Monday, April 11, 2011

Lamentos de un Bogotano Raizal

Siempre me ha gustado Bogotá. Desde antes de que se pusiera de moda gustarle a uno Bogotá. Desde cuando todos odiaban a Bogotá. Desde antes del apagón del 92 (y durante, y después). Pero una cosa que ahora aprecio más en Bogotá, algo que he venido a valorar más desde que vivo por fuera, son los cerros. Conste que no soy de largas caminatas al aire libre. Pero aún sin serlo, no me dejan de admirar. No son cerros, eso es exceso de modestia de los bogotanos. Son unas verdaderas montañas, unas moles imponentes. Los bogotanos parecen no darse cuenta de que es una de las pocas grandes metrópolis del mundo que tiene ahí al lado, como pared oriental semejante vista maravillosa. Bogotá tiene muchas cosas muy buenas, pero de entre tantas cosas buenas, una de las más exclusivas, únicas, son sus cerros.

Bien, todo esto lo digo porque cada vez se nota más cómo en Bogotá se está dilapidando ese patrimonio. Si, todos hemos sido cómplices. Estoy escribiendo esto desde un apartamento en Chapinero Alto. Pero en mi defensa puedo decir que Chapinero Alto se pobló hace décadas y que la altura de sus edificios mal que bien preserva algo de estética. En cambio los torreones que se han construido en los últimos años son un atropello.

¿Es que acaso el gran problema de Bogotá era la escasez de vivienda de estratos 6,7 y 8? Habiendo tantos problemas de vivienda en la ciudad, habiendo tantas zonas con un parque inmobiliario horrible que podría desarrollarse y, si, permitiéndole ganancias a los constructores, ¿por qué había que dar esas licencias de construcción justo en los cerros para hacer edificios gigantescos, carísimos, generalmente al lado de tugurios por lo que nadie se preocupó? Estamos regalándole un tesoro de la ciudad a unos cuantos constructores y a los privilegiados inquilinos de ahí que van a tener "una vista del carajo" a expensas de los demás.

Ay! Si Bogotá estuviera gobernada por el Polo Democrático, nada de esto sucedería!

No Sé Nada Sobre Biodiversidad

Pero para eso es este blog: para decir barbaridades sobre temas que no conozco. Resulta que en estos días terminé hablando con unos amigos que saben más sobre el asunto y sobre las peleas que se vienen en torno al TLC y sus apartes sobre biodiversidad.

En fin, todo esto para decir una herejía. En Colombia decimos que el país tiene que aprender a sacarle partido a su biodiversidad a la hora de negociar en el mundo. Yo tiendo a estar de acuerdo pero el problema que veo es que, desde un punto de vista normativo, no queda claro por qué un país deba considerarse dueño de determinados recursos naturales. Si mañana aparece la planta que va a curar el cáncer en el Amazonas colombiano, hay que reconocer que se trata de un accidente el hecho de que esa planta se encontrara en Colombia y no en Brasil, o Ecuador, o Perú.

Por tanto, en principio yo estaría de acuerdo con las propuestas de internacionalizar los recursos naturales. Al fin y al cabo, cuando se produjeron las mutaciones genéticas de esas plantas, o cuando los dinosaurios se convirtieron en petróleo en los desiertos de Arabia Saudita (o de Estados Unidos), ni Colombia, ni Arabia Saudita ni Estados Unidos existían.

Yo sé que muchos latinoamericanos se oponen a la idea de internacionalizar estos recursos en principio porque se corre el riesgo de perder mucho poder de negociación. Pero no estoy seguro de que todo sea pérdida. Si, por ejemplo, los países de la Amazonia aceptaran crear un fondo global a donde van a dar los beneficios de la biodiversidad, podrían crear una coalición del Tercer Mundo más poderosa ante las farmacéuticas que la que actualmente existe. No estaría mal tener, por ejemplo, a India, del mismo lado de América Latina en esas negociaciones. Claro, tocaría repartir algunos beneficios con otros países. Pero se podrían extraer más recursos al quitarle poder relativo al capital de las grandes empresas privadas.

No sé. Lo digo simplemente porque de pronto el dogma actual puede no ser tan bueno como creemos.

Sunday, March 20, 2011

...Y Si en los Próximos Meses Hamas Provocara a Israel y Este Retaliara Bombardeando Gaza?

¿Qué harían las Naciones Unidas? Si alguien propone una zona de interdicción de vuelos, ¿votaría Estados Unidos a favor? ¿Habría alguna mínima posibilidad de que votara a favor? Y si vota en contra, ¿aguantaría Estados Unidos otro golpe a su prestigio en la región, si es que todavía le queda?

Actualización: Los lectores de este blog saben que yo nunca he presumido de ver el futuro. Ya tengo suficientes problemas con el pasado. Pero ahora me encuentro esto.

Friday, March 18, 2011

Estoy Un Poco Menos Escéptico Respecto a Libia; Solo Un Poco.

La última vez manifesté mi escepticismo sobre las fórumulas intervencionistas que se están sugiriendo ahora para Libia y, como ya sabrán, ahora el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas votó a favor de una zona de interdicción de vuelos. Me sigue pareciendo una situación en la que es difícil encontrar una buena solución, pero creo que ha habido cambios que permiten pensar en que de pronto lo peor se pueda evitar.

Primero, la resolución cuenta con el apoyo de la Liga Arabe. Segundo, todo apunta a que Estados Unidos va a evitar jugar un papel protagónico en todo esto. Tercero, parece que, aunque todo el mundo se fija más en los bombardeos que vengan, las Naciones Unidas, a instancias de Turquía, quieren mantener abiertos ciertos canales de resolución política. Eso me parece bien. Siempre he creído que en todo conflicto es importante que las partes sepan que también hay una posible solución pacífica sobre la mesa. (Si miran apartes viejos de este blog, verán que siempre he sostenido lo mismo respecto a las FARC....)

Esta combinación de factores da pie para algo de optimismo. Mi temor inicial era que una intervención muy apesurada y vigorosa por parte de Occidente terminara por exacerbar la guerra civil. Sigo temiendo eso. Otro Afghanistán u otro Irak. Pero los factores que he mencionado arriba hacen que de pronto esto funcione.

En cierto modo, a mí me gusta la idea de que el ordenamiento internacional contemple el principio de protección de civiles ante ataques de su propio gobierno, en vez de seguir subordinando tal protección a la "soberanía nacional." Para universalistas kantianos como yo, esto es música para nuestros oídos. Para apreciar el progreso tan notable que esto representa, pensemos en lo fácil que hubiera sido parar el genocidio de Rwanda. O pensemos en otro genocidio que sí se paró con una intervención extranjera: el de Cambodia. Las tropas vietnamitas invadieron Cambodia, derrocando al Khmer Rojo (aunque demasiado tarde para salvar a los casi dos millones de camboyanos que dicho régimen mató). Acto seguido, las Naciones Unidas procedieron a premiar Viet Nam, reconociéndole sus esfuerzos. Ah! No! Perdón! Fue al revés, Naciones Unidas no quiso reconocer al nuevo gobierno surgido de la invasión y, en parte a instancias de Estados Unidos, hizo lo posible por conservar el reconocimiento del Khmer Rojo como gobierno legítimo.

Hoy parecería impensable algo así. Al parecer, estamos avanzando hacia una situación en la que un gobierno puede llegar a perder el reconocimiento internacional en virtud de su comportamiento criminal ante su propia población.

Pero, claro está, si esto va en serio, va a ser necesario refinar muchísimo más este instrumento. Al fin y al cabo, recordemos cómo el entonces presidente Uribe (a propósito, ¿qué fue de él?) salió a apoyar la invasión a Irak aduciendo la masacre de Halabja donde Saddam Hussein, catorce años atrás utilizó armas químicas contra civiles, no sin antes obtener el permiso de un tal Donald Rumsfeld.

De modo que quedan muchas dudas. ¿Cuándo un atropello contra los civiles amerita intervención internacional? ¿Quién decide? ¿Cómo? ¿Qué recursos puede utilizar para evitarlo?

Estoy seguro de que, si esto sale bien, y yo todavía tengo dudas de que funcione, la derecha norteamericana va a decir que las dudas de Obama costaron vidas en Libia. (¿Por qué estoy seguro? Porque ya lo están diciendo.) Pero, por duro que sea, esas dudas eran inevitables, es más, eran necesarias. De otro modo la operación se hubiera deslegitimado muchísimo desde el comienzo.

Tuesday, March 15, 2011

A Propósito de Libia

Como la inmensa mayoría de la gente, y la inmensa mayoría de los comentaristas, soy de una ignorancia supina en cuanto a Libia se refiere. Durante muchos años ha sido muy difícil tener información medianamente confiable sobre Libia. Pero aquí van unos cuantos "globitos".

