Thursday, May 26, 2011

¿Quince Años de Recesión?

Me encontré esta nota en un periódico gratuito y no lo pude creer. Era tan increíble que preferí verificar en El País a ver si era cierto. Y sí. Sí lo es. Según la OCDE, a España le tomará quince años volver a los niveles de desempleo que tenía antes de la crisis.

Comencemos con el granito de sal. Como lo dice el artículo, pronósticos económicos a 15 años son como pronósticos del clima a 15 meses. Nadie tiene ni idea qué es lo que va a pasar. Pero ¡ojo! Justamente ayer me encontré con esta nota de Krugman que apunta en la misma dirección. Todo esto puede ser alarmismo prematuro pero....

Supongamos por un momento que estos pronósticos son ciertos. Es decir, por alguna razón extraña, las economías más avanzadas del mundo van a entrar en una prolongada depresión. Tanto que, como en España, durante 15 años va a haber un desempleo de alrededor del 15%. Si esto fuera cierto, ¿Uds. que harían?

La OCDE ya nos dijo: flexibilizar más el mercado laboral. Es decir, como la economía, por alguna razón que no sabemos, perdió productividad, dejemos que el salario baje hasta que se iguale a la nueva productividad y se acabe el desempleo. Solución de texto.

Pero es desesperantemente familiar. Es la misma recomendación que siempre hacen todos los organismos internacionales serios: flexibilizar, facilitar despidos, suprimir derechos colectivos, en una palabra, bajar salarios. (Me dirán que no es lo mismo, pero en últimas sí lo es: el valor esperado de un contrato de trabajo baja con cualquiera de esas medidas.)

Uno se imaginaría que si hay una crisis de quince años en cualquier sistema social, eso obligaría a repensar aspectos fundamentales del mismo. Hace quince años, en 1996, era relativamente fácil pronosticar que, si persistían en su uso extremo de la planificación central, Cuba y Corea del Norte iban a tener enormes dificultades aumentando la productividad de sus economías. Ese pronóstico más o menos se ha cumplido; ambas economías, aunque a veces crecen, siguen postradas. Por lo tanto, en aquel entonces cualquier persona sensata hubiera recomendado introducir otros mecanismos económicos para resolver los problemas, digamos por ejemplo, mecanismos de mercado. Es más, muchos expertos y observadores dijeron eso hace quince años. Pero por lo visto, cuando se trata de economías capitalistas, no hay horizonte tan pesimista que lleve a los expertos a repensar algunos de sus supuestos. Como decía Slavoj Zizek, hoy en día a la gente le queda más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo. ¿Está ya tan atrofiada nuestra imaginación colectiva que ante una crisis de quince años, no se nos ocurre nada más que persistir en lo que ya se ha venido haciendo?

Este es el sitio exacto para decir insensateces así que aquí voy. Si lo que viene para algunas economías industrializadas es quince años de elevado desempleo, entonces podría pensarse en medidas que movilicen esos recursos humanos mediante mecanismos distintos. Ni siquiera me refiero a mecanismos exóticos sino a cosas que se usan rutinariamente:

  1. Mecanismos de reparto del trabajo tales como reducción de la jornada laboral.
  2. Expansión de la educación superior pública para retrasar el ingreso de los jóvenes al mercado laboral y permitir el reentrenamiento de los que se están quedando obsoletos. (Por ejemplo, los famosos jóvenes españoles que dejaron el colegio para trabajar en la construcción.)
  3. Programas públicos de generación de empleo en sectores de poca rentabilidad económica pero de alto impacto social.
  4. Sistemas de renta básica para que los desempleados puedan involucrarse en actividades del sector sin ánimo de lucro. 
"Todo muy bien," dirán Uds. "pero ¿de dónde saldría la plata para todo eso?" Fácil: de donde sale la plata para cualquier otra cosa que haga el gobierno, es decir, de una mezcla de impuestos y deuda con las proporciones de los ingredientes ajustadas según las circunstancias. Lo normal. ¿Sin recortes? Probablemente habría que recortar algunas cosas; yo creo en la responsabilidad fiscal aunque no esté dispuesto a erigirla en fetiche. El punto no es discutir las cifras concretas sino las prioridades. El sistema actual no está funcionando, punto. Entonces, es hora de repensarlo, es hora de reorientar la actividad del gobierno y del sector privado. Si nos enfrentamos a la perspectiva de un desempleo masivo, con todas las terribles consecuencias sociales que tiene, esto quiere decir que hay que buscar la forma de que el sistema dé oportunidades de realización personal a gentes cuya productividad en el mercado se ha reducido por circunstancias en las que no tienen nada que ver. A grandes problemas, grandes remedios.

