Catholicism was a hotbed of socialist mobilization, led by the Liberation theology. As much as I am a secular bourgeois, I have to admit that it was a potent force and the socialist movement is all the poorer for its lost.

This leads me to another consideration. Both the left and the right can try to appeal to rationality to legitimize their views. Both the left and the right can try to appeal to some notion of religion to do the same although, at least in the current Western culture it is more the right that does so. But there is one source of legitimation that is available only to the right: the appeal to tradition and it so happens that that is particularly salient in the US. As a foreigner I'm always amazed at how far you can go in American political discourse simply by saying "here we don't do that." Just stating, without any further argument, that, say, nationalizing banks is "not American" is good enough. The same goes for things such as "class warfare," "socialism," "equality of outcomes" and so on. Unlike Gerard, I'm not claiming that all conservatives appeal to this kind of thing, but some do. And not because of some particular perfidy, but because it works, because it is a respectable way of legitimizing your own discourse in American society. If I was not so intent on playing nice, I would even call this "volkisch" because to some extent it coincides with the old, innocent definition of the word. I know that "volkisch" is now a contaminated term so I'll drop it here. But the point is that, given the way American political culture works, it is no wonder that one side is disproportionately more "rational" than the other one. After all, one side has more choices of legitimizing language than the other for which rationality is almost the only game in town.