1. Libia es un caso extraño de un país que ha tenido lo que parece ser un liderazgo desastroso durante 40 años y sin embargo, por lo poco que estamos aprendiendo, hasta antes del estallido parecía ser una sociedad relativamente funcional. Ghaddafi ha sido un líder brutal, errático, megalómano, en fin, de lo peor, y sin embargo Libia había sido capaz de atraer un contingente grande de inmigrantes de, por ejemplo, Bangladesh. En lo que hace a "votar con los pies" a Libia no le había ido mal. Por aquellas coincidencias de la vida, ayer vi por televisión un programa de "Madrileños por el Mundo" donde entrevistaban (al parecer antes del estallido) a muchos madrileños que llevaban años viviendo allí. No parecían desesperados por salir. Trípoli se veía como una ciudad relativamente próspera. (Hace mucho años leí un relato que pintaba un cuadro muchísimo más deprimente sobre Libia. Pero era escrito por Judith Miller de modo que si era tan veraz como sus informes sobre las armas de destrucción masiva de Irak, entonces mejor....)

Nada de esto niega los crímenes de Ghaddafi ni sus muchísimos errores de política. Es muy probable que con una dirigencia mejor Libia hoy en día sería un país muchísimo más estable y rico. Es más una demostración de lo mucho que se logra con rentas petroleras.

2. Hace unos días los opinadores "serios" se solazaban señalando cómo, otra vez, como siempre, el "loco" de Chávez había salido con una de sus propuestas descabelladas dizque hablando de la necesidad de una negociación y una salida pactada a la crisis política de Libia. Resulta que ahora, cuando Ghaddafi está retomando el control del país, lo que prepara el terreno para unas represalias brutales contra la oposición, no puede uno evitar preguntarse si para efectos de democratizar Libia no hubiera sido mejor adoptar el curso de acción sugerido por Chávez.

En cambio la situación que se viene parece que no deja ninguna buena opción. Cada vez parece más probable que Ghaddafi pueda derrotar la revuelta. Entonces, las potencias Occidentales, muchas de ellas a tiro de piedra de Libia, van a enfrentar el dilema de qué hacer ante la violencia que se viene. O presenciar impotentes la muerte de más civiles y la escalada represiva, todo esto ante los llamados de sus sectores intervencionistas (que incluyen la misma alianza de neo-conservadores y "halcones liberales" de la guerra de Irak), o meterse cada vez más activamente en Libia creando una crisis internacional gravísima.

Es fácil decir que todo esto es sabiduría retrospectiva. Pero hay dos cosas que me ponen a pensar.

Primero, si supuestamente el gobierno de Ghaddafi ya era aceptado como legítimo por parte de las potencias Occidentales, entonces la prouesta de Chávez no era descabellada en ese momento, desde el punto de vista de un gobierno. Yo como ciudadano privado puedo desear que Ghaddafi caiga (como es mi caso). Pero, por lo menos en teoría, sería normal que ante un estallido como el de Libia los demás gobiernos pidieran serenidad de ambas partes, que es en últimas lo que estaba proponiendo Chávez.

Por ejemplo, la Administración Obama quiso utilizar acá el mismo libreto que utilizó en Egipto: llamar al gobierno a la calma y expresar sus deseos por una "adecuada resolución." Y eso es comprensible porque hasta ahora su estrategia para Egipto ha funcionado muy bien. Es más, diría incluso que la estrategia para Libia también ha sido buena hasta ahora. Pero, por eso mismo, el llamado de Chávez era simplemente una extensión de dicha estrategia para el caso en el que tanto el gobierno como la oposición están utilizando las armas.

La otra cosa que me pone a pensar es que ya llevamos diez años en que la "opinión respetable" ha estado en contra de transar con regímenes anti-liberales y al cabo de un tiempo estamos terminamos preguntándonos si no hubiera sido mejor lo contrario. Tras el 11 de Septiembre, solo unos cuantos "locos" salieron a sugerir que tal vez se debía negociar con el régimen Talibán. (Yo me acuerdo mi sorpresa cuando una colega mía de aquel entonces sugirió esto; me pareció una locura.) Ahora ya nadie sabe qué va a pasar en Afghanistán, nadie cree que las cosas vayan a salir bien, y empezamos a preguntarnos si no hubiera sido mejor dialogar. Después vino Irak (aunque esta vez, por lo menos yo ya no le creí a la "opinión respetable"). Se nos dijo que la única forma de lidiar con el criminal de Saddam Hussein (noten que no puse comillas; el sujeto aquél sí era criminal) era con una invasión que iba a resultar facilísima. Un millón de muertos después, nos estamos preguntando si no había otras opciones. Entonces ahora que nos van a decir, ¿que "a la tercera va la vencida"? Generalmente no se suelen diseñar políticas con base en agüeros, o por lo menos no es una buena idea.

Thursday, March 10, 2011

Consejo Para Una Vida Larga y Feliz

Si aún están a tiempo, nunca se metan a hacer modelos matemáticos con funciones discontinuas.

Si sobrevivo, escribiré más en unos pocos días.

Thursday, February 24, 2011

Deontología y Racionalidad

Ya antes he escrito un poco sobre esto pero igual hoy volvió a surgir el tema en una conversación con unos colegas sobre asuntos de filosofía de la justicia. Resulta que hoy tuvimos una charla de Michael Sandel donde se preguntaba acerca de las intuiciones morales que sustentan nuestra tendencia a privilegiar el mercado. El argumento obvio suele ser el de privilegiar las libertades de los individuos. Pero hay otro argumento suplementario que apuntala al anterior: supuestamente las transacciones de mercado permiten llegar a resultados que son mutuamente aceptables para todas las partes lo cual nos evita el tener que indagar sobre sus principios últimos y sus proyectos de vida. Si alguien acepta una transacción, ya con eso nos contó todo lo que nos interesaba saber sobre sus metas, sus concepciones éticas, sus creencias, etc. La ventaja es que, supuestamente, de este modo nos evitamos el tener que entrar en discusiones deontológicas sobre cuáles son los valores últimos de una persona y esto es bueno porque así estamos a salvo de las arbitrariedades que pueden surgir en ese tipo de discusiones. Lo que para mi puede ser un valor deontológico para otra persona puede ser una pamplina.

Lo que me llama la atención de esta postura es hasta qué punto está ligada a la noción de racionalidad propia de la economía moderna. Es decir, según esta visión, la racionalidad es un atributo de los actos individuales. Un acto racional es un acto optimizador.

Esta es una visión muy limitada de la racionalidad y me sorprende cómo ha adquirido tanta aceptación, incluso por gente que no es economista. (Recuerdo, y así lo escribí hace un tiempo, que lo noté entre estudiantes míos en un curso en el cual casi ninguno era economista.) Si yo le digo a alguien que "Todo hombre es mortal" y que "Sócrates es un hombre" y esa persona es capaz de responderme: "Ah! Entonces Sócrates es mortal" esa persona está dando allí una muestra de racionalidad. No está optimizando nada. De pronto yo podría inventarme una descripción suficientemente enrevesada de esta situación para representarla como un proceso de optimización. Pero sería ridículo. Lo obvio sería decir que esta persona ha demostrado ser racional por el hecho de que ha sido capaz de seguir un raciocinio correcto desde dos premisas hasta una conclusión. ¿Cuál es el misterio?

La racionalidad no es solo un atributo de los actos. También hay argumentos racionales, hay creencias racionales. En ese sentido, no veo por qué ese temor a que tan pronto entremos en el terreno de argumentaciones deontológicas no se puede decir nada racional. En la vida diaria vemos esto en los tribunales, sobre todo tribunales constitucionales que, por la naturaleza misma de su oficio, tienen que elaborar argumentos sobre principios abstractos y su aplicabilidad. Hay magistrados más inteligentes que otros. Generalmente somos capaces de reconocer cuando un magistrado ha seguido un raciocinio "elegante," "innovador," "incisivo," o cualquier otro calificativo que queramos, para llegar a una conclusión. Se trata de un ejercicio racional.

Creo que si se toma en serio este punto, se tendría que reconocer que no siempre el mercado es la única forma (ni siquiera la mejor) de preservar la racionalidad del orden social. Si, si, ya sé: todo esto estaba en Habermas y en Rawls. Pero estaba con ganas de escribir algo y además, han de reconocérmelo, estos párrafos son más cortos que la parte final de La Teoría de la Justicia y más fáciles que Teoría de la Acción Comunicativa.

Sunday, February 20, 2011

¿Tenemos Derecho a Salvar el Mundo?

En estos días se ha armado un minidebate bastante divertido en internet en torno a los fundamentos de la doctrina libertaria. Resulta que Sasha Volokh, uno de los autores de un blog libertario tuvo el coraje de decir que a su juicio no hay ninguna justificación para recaudar impuestos en el hipotético caso de que fueran necesarios para salvar al planeta de un impacto de un asteroide. El argumento de él es que la única justificación para coartar algunos derechos es la necesidad de proteger otros y que salvar el planeta no es un derecho. Es decir, no tenemos el "derecho" de que no nos destruya un asteroide.