Por supuesto, nada de esto se va a plantear por ningún partido político viable. Los sectores que mandan la parada no quieren oír hablar de nada que no sea reducciones de los derechos de los trabajadores, desmantelamiento de las protecciones sociales y tranferencias de activos al sector privado. No sé a Uds. pero esto me hace pensar que de pronto hay algo que no funciona en nuestra actual mezcla de capitalismo global y democracia liberal.

Los Bancos También Son Personas.

Cada que se propone la reestructuración de deudas en Europa (caso Grecia), uno de los mejores argumentos que se esgrimen en contra es el de la insolvencia de los bancos. Es un buen argumento. De hecho, con todas las simpatías que me generan movilizaciones como las del 15-M, sí existe el riesgo de que, en el afán de buscar una "salida social a la crisis" se tomen muy a la ligera problemas como este.

Pero aunque esta objeción es un llamado a la cautela, no por eso, creo yo, invalida mi posición inicial. Para sustentar bien mi opinión debería mirar las cifras, por supuesto. Pero no tengo tiempo en este momento así que por ahora me limito a unas cuantas apreciaciones.

En pancartas callejeras se ve muy bien decir que la crisis "la paguen los banqueros." El problema es que aunque muchos banqueros se enriquecieron obscenamente durante la especulación que llevó a la crisis, es dudoso que el dinero que se echaron al bolsillo alcance para pagar todo. Todo apunta a que si Grecia declara el impago, buena parte de sus bancos quedarán al borde de la quiebra.

Pero hay factores que mitigan este problema. Recuerdo que cuando Argentina declaró el impago se produjo una situación similar. El sector bancario argentino quedó quebrado. Sin embargo eso no fue impedimento para crecer.

Por ejemplo, si los bancos griegos se insolventan, esto no quiere decir necesariamente que vayan a desaparecer. Habría un intervalo de tiempo en el que se podrían mantener operando con respiración artificial. Obvio, eso no es óptimo a largo plazo. Una de las teorías de por qué Japón duró toda una década sin crecer culpa de ello a los "bancos zombies." Pero unos bancos en cuidados intensivos durante un tiempo no tienen por qué destruir a una economía, menos aún si eso ha evitado propinarle golpes peores como, por ejemplo, un recorte de gastos que reduzca aún más la demanda agregada. 

Mantener a flote una cantidad de bancos quebrados es un lastre para cualquier economía. Pero hay todo un libreto de soluciones: nacionalizaciones temporales, consolidaciones, eutanasias... No es fácil, pero se puede salir del problema. 

Resumiendo, si se permite cierta reestructuración de deudas, el resultado es un choque adverso de productividad al golpear un sector clave de la economía (el sector financiero). Si no se reestructura, el resultado es un choque adverso de demanda agregada. El primer curso de acción puede desacelerar un poco el crecimiento pero concentra los costos en un sector y los individuos más golpeados son precisamente los que más se beneficiaron (e incluso algunos que nunca debieron haberse beneficiado). La segunda opción en cambio somete a la población en general a una parálisis económica (y un malestar político) de proporciones mayúsculas.

Universidades Latinoamericanas: ¿La Estrategia del Avestruz?

Antes de entrar en materia, dejemos claro que según los zoólogos el mito de que las avestruces meten la cabeza en la arena es simplemente eso, un mito. Ahora, si Uds. me preguntan dónde trabajaban los zoólogos que descubrieron esto, no tengo ni idea. Pero me atrevo a decir que no fue en ninguna universidad latinoamericana y que, a juzgar por este artículo, las probabilidades de que el próximo descubrimiento zoológico de este estilo se haga en América Latina seguirán siendo bajas porque nuestras universidades están empeñadas en... meter su cabeza en la arena para evitar dificultades.

Yo conozco apenas una porción ínfima de universidades latinoamericanas, o productos de ellas, y la impresión que me ha quedado es más o menos esta: como se trata de la región más desigual del mundo, es de esperarse que sus universidades sean muy desiguales. Pero eso sí, las que funcionan bien tienen muy buenos programas de pregrado que producen excelentes estudiantes y las más ambiciosas de ellas pueden llegar a incursionar con cierta solvencia en postgrados. Resumiendo, bastante buenas en enseñanza, muy quedadas en investigación.

Esto es normal, es de esperarse. Es más, sospecho que, dadas las limitaciones estructurales, el personal de las buenas universidades latinoamericanas debería estar orgulloso de lo que ha logrado.

Lo que no entiendo es que cuando sale un ranking mundial de universidades donde a América Latina le va bastante mal, reflejando la realidad que acabo de esbozar a grandes rasgos, entonces la reacción es, como dicen en inglés, "disparar al mensajero" protestando contra el ranking. Lo siento pero me parece inmaduro.

Todo ranking tiene problemas especialmente cuando se trata de algo tan multidimensional y complejo como la educación. Está bien que se señalen esas fallas. Pero de ahí a ignorarlos o, como dice el artículo, crear un ranking regional para pasarse por alto los que hay, me parece lamentable.

Hace unos años, si no me falla la memoria, la Universidad de Shanghai se puso a la tarea de hacer un ranking de universidades, con criterios muy exhaustivos. Lo interesante es que lo hicieron prácticamente a sabiendas de que les iba a ir mal. Sabían que, en general, las universidades chinas iban a quedar muy por debajo de las de Estados Unidos, Europa o incluso sus vecinos Japón y Corea del Sur. !Pero es que de eso se trataba! El objetivo era poder tener criterios para medir el progreso, en lugar de estar dándose palmaditas en la espalda. En lugar de hacer un ranking chino (con lo que cubrirían una población casi tres veces la de América Latina), optaron por mirar hacia afuera precisamente para poder aprender de los demás. ¿No es llamativo el contraste entre esa actitud y la que ahora está asumiendo América Latina?

Wednesday, May 25, 2011

Más Sobre la Reestructuración de Deudas

Una de las principales discusiones en torno a la actual crisis financiera, especialmente en el caso griego, es sobre el posible impacto de la reestructuración de la deuda. Según los defensores de la austeridad fiscal, los países del Sur del Mediterráneo tienen que hacer lo que sea para pagar sus deudas, al costo que sea para la población, porque de no hacerlo se quedarían por fuera de los mercados de capital por muchísimo tiempo.

(Bueno, en este momento Grecia ya está prácticamente fuera de los mercados de capital. Sus bonos se colocan al 17%. Como alguien decía en estos días, a esa tasa le saldría mejor al gobierno griego abrir una tarjeta de crédito para consumo.)

Resulta que ha habido estudios al respecto. Según los datos históricos, tal como lo predicen los alarmistas, países que incurren en impago de deudas se quedan por fuera de los mercados de capital por... dos años. Al decir de Chakrabortty, en la columna referida, los mercados tienen "memoria corta."

Aunque estoy de acuerdo con el espíritu general de la columna, no me convence la metáfora de la "memoria corta" porque sugiere que hay algo patológico en esto. Pero cuando uno lo piensa con calma se da cuenta de que, lejos de ser una anomalía, es más o menos lo que habría que esperar. Al fin y al cabo, hay algunas diferencias entre prestarle a un ciudadano privado y prestarle a un gobierno.