Mi primera reacción fue similar a la de Brad de Long quien considera esto un ejemplo de lo que ocurre cuando se sale de madre el raciocinio deontológico. Es decir, cuando se parte de una serie de principios indubitables y luego se procede a extraer las consecuencias necesarias, así nos parezcan absurdas.

Ahora no estoy seguro de estar 100% de acuerdo. En principio sí veo que hay algo raro con este tipo de raciocinio deontológico, pero no sé si el problema sea con la deontología como tal. (De Long hace rato se declaró un consecuncialista así que a él esto no le quita el sueño.) Al fin y al cabo, yo sí quiero dejar cierto espacio para argumentos deontológicos como los de Rawls y Habermas.

Para mí el problema en este caso, y que si estoy en lo cierto es un problema para todo el libertarianismo, es que erigir los derechos individuales como categoría deontológica última es imposible. Supongamos que Volokh tiene razón en que no existe tal cosa como el "derecho a evitar la destrucción del planeta." En cierto modo no le falta razón. En principio todos estamos de acuerdo en que no existe el derecho a no morir de modo que, por extensión, tampoco existe el derecho a no morir como consecuencia del impacto de un asteroide. Pero si un asteroide golpeara a la tierra, el mismo concepto de "derechos" perdería todo significado.

Solemos hablar de derechos "inalienables" pero cuando lo hacemos es más como una exhortación, una declaración de principios. En realidad todo derecho es alienable por la fuerza. En la práctica, los derechos son resultado de una construcción social de consensos y mutuo reconocimiento. Si no existen las condiciones para tal consenso y tal reconocimiento, los derechos, todos ellos, desaparecen.

Por eso es que los derechos son un mal punto de partida para una doctrina deontológica: no tienen existencia propia, no son esencias supérstites que existan por encima de los seres humanos a quienes se aplican. En cierto modo esta es la vieja objeción de gente como Marx contra el iusnaturalismo liberal estilo Locke: uno no puede crear una teoría normativa de la sociedad partiendo de la base de que los seres humanos son (siempre y en todo lugar) ciudadanos burgueses dotados de derechos de propiedad, que a su vez están garantizados por el sistema de leyes propias del derecho privado. Tales derechos de propiedad, tales leyes son en realidad un producto de circunstancias históricas. (Lo que Marx llamaba las "robinsonadas de la economía política clásica.")

Hace rato tengo el propósito de extenderme sobre este punto pero por ahora tendré que dejarlo ahí. (Está hablando en vivo el hijo de Gaddafi en la BBC y Libia se está calentando.) Pero por ahora me limito a consignarlo: buena parte de nuestras doctrinas sobre la justicia (y el caso del libertarianismo es el más claro) están basadas sobre la noción de que es posible explicar y fundamentar las instituciones sociales sobre la base del intercambio privado entre individuos pero en realidad las cosas ocurren al contrario: las instituciones sociales, basadas en relaciones de poder y coordinación son las que posibilitan el intercambio privado entre individuos.

Wednesday, February 16, 2011

Uds. Lo Leyeron Primero...

Mi anterior escrito en el blog se ha convertido en un artículo que, según me dicen, va a aparecer mañana (Jueves) en versión en inglés en Politico.com. Allí hay un ingrediente más que no puse aquí. (Hay que mantener la clientela a la expectativa...)

Actualización: ... y aquí está. El título no es culpa mía (yo propuse uno mejor). Nótese también la feliz coincidencia de que haya salido casi al lado del artículo de un Representante (Demócrata) llamado Albio Sires y que representa exactamente el tipo de raciocinio que yo quería prevenir. En fin, el establecimiento político norteamericano parece incapaz de pensar fríamente sobre Israel.

Wednesday, February 9, 2011

Más Sobre Revoluciones (A Propósito de Egipto)

¡Qué extraño! Yo estoy acostumbrado a que a mi me obsesionan algunos temas sociales y políticos que a la mayoría le tienen sin cuidado. (No les cuento cuánto tiempo le gasté en mi juventud a informarme sobre Enver Hoxha porque me daría vergüenza.) Un ejemplo es el tema de las revoluciones. No hace mucho estaba yo comentando sobre el asunto y notando el hecho de que al parecer ya las revoluciones no interesaban a nadie. Pués bien, ahora resulta que las revoluciones están otra vez de moda en especial gracias a Egipto.

David Bell publicó ahora un artículo intentando establecer una tipología de las revoluciones para tratar de explicar la posible trayectoria de los eventos en Egipto. A su juicio, un factor clave que determina si la revolución se convierte en una sangría espeluznante es si se trata de una revolución con fines delimitados claramente en el tiempo. Revoluciones, digamos "cortas", pueden llegar rápidamente a una situación de normalidad evitando los peores excesos mientras que revoluciones "largas" tienden a convertirse en dramas históricos mortíferos.

El problema del argumento es obvio, y el mismo David Bell parece reconocerlo: es imposible saber de antemano si una revolución es "corta" o "larga" en parte porque si algo caracteriza a una revolución es que se abre el espacio para todo tipo de coaliciones, con todo tipo de reglas y repertorios de acción. Entonces, por ejemplo, la Revolución Francesa (que Bell conoce muy bien y cataloga como "larga") comenzó como una revolución relativamente modesta, a tal punto que para 1790 se había llegado a lo que parecía ser un modus vivendi entre la Asamblea Nacional y el Rey.

Bell quiere a veces buscar la explicación en las metas de la revolución, o más precisamente, en las metas de los revolucionarios. Pero otra vez, el problema es que una revolución no tiene metas predecibles. Es posible que la lancen algunos sectores con unas metas específicas para luego ver que el liderazgo recae en otros sectores distintos con metas distintas. Además, en cualquier país en cualquier momento siempre habrá individuos que tengan objetivos políticos maximalistas, de transformación total de la sociedad. La pregunta es por qué son ellos y no otros los que obtienen el liderazgo en determinado momento.

Un factor que radicaliza muchísimo a las revoluciones es si las élites del antiguo régimen son capaces de lanzar una ofensiva contrarevolucionaria, y mucho más aún si lo hacen en alianza con potencias extranjeras. Un punto de quiebre en la Revolución Francesa fue precisamente el intento de Luis XVI de huír de Francia para ponerse al frente de los ejércitos contrarevolucionarios de la Santa Alianza. (Alguien podría decir que parecía que el Rey había perdido la cabeza... y en efecto así fue.) La guerra civil que estalló en la Unión Soviética después de la Revolución de Octubre, con presencia de tropas francesas, inglesas y americanas, tuvo un efecto similar. El intento de desembarco de exiliados cubanos en Bahía Cochinos es otro ejemplo, como también lo es la financiación de la "contra" nicaragüense por parte de Estados Unidos.

La razón es muy simple: este tipo de agresiones ayudan a que el movimiento revolucionario adquiera también el carácter de movimiento de liberación nacional. Al mismo tiempo, militarizan el proceso político de modo que el liderazgo revolucionario se vuelve más intolerante del disenso, más dependiente del carisma, por lo mismo, menos institucionalizado. En ese contexto, los números de las encuestas son lo de menos. Puede que las facciones "girondinas" (moderadas, de clase media) tengan el apoyo de la mayoría, o por lo menos de una pluralidad. Pero si no son capaces de ofrecer garantías de orden y resistencia ante la agresión, terminan por caer. En cierto modo ese fue el golpe maestro de Lenin: entender que en una situación revolucionaria las mayorías son fluidas precisamente porque el juego está cambiando permanentemente. Si la mayoría de hoy se queda quieta y no responde a los retos del momento, se puede diluír muy rápido.

La revolución iraní da otro ejemplo que ilustra este mecanismo pero que es particularmente instructivo porque la agresión no vino de sectores restauracionistas. La revolución iraní comenzó como una revolución pluralista pero la guerra contra el Irak de Saddam Hussein creó las condiciones para que se fortaleciera la Guardia Revolucionaria y para que se cerrara el debate político.

En contraste, en las revoluciones de Europa Oriental de 1989 el liderazgo político del viejo orden se quedó sin aliado externo y no tenía forma de montar una ofensiva contrarevolucionaria. Por eso cuando se llegó a cierta normalidad del proceso político ya podía decirse que la revolución había terminado. Algo similar parece estar pasando en Nepal donde, aún con enormes dificultades, parece que ya se llegó a la aceptación del nuevo orden político, con presencia de los grupos maoístas. ¿Y mi ejemplo favorito, Venezuela? Parece ser un híbrido pero eso mismo lo convierte en una excelente ilustración. Antes del 2002 el gobierno de Chávez a duras penas si ulitzaba el lenguaje revolucionario. Con el intento de golpe se radicaliza y comienzan los ataques a las libertades de expresión (no tan graves como en otros casos, por cierto). Desde entonces se ha mantenido en una especie de "guerra fría" con la oposición. Será interesante ver ahora qué ocurre cuando, como resultado de las elecciones, tal parece que la oposición ve posible su llegada al poder dentro del orden político vigente lo cual reduce la presión que empujaba hacia una ofensiva contrarevolucionaria total.

Si tengo razón, aparentemente Egipto va a salir relativamente bien librado. Mubarak está perdiendo el patronazgo de Estados Unidos y no se ve qué sectores de su gobierno puedan (o quieran) lanzar la contrarevolución. Pareciera que los intereses económicos que se han beneficiado de Mubarak pueden seguir existiendo en un nuevo régimen así que no tendrán incentivos para buscar la restauración.

Claro, mucho de esto es endógeno. La Gironda francesa parecía tener todo el viento a su favor durante un tiempo pero las crisis económicas a que se vio sometida la debilitaron abriéndole paso a los jacobinos.

Por lo mismo, yo diría que los dos grandes riesgos de radicalización del proceso egipcio vendrían (si de algo sirve los precedentes históricos) de una crisis económica y/o una agresión externa en nombre del antiguo régimen. Paradógicamente, esa clase de agresiones externas son más comunes cuando más temor suscitan los sectores radicales. Es decir, a veces el temor de las élites a la radicalización es en sí mismo un factor de radicalización.

Monday, February 7, 2011

¿Puede Existir un "Socialismo Científico"?

Como ya saben mis lectores, el blog de Brad de Long es uno de los mejores blogs de economía que hay. Léanlo. Hace unos días descubrí que de Long ya se formó su opinión sobre un tema que a mi hace mucho me confunde. Lo envidio porque yo sí quisiera ya tener claridad al respecto. Pero no. Sigo confundido.

Como es sabido, Marx denominó a su teoría "socialismo científico" para diferenciarlo de lo que él consideraba el "socialismo utópico" de su tiempo. Es decir, Marx creyó haber ofrecido una demostración "científica" de cómo el socialismo era el resultado de la lógica misma del sistema capitalista.

Por eso, Marx se mofaba constantemente de los panfletistas de su tiempo que trataban de ofrecer un argumento moral en favor del socialismo. Para él, esas intenciones piadosas, esa compasión por los oprimidos, esa indignación ante las injusticias, venían sobrando en un análisis científico de la sociedad.

Lo curioso es que la obra de Marx está llena también de tonos morales de condena al capitalismo. Incluso El Capital, su obra más "científica" tiene pasajes que rebosan indignación ante la opresiva legislación laboral de su tiempo.

¿Cómo reconciliar la postura del científico con la del activista? De Long ya decidió que, por lo menos en el caso de Marx, no valía la pena intentarlo. El ya optó por considerar que Marx es inconsistente y prefiere dejar el asunto así.

Yo no creo que el asunto sea tan fácil. Creo que de Long está pasando por alto ciertas consideraciones que Marx tenía en mente. Si entendemos mejor los extremos que Marx quería evitar, entenderemos mejor por qué era tan propenso a caer en este tipo de inconsistencias. No se trata de defender la solución que dio Marx, o, para ser más exactos, su incuria respecto a la necesidad de dar una solución. A mi siempre me ha parecido que ese es uno de los puntos que Marx nunca abordó satisfactoriametne. Pero sí se trata de entender por qué el problema es difícil y por tanto, por qué no es muy probable que un intento de solución se quede corto.
Desde el punto de vista de la ortodoxia reinante en las ciencias sociales, uno puede establecer una dicotomía entre descripción y juicio de valor. Pero el problema es que, precisamente, Marx rechazaba esa ortodoxia.

Marx fue de los primeros pensadores en hacer una observación bastante sugestiva: lo que solemos llamar el punto de vista científico, desapasionado, neutral, etc. suele estar contaminado por juicios normativos que operan a espaldas del científico y que van guiando sus conclusiones a veces sin que él mismo se dé cuenta. Para Marx, esto era particularmente claro en la economía política clásica. A su juicio, la ciencia económica comenzaba por suponer la existencia de agentes económicos autónomos que entran en relaciones de intercambio libres sin darse cuenta de que tal imagen ya estaba metiendo de contrabando todas las premisas normativas sobre la economía capitalista.
Marx creía (y a mi juicio ese es uno de sus rasgos más distintivos) que la sociedad se constituye, ante todo, de relaciones de poder y dominación. Es decir, si en algún momento creemos estar analizando algo que parece ser un intercambio entre iguales, es porque se nos está olvidando lo esencial, a saber: que dicha igualdad es aparente, es el producto de una relación de poder, que posiblemente no involucre a los participantes en cuestión, pero que no por eso es menos relevante.

Lo interesante de esto es que una relación de poder involucra los juicios normativos tanto de los participantes como del observador en una forma mucho más directa y radical que una relación de intercambio. Pero recordemos que Marx, al fin y al cabo un hegeliano de izquierda, sospechaba de cualquier presunción normativa que estuviera justificada sobre la base del derecho privado burgués. Entonces cuando los socialistas de su época lanzaban diatribas contra el capitalismo, por ejemplo al criticar la pobreza de la clase obrera, Marx considera que esa crítica se mantiene dentro de los confines del discurso burgués porque no es capaz de volver su mirada crítica contra el sistema de propiedad privada subyacente y se limita a buscar paliativos.

Yo creo que en lo esencial no le faltaba razón a Marx en ambas apreciaciones. El problema es que, cuando se yuxtaponen, se genera un serio dilema. Resulta que tanto nuestras categorías descriptivas como nuestras categorías valorativas están ya aceptando las premisas de la sociedad que supuestamente buscamos describir y evaluar.

Marx echa mano de un recurso que a muchos les puede parecer dudoso, incluso tramposo: su interpretación de la dialéctica hegeliana. Para Marx, el conflicto que acabo de esbozar desaparece en la medida en que tomamos en cuenta que el capitalismo lleva en sí mismo las contradicciones intrínsecas que lo van a destruir. Es decir, al dar cuenta de cómo evoluciona la sociedad capitalista se puede ver que el capitalismo se va a destruir a sí mismo y que, simultáneamente, en dicho proceso se va a destruir el lenguaje normativo que usamos para evaluarlo. Entonces, para Marx se puede entrar a la tarea de describir el capitalismo sin necesidad de adoptar una pose de indignación moral, a sabiendas de que dicha descripción ya va a mostrar cómo, por una parte el capitalismo se va a destruir ante el empuje del proletariado y, por otra, que ese mismo empuje va a poner en evidencia, con base en categorías normativas nuevas, las injusticias propias del sistema. Es decir, Marx cree que puede ser científico y activista al tiempo, que las dos perspectivas no están en contradicción sino que por el contrario, la una lleva a la otra. Por eso critica tanto a los socialistas anteriores que, a su juicio, ignoran que el sujeto último del proceso de destrucción del capitalismo es el proletariado, como respuesta a una dinámica interna del sistema. Ignorar este punto, cree él, lleva a los teóricos del socialismo a adoptar posturas reformistas superficiales o a intelectualizar excesivamente el movimiento revolucionario, quitándole el protagonismo que le corresponde a las clases sociales, en especial al proletariado.

Obviamente, en el siglo XXI es muy difícil suscribir todo esto. La solución de Marx suena a nuestros oídos contemporáneos en últimas descabellada. Pero si la solución no sirve, el problema no ha desaparecido. ¿Es posible armonizar "teoría" y "crítica" si sospechamos, como Marx y tantos otros depués de él, de la base misma de las categorías de ambas? (Y lo digo con plena consciencia de que "teoría crítica" es el slogan de la Escuela de Frankfurt). Afortunadamente para Brad de Long, él no comparte esas sospechas iniciales y puede desdeñar todo esto como un laberinto pseudo-filosófico. Por eso lo envidio. Ya quisiera yo tener la misma certeza.

Sunday, February 6, 2011

Identidad Nacional: Mucho Ruido y Pocas Nueces

Como no soy europeo y solo hasta ahora he empezado a pasar un tiempo sustancial en Europa, nunca me ha quedado fácil entender los debates sobre el "multiculturalismo." Siempre he tenido la sospecha de que, en el fondo, se trata de una pamplina pero no me he atrevido a decirlo precisamente por mi ignorancia al respecto. Pero ahora el tema se está poniendo de moda. O mejor dicho, se está poniendo de moda que los primeros ministros de centro-derecha de Europa salen a decir sin más ni más que el multiculturalismo es un fracaso. Primero fue Merkel y ahora Cameron. 

Es curioso. En ambos casos se trata de pronunciamientos que son tanto más gratuitos cuanto más categóricos. Merkel y Cameron, sin que medie ninguna crisis que le dé urgencia al tema, deciden un buen día salir a anunciarnos sus conclusiones respecto a un debate que lleva muchísimo tiempo pero sin ofrecernos ninguna evidencia para sustanciar sus conclusiones. 

Pero el asunto se vuelve un poco más fatuo, si cabe, a la luz de los comentarios que hace hoy Madelaine Bunting en el Guardian. Ella hace la pregunta que yo me venía haciendo hace mucho pero que atribuía a mi ignorancia. Supongamos que el jefe de Estado de un país concluye que el multiculturalismo ha fracasado. ¿Entonces qué? ¿Qué relevancia tiene eso para el diseño de políticas públicas?