Si yo le presto a un ciudadano privado, hay dos riesgos fundamentales de impago: que su negocio fracase por factores fuera de su control, o que incurra en fraude (lo que llamamos en Colombia "quebrar para adentro"). La forma como los mercados tratan este problema es castigando a quienes se declaran en bancarrota con una moratoria de crédito. Por ejemplo, en Estados Unidos esa moratoria suele ser de 7 años.

En el caso de los gobiernos hay algunas sutiles diferencias. Primera, y más obvia, los gobiernos cambian. El actual gobierno de Grecia está integrado por personas distintas de las que llevaron a la actual crisis. (Además, no hay que olvidar que ya esta vez Goldmann Sachs no está ayudando a maquillar las cuentas...) Si Grecia hoy declarara impago como consecuencia de las decisiones tomadas hace unos años por otro gobierno, ¿qué razón tendría un inversionista dentro de dos años para dejar pasar de largo una nueva oportunidad de hacer negocios? ¿Por castigar al gobierno que haya dentro de dos años por cosas que pasaron cuando otras personas estaban a cargo? No tendría mucho sentido.

Por otro lado, aunque los gobiernos incurren en fraude es muy poco probable que el fraude constituya un porcentaje muy elevado de las pérdidas. Claro, ha habido corrupción en Grecia (como en muchos otros países), pero quien le preste al gobierno griego en el futuro sabrá que Grecia no se va a desaparecer de la noche a la mañana llevándose la plata a las Islas Caimán.

La gente habla mucho en estos días del despilfarro de dinero en Grecia, en especial de la forma en que la clase política compraba clientelas mediante empleos públicos excesivamente remunerados. En cierto modo uno puede pensar que eso es corrupción. Pero, desde el punto de vista de un acreedor, eso no es fraude, es ineficiencia. Y las dos cosas son muy distintas. Fraude es una sorpresa, un choque adverso que reduce las ganancias ex post. La ineficiencia, en cambio, es algo que se podía prever de antemano. De hecho, los acreedores del gobierno griego supuestamente estudiaron todos esos temas cuando le prestaron el dinero. El precio de la deuda ya debía reflejar todas las disfunciones del sistema político griego. Si no lo hicieron, es problema suyo.

(Está bien, como ya dije antes, en el caso de Grecia sí hubo un elemento de fraude adicional poco habitual: la "contabilidad creativa" a la que contribuyó Goldmann Sachs. Pero eso es harina de otro costal: eso tiene que ver con los pésimos mecanismos de evaluación de riesgo que existen hoy en día.)

Pero, volviendo al punto central, en vista de estas circunstancias, no veo por qué los prestamistas del futuro vayan a castigar a Grecia por sus impagos de ahora más allá de un breve periodo. Seguramente, si Grecia no reforma sus mecanismos de gestión pública, los prestamistas del futuro le van a castigar su ineficiencia futura (eso es totalmente comprensible), pero no su insolvencia pasada. No sería racional para ellos. De modo que no veo por qué nos debe sorprender tanto la indulgencia con que los mercados han tratado los impagos que han ocurrido. Otra cosa es que a los bancos no les convenga que nos demos cuenta...

Monday, May 23, 2011

¿Qué Pasa Cuando el Cirujano es Traficante de Organos? El Caso del Banco Central Europeo

Si a uno le dicen que hay una institución que se llama el Banco Central Europeo, uno se imagina que es un Banco, es decir que tiene activos poco líquidos y pasivos muy líquidos (el típico problema de todo banco), que es Central, es decir, que es un "prestamista de última instancia" y que incide sobre política monetaria y que es Europeo, es decir, que diseña sus políticas teniendo en cuenta las necesidades de países europeos. Pero resulta que no.