A menos que uno esté dispuesto a deportar los inmigrantes que ya están y a cerrar la admisión de los que puedan venir, cosa que ni Cameron ni Merkel están dispuestos a hacer, las minorías étnicas van a seguir representando un desafío de política social que hay que atender. Hay que ofrecer colegios a los niños, hay que asegurarse de que las trabajadoras sociales puedan atender los casos que les lleguen, hay que conseguir médicos que se puedan entender con estos pacientes y así sucesivamente. Cada uno de estos frentes requiere que el Estado trate de llegarle a las minorías en formas que sean eficaces. Por lo tanto, cada uno de estos frentes requiere que el Estado se vuelva más "multicultural." 

La opción no es entre atender las necesidades de esa población en forma "multicultural" o en forma "británica" (o "germánica"). La opción es entre atenderlas y no atenderlas. 

Claro, Cameron y Merkel expresan, como muchos de sus conciudadanos, la molestia que les produce el hecho de que muchas de las minorías traigan consigo prácticas familiares y comunitarias distintas. En muchos casos se trata de prácticas que no tienen cabida en una sociedad moderna y que, sí, de acuerdo, deberían desaparecer. Por ejemplo, la mutilación genital femenina (que, por cierto, no tiene origen religioso).

Pero, otra vez, ¿tiene el Estado británico, o alemán, algún botón que pueda oprimir para erradicar esas prácticas y que no ha oprimido hasta ahora por pura obcecación multicultural? La historia muestra que esa clase de cambios culturales se logran es trabajando con las comunidades mismas en vez de sermonearlas. Entonces, si a Cameron o a Merkel les preocupa tanto la opresión de la mujer en algunas minorías étnicas, la solución no es salir a gritar a los cuatro vientos que se viene un cataclismo social debido a los inmigrantes, sino tratar de buscar interlocutores legítimos dentro de las comunidades que contribuyan a producir el cambio. Ese proceso es gradual, toma tiempo, tiene retrocesos, es difícil, en fin... Pero ¿cuál es la alternativa?

Claro, hay una alternativa, la que mencioné antes: expulsar a los inmigrantes como lo quieren los partidos extremistas. Pero hay que tener en cuenta dos cosas. Primero, eso podría incendiar a Europa en formas no vistas por décadas. Segundo, no hay que olvidar que buena parte de la inmigración cumple una función económica: el capitalismo necesita mano de obra barata. Pero entre meterse con los grandes capitalistas y meterse con las minorías empobrecidas, ya sabemos Cameron y Merkel a quién escogen.

Thursday, February 3, 2011

Está bien, si Toca Hablar sobre Israel ...

Hace un par de días me hice el extrañado por el hecho de que tanto comentario sobre los hechos en Egipto, un país con más de 80 millones de personas, estuviera enfocándose en las consecuencias para Israel, un país de 6 millones de personas. Pero mientras más leo la prensa, más veo que esto va a seguir siendo así.

Para mí, en lo que hace a Israel, lo que está ocurriendo ahora en Egipto es un paso más en una tendencia que se viene agudizando hace varios años y que tendrá consecuencias muy importantes. Debido a su alianza con Estados Unidos, Israel desde hace años, a más tardar desde el 67 si no antes, ha disfrutado de una situación un poco excepcional en relaciones internacionales. En general, todo país del mundo tiene que amoldarse a su entorno y aprender a vivir con cosas que no le gustan de sus vecinos. Por ejemplo, al gobierno colombiano puede que no le gusten muchísimas cosas del gobierno venezolano, pero eso es algo con lo que hay que vivir. (Claro, hay sectores extremistas, sobre todo en el pasado no muy reciente, que soñaban con meter a Colombia en algún complot contra el gobierno de Chávez. Pero el cálculo racional está prevaleciendo más y esas nociones cada vez pierden más peso.)

En cambio, Israel se dio el lujo de poder amoldar su entorno o, por lo menos, de tratar de hacerlo más que casi cualquier otro país. Por ejemplo, aunque ya no se oye tanto, hace unos años hacía carrera la noción de "fronteras defendibles" según la cual Israel debía tener control sobre todo territorio que fuera de importancia militar estratégica en una hipótesis de guerra con sus vecinos. Ningún otro país del mundo se da ese lujo. Probablemente San Diego sería un excelente punto para lanzar un ataque de Estados Unidos contra México pero eso es algo con lo que México tiene que vivir. Lo normal es que un país amolde su política de defensa al territorio que tiene y no lo contrario. Si tiene un territorio fácil de atacar, entonces o se arma hasta los dientes o se mantiene en buenos términos con los vecinos.

Ese proyecto de tener "fronteras defendibles" ya no tiene viento a su favor y el Estado de Israel ha tenido que ir aceptando poco a poco que el territorio que tiene es el que es (obviamente exceptuando el problema gordo de la Banca Occidental y la Franja de Gaza). Pero un aspecto en el cual Israel hasta ahora sí que había tenido éxito a la hora de amoldar su entorno a sus decisiones políticas era en el de sus vecinos.

No voy a entrar a aventurar hipótesis sobre cómo se gestó ese alineamiento tan firme entre Israel y Estados Unidos. Hay demasiados factores que lo explican. Pero el hecho es que, gracias a dicha confluencia de intereses, Egipto y Jordania han estado por décadas gobernados por regímenes favorables a Israel y en cambio bastante recelosos, cuando no hostiles, hacia los movimientos de liberación palestinos.

A todos nos ha tomado por sorpresa el alzamiento popular en Egipto. Pero algunos de sus ingredientes se veían venir hace mucho tiempo. Hace mucho es bastante claro que el gobierno de Mubarak estaba perdiendo legitimad. Hace mucho es bastante claro que la economía egipcia no estaba llevando prosperidad o por lo menos esperanzas a amplios sectores de la población. Hace mucho es bastante claro que la política exterior de Mubarak no gozaba de total aceptación entre los egipcios. Entonces, lo que uno no entiende es por qué ahora el sentimiento de alarma. Israel y Estados Unidos sabían que esto que está pasando ahora era hace tiempo una posibilidad. Sabían que el régimen de Mubarak no iba a durar para toda la vida. Pero al parecer no hicieron nada para cambiar de curso o por lo menos para preparar contingencias.

Yo creo que lo que está pasando es que Estados Unidos ya no puede ser, como era antes, el garante del orden para Israel. Ya no puede patrullarle el vecindario como lo hacía antes, premiando a sus aliados y castigando a sus adversarios, mientras fingía interés en la paz con los palestinos.

Hay múltiples razones. Económicamente, Estados Unidos ya no tiene el peso relativo que tenía antes. Eso se nota en los famosos bloqueos. Estados Unidos ha tenido dificultades para bloquear económicamente a Irán, en parte porque hay otros posibles socios comerciales dispuestos a comprarle el petróleo, desafiando a Estados Unidos. El caso de Siria también es interesante. Supuestamente es un país al que Estados Unidos quisiera estrangular económicamente. Y la verdad es que las relaciones económicas entre ambos son casi inexistentes. Pero Siria ha logrado crear redes comerciales en la región, redes que han enriquecido a todo un sector privilegiado que es capaz de generar lealtades políticas domésticas importantes.

Políticamente, Estados Unidos está viendo ahora que, como se ha venido advirtiendo desde hace mucho, apoyar dictaduras impopulares no es la mejor forma de ganarse a la opinión pública. Además, el poco capital político de Estados Unidos en la zona se destruyó con la invasión a Iraq (y, previamente, con las sanciones económicas a ese país).

Entonces, lo que hay detrás de todo el alarmismo que rodea el actual debate sobre Israel-Egipto puede ser visto más bien como un retorno a la normalidad. Es probable que a Israel le toque hacer ahora lo que casi todos los países del mundo hacen: aprender a vivir con las cosas desagradables de sus vecinos.

No sé casi nada sobre la zona, pero me da la impresión de que el temor de que triunfe en Egipto un gobierno "eliminacionista" que quiera "echar a los judíos al mar" es infundado. Esa clase de posturas bélicas casi nunca son populares en ningún país. Los egipcios ahora parecen más interesados en sus problemas domésticos que en librar una guerra costosísima contra Israel.

Pero sí hay otras cosas que pueden pasar. Por ejemplo, parece que la complicidad de Mubarak en el bloqueo económico a Gaza es tremendamente impopular en Egipto. Podría uno pensar que casi cualquier gobierno que surja de la actual transición va a abrir la frontera con Gaza. De pronto va a reconocer el parlamento palestino, donde Hamas cuenta con significativa presencia. Ahora, preguntémonos, ¿qué hay de malo en esto?