Ya sabíamos que el Banco Central Europeo supuestamente toma sus decisiones basado en los impulsos antiinflacionarios de Alemania. Eso ya era bastante extraño, pero en fin, es parte de como funcionan los balances de poder. Pero lo de ahora ya se sale de toda lógica. Resulta que el BCE decidió que no solamente no quiere ayudar al Sur de Europa, en especial Grecia, sino que además, ¡si Grecia trata de reestructurar sus deudas le corta el crédito! O sea, no solamente el BCE no tiene en mente los intereses de uno de sus países miembros sino que conspira activamente contra ellos.

Los latinoamericanos somos expertos en lo que se siente cuando instituciones financieras multinacionales se comportan como autoridades coloniales. Esa fue la historia de nuestra "década perdida." Nosotros pasamos por ahí antes que el resto. Pero se trataba de, como dije, instituciones multinacionales. Uno puede decir lo que quiera del FMI de los 80s pero por lo menos nadie se hacía ilusiones en esa época de que el FMI fuera una institución mexicana (o colombiana, o argentina, o...) Pero lo de ahora es, en cierto modo más patológico: una institución que es creada supuestamente por y para unos países y decide que uno de esos países no solo no merece su ayuda sino que además tampoco puede buscar ayuda por sus propios medios. ¡Vivir para ver!

Sunday, May 22, 2011

¿Y Si El Capital No Vuelve?

Con tanta discusión sobre la necesidad de reestructurar las deudas del Sur de Europa (o de Irlanda), siempre se pone de relieve el tema de las supuestas consecuencias tan terribles que traería cualquier decisión que le cueste algo de plata a los banqueros. Se nos dice que el trauma duraría años, que nadie invertiría en estos países, que el crecimiento se paralizaría y que, horror de horrores, Justin Bieber lanzaría un nuevo disco. Nótese cómo todas estas cosas ocurrirán también si no hay reestructuración (en especial el disco de Justin Bieber). Los pronósticos de crecimiento en estos países ya son terribles. Entonces, se pregunta uno, si igual la economía va a crecer muy poco (o nada) ¿no será mejor que por lo menos mientras cesa la horrible noche se pueda atenuar el sufrimiento de muchos con medidas remediales en vez de pagarle  todo a los acreedores?

Pero bueno, dejemos de lado estas consideraciones para concentrarnos en otra que no veo expresada muchas veces. Ya llevo casi un año viviendo en España (y hace poco viví otro año más). Es uno de los países más pobres de la Unión Europea pero al mismo tiempo es un país muy, muy rico. El nivel de vida en España es de los mejores del mundo. Hay partes de España que no tienen nada que envidiarle a ningún otro país del Primer Mundo.

Todo esto lo digo porque se me ocurre una herejía: si mañana resultara que España (o Europa en su conjunto) no van a tener ningún crecimiento per capita en los próximos veinte años, no sería ninguna tragedia. Los 400 millones de europeos (junto con los 300 millones de norteamericanos) son el grupo humano más afortunado de la historia. No veo por qué tengamos que perder el sueño ante el prospecto de que los "pobrecitos" mantengan su actual nivel de vida por una generación más. Y eso que no me he metido a hablar de consideraciones ambientales.

Me dirán que es una locura en especial porque en Europa de todas maneras sí hay gente pobre y hay muchísimos desempleados en este momento. Perfecto. Con el actual PIB europeo, sin crecimiento per capita, hay suficiente para sacar de la pobreza a los que se han quedado rezagados. Además, empleo y crecimiento no necesariamente van de la mano. Se puede generar empleo creciendo poco y se puede crecer generando poco empleo (como lo ha hecho Colombia últimamente). El punto no es que Europa deba fijarse como meta el crecimiento cero. El punto es que el crecimiento no tiene por qué ser una prioridad en Europa. Más bien la prioridad debería ser acabar con los reductos de pobreza que quedan (lo que implicará una cantidad de políticas de inclusión de los inmigrantes) y generar empleo o mecanismos para aumentar la permanencia escolar de los jóvenes. Si esas metas se logran con crecimiento del 5%, santo y bueno. Pero si se logran al costo de un crecimiento per capita de 0%, no es para llorar.