Muchos sectores, incluso en Israel, creen que el bloqueo a Gaza debe terminar. Muchos sectores, incluso en Israel, creen que es necesario reconocer la presencia política de Hamas e incluso dialogar con ese movimiento. Son cosas que probablemente Israel ha debido hacer hace mucho tiempo pero que no hacía porque sabía que, cualesquiera que fueran los problemas que su obstinación causara, Estados Unidos iba a estar allí para sacarle las castañas del fuego. Entonces, de pronto el resultado de todo esto, en vez de las fantasías sobre el Armagedón que rondan la mente febril de la derecha estadounidense, va a ser más bien una política exterior israelí más "normal." Y eso no es algo para temer.

Tuesday, February 1, 2011

El Fundamentalismo Islámico Visto por un Náufrago del Siglo XX.

No soy experto en el Medio Oriente. Pero ahora que los eventos en Túnez y en Egipto han vuelto a poner sobre el tapete el tema de una posible toma del poder por parte de los sectores fundamentalistas islámicos, se me vienen a la cabeza varias cosas.

Primero, hasta ahora los temores de las élites de opinión en Washington no se han cumplido. Las insurgencias populares en Túnez y en Egipto han sido marcadamente seculares.

En segundo lugar, los sectores islámicos más poderosos en ambos casos no son exactamente los teócratas con que nos quieren aterrorizar. Por ejemplo, vale la pena leer este artículo de Helena Cobban sobre la Hermandad Musulmana de Egipto.

Pero el tercer punto es el que más me molesta y me viene dando vueltas en la cabeza desde hace mucho. Los actuales movimientos fundamentalistas islámicos surgieron en gran medida como una alternativa, fomentada por Occidente, para socavar las bases de los movimientos populares de izquierda, socialistas y comunistas en el Medio Oriente.

La Casa Real Saud gozó del apoyo de las petroleras que veían dichosas como ésta reprimía la movilización obrera en los yacimientos, creando incluso un régimed de apartheid entre la mano de obra. Que impusieran el velo a las mujeres, que amputaran las manos de los ladrones, que adoptaran una interpretación retardataria del Islam procedente del siglo XVIII en pleno siglo XX, nada de eso era problema mientras el petróleo siguiera fluyendo.

Uno de los primeros financiadores de Hamas fue el gobierno de Israel, al que le pareció buenísima idea quitarle apoyo a la izquierdista OLP. Ahora, cuando Hamas está obteniendo legitimidad política propia (que, dicho sea de paso, los hace mucho más razonables de lo que se suele pintar en nuestro medio), entonces Occidente pone el grito en el cielo.

Si alguien inundó Afghanistán de armas y de militantes islámicos fue Ronald Reagan en asociación con el Rey Fahd de Arabia Saudita para repeler a los soviéticos quienes a su vez estaban apuntalando al gobierno comunista afghano, fruto de un movimiento comunista secular doméstico. Cualquier cosa era preferible a permitir que Afghanistán fuera comunista, inclusive los fundamentalistas que después formaron la Alianza Norte, algunos de los cuales ahora pelean contra Estados Unidos.

Si alguien trató de islamizar la política pakistaní (un país mayoritariamente secular) fue Zia ul Haq, el dictador militar de los años 80s que se ganó las gracias de Estados Unidos por derrocar al izquierdista Zulfiqar Bhutto (padre de Benazir). Después del golpe, ul Haq se dedicó a crear, con financiación saudí, la famosa red de madrassas y mezquitas radicales que forman la base popular del islamismo en la región. (Aunque, para ser francos, las madrassas no producen terroristas, contrario a lo que se suele decir en la prensa.)

Lo primero que hizo Saddam Hussein cuando el Partido Ba'ath llegó al poder en el 69 fue matar a quinientos dirigentes del Partido Comunista de Iraq. ¿Cómo sabía quiénes eran y dónde estaban? La CIA le dio los datos.

Obviamente, no siempre es porque Estados Unidos esté detrás de los hechos. El choque entre islamistas e izquierdistas va mucho más allá. El caso de Irán es un ejemplo. La Revolución Iraní del 79 contaba con apoyo de sectores seculares de izquierda (incluídos los comunistas). Cuando Khomeini se consolidó, dicho sea de paso, en medio de la militarización creada por el ataque de Saddam Hussein, aprovechó para destruir a estos sectores, en medio de una violenta represión.

Ahora los neo-cons y los islamófobos de turno nos vienen a decir que es que en aquellos "pueblos bárbaros" el fanatismo religioso es algo eterno, que viene desde los tiempos de Mahoma y que por eso lo único que se puede hacer es mantener a la región controlada por la fuerza. El presunto fanatismo religioso (que ni siquiera es tanto como dicen) tiene una historia mucho más breve, una historia en cuyos orígenes están los mismísimos personajes que ahora lo deploran.

Saturday, January 29, 2011

No Tengo Nada Que Decir Sobre Egipto Pero...

... vi hoy una mesa redonda en la BBC y pude notar allí, así como en las reacciones de Estados Unidos que los eventos de Egipto, un país de 80 millones de habitantes, se ven casi exclusivamente a través del prisma de sus efectos sobre su vecino de 6 millones de habitantes. En otras circunstancias esto sería rarísimo.

Thursday, January 27, 2011

¿Quién se Beneficia de una Conspiración? Respuesta a un Comentario

Creo que Juan tiene algo de razón en su comentario a mi anterior apunte sobre la distinción entre teorías conspirativas de izquierda y de derecha en Estados Unidos. Obviamente no me voy a echar para atrás del todo. (Lo haré más adelante si esto falla.) Pero sí creo que no me expresé claramente en parte porque no lo había terminado de pensar claramente. Por lo tanto, aquí voy otra vez.

Ante todo tengamos presente que estamos tratando de encontrarle algún sentido a algo que de pronto no lo tiene. La retórica de las teorías conspirativas florece en medio de la inconsistencia. Estamos operando en la parte más pestilente del alcantarillado del discurso político. Pero creo que no es ocioso tratar de entender estos fenómenos. La retórica nazi culpaba a los judíos simultáneamente de la "ignominia de Versalles," de los exabruptos de los grandes bancos y del bolchevismo. Todo a la vez. ¿Inconsistente? Por supuesto. ¿Poderoso? Ni hablar.

Lo que yo trataba de expresar antes es que en la retórica conspirativa de la derecha norteamericana hay ingredientes extraños. Es fácil crear una amalgama de conspiradores pero es difícil ofrecer una teoría que explique cómo funcionan.

Tomemos el caso (mencionado por Juan) de Hollywood, un blanco favorito de la ultra derecha. Los grandes estudios de Hollywood quieren dinero, poder e influencia. Cierto. Como todo el mundo. Pero, ¿por qué habrían de escoger, para tal fin, hacer películas que "insulten los valores norteamericanos"? Si, como cree la ultra derecha, estas películas repugnan a todos los americanos decentes, ¿no obtendría Hollywood más dinero, más poder y más influencia haciendo películas del gusto de toda aquella "mayoría moral" (para usar el lenguaje favorito de la derecha cristiana)?

O tomemos el caso del medio ambiente. Suponiendo que los científicos involucrados en el debate estén conspirando contra la opinión pública, ¿por qué van a tratar de convencer a la gente de que el cambio climático es inminente? ¿No sería más rentable convencerla de otras cosas?

Pasemos a la famosa "conspiración socialista" según la cual Obama y un puñado de fanáticos de la izquierda radical quieren transformar a Estados Unidos en un país europeo. (¡Horror de horrores!) ¿Por qué? El Presidente de Estados Unidos tiene más poder que muchos primeros ministros europeos, nombra más funcionarios, recibe más dinero para campañas políticas, controla un ejército mucho más grande. ¿En qué se beneficiaría Obama, or el Partido Demócrata, de poder decidir cuántos ancianos estadounidenses tienen que morir este año?

La respuesta es obvia para quien la piense un poco: la razón por la cual el Partido Demócrata quiere expandir algunos aspectos del Estado del Bienestar norteamericano es porque hay sectores de la sociedad que así lo quieren y que han apoyado al Partido Demócrata precisamente con tal fin. Pero esta respuesta obvia es exactamente lo que no se puede decir en dicha teoría conspirativa porque entonces tocaría reconocer que el adversario es un actor político y no una camarilla criminal.

Una excepción: las "reparaciones raciales." Parte del imaginario de la ultra derecha consiste en ver a Obama como un exponente camuflado de las Panteras Negras de los 60s que está a punto de lograr una vieja meta de los terroristas negros: hacer que los blancos indemnicen a los negros por la esclavitud. Obviamente, es una teoría conspirativa repugnante y racista. (En cierto modo es una lástima que sea tan alejada de la verdad; no estaría mal que Obama tuviera un poquito del toque "funk" de los 70s, a veces es demasiado profesoral... pero me estoy desviando del tema.) Pero por lo menos aquí queda claro el hilo conductor que lleva desde el sector conspirador, pasando por una especificación de sus intereses, hasta llegar a la conspiración misma. Hay un sospechoso, un móvil y un modus operandi. Pero es tal vez la excepción que confirma la regla.

Otro ejemplo: la inmigración. Supuestamente Obama y sus secuaces quieren llenar el país de inmigrantes ilegales para luego darles el voto (ilegal, por supuesto) para ganar elecciones. Pero, otra vez, si lo único que les interesa es ganar elecciones, ¿por qué tienen que esperar a conseguir votantes ilegales en vez de ganarse los votos que ya están en el país? ¿No es un procedimiento más lento y dudoso? ¿No sería mejor volverse todos conservadores y ganar los votos de los americanos decentes, blancos y conservadores? (Bueno, hay quienes dirán que eso es lo que está pasando.)

Creo que esa es la diferncia de fondo. Las teorías conspirativas de la izquierda arrancan de definir intereses políticos y luego pasan a considerar que esos intereses utilizan medios criminales para sus fines. En cambio, las teorías de la derecha no proceden así. Por alguna razón necesitan un paso previo: hay que producir una especie de transustanciación, como en la misa. Así como en la misa el pan se convierte en el cuerpo de Cristo, en este caso los intereses políticos tienen que convertirse en otra cosa distinta antes de entrar a especificar su operación. Tienen que convertirse en fines criminales exógenamente determinados. No se puede pasar a explicar por qué alguien podría llegar a tener esos fines porque ya la misma explicación sería reconocerles existencia política.

No sé si he sido claro. Tendré que seguirlo pensando.

Derechos de Propiedad y Democracia: ¿Nace otro Mito?

Parte de mi trabajo es oír hablar a politólogos jóvenes lo cual generalmente es muy divertido e interesante. Casi siempre son gente inteligente, enterada de los últimos debates. Hoy no fue la excepción. Pero por eso mismo, mientras hablábamos con mi interlocutor, me surgió una pregunta que desde hace mucho me ronda la cabeza.

Viene haciendo carrera en la literatura sobre regímenes políticos la idea de que las democracias son más "respetuosas de los derechos de propiedad" que las dictaduras y que por eso pueden generar mejores resultados económicos. El subtexto es, obviament, que mientras más estables sean los derechos de propiedad, más posibilidades de inversión y, por tanto, más crecimiento. Cuando este debate trasciende a los debates de opinión pública, se convierte en un arma para atacar al gobierno que a uno no le guste. Así, hoy en día una de las formas más elegantes de criticar a un gobierno es decir que genera incertidumbre sobre los derechos de propiedad. (Resulta que ahora hasta Obama está recibiendo el tratamiento que antes se le reservaba a gobiernos tropicales.)

En fin. Por ahora me limito a una pregunta empírica. A mi me da la impresión de que en América Latina la inmensa mayoría de las dictaduras han sido muy respetuosas de los derechos de propiedad. La Revolución Cubana expropió, creo que Velasco Alvarado en Perú expropió y... pare de contar. Pinochet no expropió a nadie, Videla no expropió a nadie, Stroessner no expropió a nadie, Castelo Branco no expropio a nadie, y así sucesivamente. ¿Misterio? Por supuesto que no. Eran dictaduras cuya base de apoyo eran precisamente los grandes propietarios. Ni locos que fueran para expropiar a nadie. Esto es obvio para cualquiera cuyo juicio no se haya atrofiado por la literatura profesional reciente.

¿Estoy equivocado? ¿Tengo los datos erróneos? No lo creo. Si alguien sabe más al respecto, se lo agradecería. Pero por lo pronto creo que la literatura especializada está a punto de crear un nuevo dogma con pies de barro, como cosa rara.

Curiosamente, esto se relaciona, en forma un tanto remota, con el tema al que me refería hace poco. Una tradición de pensamiento político que podemos rastrear hasta Hobbes suele ver al Estado como un ente supérstite que, en virtud del monopolio de la fuerza, puede hacer y deshacer a su antojo a menos que se le impongan límites constitucionales. (Aunque esto último a Hobbes no le gustaba; el prefería las monarquías absolutas.)

Pero otra tradición, de la que Marx es un exponente pero no creo que el fundador (estoy casi seguro que es algo que viene de ensayistas franceses de la época de la Revolución) considera al Estado como un producto más de los intereses en conflicto en la sociedad. Desde ese punto de vista, uno no puede decir nada significativo sobre el Estado sin tomar en cuenta los itnereses a los que se debe.

Yo creo que la segunda vertiente tiene razón y me parece deplorable el auge de cierto neo-hobbesianismo en la ciencia política contemporánea. Cosas tan elementales como la distinción entre dictaduras plutocráticas y dictaduras que se originan en una revolución se pierden de vista de esa manera.

Las Tesis Conspirativas de la Derecha Norteamericana

En mi última entrada dejé en el aire la pregunta de por qué estamos presenciando un crecimiento inusitado de tesis conspirativas en la derecha norteamericana, cosa que llega incluso a sectores del núcleo del Partido Republicano. Aún no tengo ni idea de cuál es la respuesta. Pero tengo algunas ideas que me dan vueltas en la cabeza.

Primero, hay que preguntarse qué tan específico es el fenómeno. En Colombia la Administración Uribe se la pasaba presentando a sus opositores (e incluso instituciones como la Corte Suprema) como aliados de la guerrilla. Pero, independientemente de lo descabellada de dicha teoría conspirativa y del daño que causó, veo ciertas diferencias con el caso americano. Las teorías de Uribe y José Obdulio eran claramente una maniobra desde las altas esferas del poder con fines políticos. En Estados Unidos parece que estamos asistiendo a un fenómeno distinto: una insurgencia dentro del Partido Republicano.

Es fácil decir, desde la izquierda, que el fanatismo actual del Partido Republicano obedece a una lógica electoral. Pero esta explicación ignora el hecho de que muchas de las figuras más representativas de este nuevo estilo son en realidad unos advenedizos dentro del Partido. Hace tres años nadie tenía ni idea quién era Sarah Palin o Michelle Bachmann.

Violar todos los códigos de entendimiento mutuo que existían entre los dos partidos se ha vuelto un vehículo de movilidad política en la derecha estadounidense. Es la forma en que los "capitanes" del Partido pueden tomarse por asalto los casinos reservados a sus coroneles y generales. Hasta ahora funciona. Las dos señoras a las que me acabo de referir, por ejemplo, nunca hubieran tenido la más mínima oportunidad de sobresalir en un ambiente de debate tecnocrático. Cada que abren la boca dan muestras de ignorancia que las habrían descalificado de obtener título de bachiller. Pero ahora son figuras nacionales.

Hasta ahí, todo claro. Ahora, ¿por qué está ocurriendo esto? Antes de seguir, permítanme un poquito de humor negro. No. No se trata de ningún chiste. Simplemente me estoy acordando de los múltiples diputados estatales del Partido Republicano, generalmente cuarentones o cincuentones, gente establecida en su medio, que salen a declararse listos a empuñar las armas para "defender sus libertades." No sé si es que súbitamente, en su "crisis de media vida" se dieron cuenta de que se les fueron sus gloriosos 20s y 30s sin hacer nada interesante y ahora quieren jugar a la guerra. El hecho es que esa clase de expresiones en una democracia industrializada como Estados Unidos no dejan de ser divertidas y deprimentes a la vez. Alguien debería contarles cómo en Colombia esa idea no terminó funcionando como parecía....

En estos días he estado leyendo a Pierre Bourdieu y me encontré con un pasaje que parece describir lo que está pasando en esos sectores. Según Bourdieu, en todo sistema de poder hay sectores medios que, por su misma posición, reconocen más al sistema de lo que el sistema los reconoce a ellos. Es decir, han pasado por todos los rituales de legitimación, pero siempre como subordinados. Cuando esto hace crisis, su actitud es la de una indignación que los lleva a reafirmar los que consideran los principios genuinos, "traicionados" por las élites. Por eso Bourdieu lo llama (palabras más, palabras menos) un "jacobinismo de clase media."

Me suena mucho. Pero corremos el riesgo de ser facilistas. Uno podría pensar que la Gran Recesión es precisamente el tipo de crisis que se necesitaba para precipitar este fenómeno. Pero no estoy seguro de que la Gran Recesión haya afectado tan duramente a los sectores de clase media a quienes todo esto va dirigido. El "Tea Party" generalmente parece más preocupado por el déficit y por el advenimiento del nuevo Gulag que por el desempleo.

Por otro lado, aunque es muy probable que la Gran Recesión sea una condición necesaria, no creo que sea suficiente. Sospecho que hay otros elementos de "crisis" que afectan más directamente a los profesionales de la política y que entran en resonancia con la crisis económica generalizada. Aquí va una conjetura:

El Partido Republicano está obsesionado hace mucho con la "mayoría permanente." Su victoria de 1994 fue terreno fértil para toda clase de especulaciones sobre el brillantísimo futuro del Partido. Es comprensible. Todo partido del mundo aspira a ser una "mayoría permanente." Pero las derrotas del 2006 y el 2008 mostraron que las cosas no eran tan sencillas. Más aún, mostraron que no solo el Partido Demócrata podía ganar sino también que algunos de los factores detrás de esos avances Demócratas parecen ser, ellos también, permanentes. Por ejemplo, al Partido Demócrata le va mejor entre sectores que están creciendo: jóvenes e hispanos sobre todo.