A todas estas, el crecimiento de los últimos años, el de las burbujas inmobiliarias, ¿a dónde fue a parar? ¿Contribuyó a resolver problemas de pobreza y exclusión de largo plazo? Lo dudo.

(Un punto adicional que no me cabe en otra parte: oigo mucho ahora a la gente lamentando el hecho de que la burbuja de la construcción llevó a muchos jóvenes a salirse de estudiar para trabajar en la construcción y que, por eso, ahora son inempleables. Cierto. Pero fíjense que esos jóvenes, al tomar esas decisiones, estaban haciendo exactamente lo que las élites económicas les han dicho que hagan: acatar las señales del mercado. Lástima que cuando los banqueros de inversión acatan las señales del mercado, se vuelven multimillonarios mientras que cuando lo hacen los albañiles se quedan desempleados.)

Africa necesita crecimiento, Asia necesita crecimiento, América Latina necesita crecimiento. ¿Europa y Estados Unidos? No estoy seguro.

Los Precios de Mercado Después de Dos Días en Sol

Si el movimiento del 15-M resulta ser el heraldo de la "Revolución Española" ya podré decir que "yo estuve allí." Anteayer y ayer estuve en Sol, es impresionante. Nadie sabe qué pasará ahora. Al momento de escribir estas líneas las elecciones le dan una enorme victoria al Partido Popular, según mis cálculos el tercer o cuarto Peor Partido Político del Mundo. (Ya he dicho que el primer puesto es para el Partido Republicano de Estados Unidos y el segundo tal vez para el Popolo de la Libertá de Berlusconi.) De modo que en pocos días España ha dado señales opuestas. En fin, es normal. Ya habrá tiempo de ver qué pasa con miras a las generales.

Por ahora quiero escribir sobre algo que anuncié hace rato y que me da vueltas en la cabeza a propósito de la crisis financiera que es, en últimas, lo que está a la base de todos estos movimientos. Me refiero a la forma en que se entrecruzan política y economía aún en el ADN del capitalismo: el sistema de precios.

A mi juicio, Friedrich Hayek escribió algunas de las páginas más estúpidas, falaces y fanáticas que uno pueda escribir al tiempo que se gana un Premio Nobel de Economía. (Bueno, recientemente Prescott parece empeñado en quitarle el título...) Su famoso ensayo "El Espejismo de la Justicia Social" es un ejemplo claro. (Ya me ocuparé de esto en algún momento.) Pero también tuvo un enorme, colosal, impresionante triunfo intelectual con su artículo "El Uso del Conocimiento en la Economía."

Es una pieza maestra sobre el papel de los precios como agregadores de información en un sistema descentralizado. Lo digo como alguien que por algún tiempo en su juventud llegó a creer que los mecanismos de planificación central eran mejores asignadores de recursos. Esa polémica la ganó Hayek de lejos.

¿O sí? Desde que el artículo de Hayek ingresó a la ortodoxia de la economía, todos los economistas creemos que los precios reflejan los posibles usos alternativos de los recursos. Es decir, que los precios son la quintaesencia de la información económicamente relevante, incontaminados por cualquier otra consideración.

Pero de un tiempo para acá vengo pensando en un problema con esta visión, un problema que la crisis financiera actual ha puesto de relieve: hay algunos precios, de hecho algunos de los precios más importantes de una economía, que dependen en últimas de factores políticos, de conflictos de poder.