Entonces, un político regional republicano que haya hecho toda la tarea desde los 90s del siglo pasado, con la promesa de que sus esfuerzos se van a ver recompensados, ve súbitamente que la tal movilidad profesional que le habían pintado no es tanta como parece. Además, lo que parecía ser una "Revolución Conservadora" está entrando en un terreno pantanoso y, aún más importante, sin haber logrado muchas de las cosas que se habían prometido. Bush no pudo destruir el Estado del Bienestar. Es más, tuvo que expandirlo en forma fiscalmente irresponsable. Mientras tanto, los grandes intereses plutocráticos sí que se han beneficiado. Esto debe generar una gran "disonancia cognitiva" dentro de aquellos dirigentes medios.

Todo esto es pura especulación mía. Pero además hay una pregunta adicional que no logro responder: ¿por qué no está ocurriendo algo similar en el Partido Demócrata? Al fin y al cabo, cualesquiera que sean las frustraciones de un político regional de derecha en Oklahoma o en Utah, palidecen con las que ha tenido que soportar un activista de izquierda en casi cualquier parte del país.

No lo sé. Pero no me resisto la tentación de cerrar recordando que en otras latitudes ha habido casos también de clases medias de provincia que se sienten ninguneadas por las élites y que ese rechazo las lleva a la insurrección con resultados que dejarían perplejos a muchos derechistas norteamericanos. Me recuerdo en particular de cierto profesor de filosofía de una universidad regional latinoamericana que, ya entrado en sus 30s, cuando había pasado la época de los ímpetus juveniles, también decidió que era hora de pasar a la acción. ¿Su nombre? Abimael Guzmán.

Wednesday, January 19, 2011

A Propósito del Tiroteo de Arizona: Hacia una Teoría de las Teorías Conspirativas.

Aunque ya está desapareciendo de los titulares, el tiroteo de Arizona me ha hecho pensar muchísimo. Resulta ser un evento fértil para un científico social (y además, no se les olvide, ahora también soy ciudadano de Estados Unidos). Por eso, tengo varios tipos de reacciones.

Está bien: el autor del tiroteo es un desequilibrado mental. En ese sentido, es absurdo culpar de esto a la derecha americana. Pero dejando de lado asuntos de culpabilidad por un incidente aislado, la discusión de las últimas semanas en la prensa estadounidense deja en claro algo que lectores de este blog ya saben: el Partido Republicano es El Peor Partido Político del Mundo.

Independientemente de las causas de la masacre (hasta el punto en que tenga sentido discutir las causas de un acto de una persona perturbada mentalmente), estos días han servido para ofrecer una síntesis de la retórica de la derecha estadounidense. En los medios se discutió muchísimo si alguna metáfora o algún símbolo en especial constituía una incitación a la violencia. A mi juicio, discusión absurda. Metáforas marciales en política son totalmente normales en cualquier país del mundo.

Lo que poco se discutió es el contenido de la retórica de derecha en Estados Unidos. (Hubo algunas excepciones muy lúcidas. Después pongo los links.) El Partido Republicano no solo considera a la Administración Obama incompetente o equivocada en sus diagnósticos, sino que la ve como una verdadera conspiración contra la esencia misma de los Estados Unidos.

Me dirán que no. Que no se trata del Partido Republicano en su conjunto sino de algunos elementos aislados. Sí. Pero resulta que esos elementos aislados tienen cargos de responsabilidad dentro del partido (muchas veces de elección popular) y, más pertinente aún, hacen afirmaciones tales que de ser ciertas lo ético y responsable sería empuñar las armas contra el gobierno norteamericano. Y sin embargo el Partido Republicano ni niega dichas afirmaciones ni adopta sus consecuencias. Es decir, la cúpula del Partido sabe que algunos miembros prominentes de sus filas están mintiendo deliberadamente pero le parece que tal insulto a la inteligencia de sus partidarios es aceptable.

Es como si en Colombia un político prominente considerara a determinado partido un cómplice de los terroristas pero luego dijera que no hay que proscribirlo. Sería un auténtico insulto a la inteligencia de sus partidarios, ¿cierto? Estoy seguro que en Colombia nadie permitiría algo así.... Ah, perdón, no me acordaba....

Antes de entrar en asuntos más profundos, me voy a detener para referirme a un punto no muy importante, pero que me llama la atención. Hace unos días, discutiendo con algunas personas este episodio, alguien preguntaba si podía establecerse alguna diferencia entre la retórica conspirativa de la derecha americana de ahora contra Obama y la retórica conspirativa de la izquierda americana contra Bush.

Yo veo dos diferencias, una cualitativa y otra de categorías. La primera sugiere algo acerca de las diferencias organizacionales entre izquierda y derecha en Estados Unidos, la segunda sugiere algo acerca de las diferencias en sus visiones de mundo. La primera diferencia tiene que ver con el perfil de quienes usan dicha retórica conspirativa. En la izquierda americana dicha retórica estaba reservada para personajes periféricos, sin ninguna relevancia en el establecimiento del Partido Demócrata, sin capacidad de obtener votos ni nada por el estilo. En cambio, las teorías conspirativas de la derecha son promulgadas por personajes que compiten en elecciones, que pertenecen a la jerarquía del Partido Republicano, que tienen cargos de responsabilidad pública, entre otras cosas.

Ahora detengámonos en el contenido de las distintas teorías. Para efectos prácticos, resumámoslas en dos frases, con todo y lo inadecuadas que puedan resultar para captar el fenómeno: "Bush permitió (o incluso ordenó) el ataque del 11 de Septiembre y mintió acerca de las armas de destrucción masiva de Saddam Hussein para lanzar una agresión imperialista contra el Medio Oriente en beneficio de sus amigotes petroleros" y "Obama es un cripto-musulmán que quiere imponer una dictadura socialista en Estados Unidos."

Obviamente, yo creo que ambas afirmaciones son falsas. (Aunque, bueno, Bush si mintió. Pero no, no creo que haya tenido nada que ver con el 11 de Septiembre.) Pero mi interés no es refutarlas ni discutirlas en sus propios términos sino entender cuál es el esquema de pensamiento del que emanan y en qué medida ese esquema de pensamiento nos dice algo de relevancia sobre el resto del sistema político.

Una diferencia interesante entre ambos tipos de pensamiento conspirativo es el qui prodest. Es decir, a quién beneficia la conspiración. Las teorías conspirativas de izquierda generalmente presentan a los políticos como conspirando en favor de algunos intereses económicos dominantes. Pero las teorías de la derecha (por lo menos de la derecha americana de los últimos años, incluso antes de Obama) presentan a los políticos como conspirando sin mostrar claramente cuál es el fin último de la conspiración. ¿Por qué Obama prefiere ser Presidente de un país en el que los ciudadanos no puedan portar armas? ¿Por qué prefiere tener el poder de decidir cuántos ancianos van a vivir? (Por poner dos ejemplos de conspiraciones que se le atribuyen.) Esto nunca queda claro.

En el pensamiento de derecha de Estados Unidos el gobierno es un demonio que expande sus poderes permanentemente pero sin que haya nadie detrás, empujándolo. El poder del gobierno es su propio fin.

A quien, como yo, haya comenzado en estas lides estudiando el marxismo, esto le suena muy exótico. ¿Por qué los políticos van a conspirar únicamente para aumentar su poder, sin responder a ningún otro interés económico o social distinto del que ellos se den a sí mismos? ¿No habíamos quedado en que el Estado tiene, a lo sumo, una "autonomía relativa" (Poulantzas)?

Está bien, a veces el mismo Marx acude a los intereses personales del político como factor explicativo. Como cuando ve a Luis Bonaparte obsesionado por mantenerse en el poder para evitar muchos líos legales y económicos que se le vendrían encima. Pero dicha autonomía de fines es, para Marx, la anomalía que hay que explicar, no la regla general de la política.

En cambio este estilo de raciocinio le debe sonar familiar a quien se haya formado estudiando la escuela americana de la "escogencia pública". Buchanan y Tullock siempre han basado sus análisis en el interés de los políticos por acumular poder, considerándolos como actores autónomos. (No es casualidad que Buchanan y Tullock sean dos libertarios de derecha....)

Hasta acá, todo normal: hemos establecido que, como sucede con mucho perturbado mental, cada estilo de teoría conspirativa tiene un antepasado respetable. La pregunta es, ¿qué hace que en determinado momento el descendiente paranoide salga del manicomio?

Eso queda para después. Ahora tengo que salir.

¡De Regreso!

¡Feliz 2011 para todos! Después de un prolongado silencio, parte por las vacaciones, parte por los últimos toques a mi proceso de relocalización, aquí estoy. No tengo ideas muy claras últimamente, pero en fin, de eso se trata este blog.