No me refiero únicamente al caso relativamente trivial de precios oligopólicos. Incluso en mercados competitivos puede ocurrir este fenómeno. Consideremos el precio del trabajo, por ejemplo. ¿De qué depende? De la oferta y la demanda, obvio. Pero la oferta y la demanda de trabajo a su vez, ¿de qué dependen? Aquí se vuelve interesante el asunto porque la oferta de trabajo depende de las opciones que tenga la gente en caso de que opte por no ir al mercado laboral. Esto a su vez depende de si existe o no un seguro de desempleo, de si existe o no un sistema de salud con beneficios portátiles, de si existen o no guarderías públicas para niños, en fin. La demanda también depende de cosas como por ejemplo cuán largas son las vacaciones legales, cómo se pagan las horas extras, cuáles son los causales justos de despido, en fin. Lo que llamamos "mercado laboral" no es sino la punta competitiva de un iceberg en cuyo fondo hay infinidad de detalles legales y, por ende, políticos. El precio del trabajo en cualquier país es el resultado de toda la historia de luchas políticas y sociales y los resultados que éstas han tenido.

Pasemos ahora al caso del precio de la deuda pública que esta en el centro de la tormenta política actual. Yo soy de los que creo que las deudas mediterráneas de este momento deberían ser reestructuradas sin necesidad de someter a estos países al látigo de una austeridad sin fin. (Ese es uno de los temas cruciales del 15-M.)

Cuando yo compro un bono de cualquier entidad, soy beneficiario de su prima de riesgo. Estoy, por ejemplo, dando $80 con la perspectiva de recibir $100 más adelante. Si no hubiera ningún riesgo, simplemente hubiera tenido que pagar $98 (por decir algo). Esos $18 de diferencia, que se quedan en mi bolsillo para mi disfrute, son el reconocimiento que me hace el deudor de que existe un riesgo de impago. Pero el tal impago puede llegar a pasar. El deudor puede quedar insolvente. En ese caso, ¿qué debo hacer? En condiciones normales, tengo dos opciones: o voy a la corte de quiebras a que me pongan en la fila de acreedores para tratar de salvar algo, o busco un arreglo amigable con el deudor. En todo caso, no puedo hacer que me pongan de primero en la fila y me den mis $100 como si fuera un "derecho natural."

Entonces, ¿por qué en el caso de Europa (o antes, de América Latina) resulta impensable una reestructuración? Supuestamente porque entonces no volverá el capital a estos países. Pero ¡ojo! Esto es una especulación nuestra. Se trata de una decisión que puede afectar a millones de personas, basada únicamente en lo que algunos creen que va a ocurrir dentro de algunos años. Más exactamente, es una creencia sobre lo que los "inversionistas" (cualesquiera que sean) van a creer dentro de un tiempo acerca de las actuales causas del impago. Eso no tiene nada que ver con eficiencia en la asignación de recursos, ni con escaseces relativas, ni nada por el estilo. Es, en el mejor de los casos, resultado de conjeturas sobre conjeturas o, en el peor de los casos, resultado de juegos retóricos de algunos intereses políticos poderosos.

La crisis financiera ha puesto esto de relieve pero no hay razón para creer que es excepcional. Bonos de deuda es algo que se transa todos los días; es uno de los precios más importantes de la economía. Entonces, resulta que ese precio tampoco es "puramente económico." Pero, si ni el precio del trabajo ni el precio de la deuda lo son, entonces ¿cuál precio sí lo es?

Thursday, May 19, 2011

Protesto! Ni "The Guardian" ni "New York Times" tienen nada sobre el 15-M!!

Y esa es la prensa "progresista"...

Tecnocracia y Cambio Social

Listo. Ya me cansé. ¿Han visto cómo siempre, aún en medio de la crisis económica más profunda de la postguerra, los pontífices del statu quo dicen que el problema es que la oposición no tiene propuestas concretas? Sí. Es cierto. Tienen razón. Pero ya me cansé de esa cantilena.

Una de las cosas que más llama la atención de esta crisis es que, hasta el momento ("por ahora" como decía el Teniente Coronel Chávez), la reacción de la opinión pública ha sido bastante timorata cuando no abiertamente retrógrada. En Estados Unidos el Tea Party, a pesar de su retórica anti-Wall Street, termina por defender los privilegios de los más ricos. Los españoles están a punto de darle enormes mayorías al Partido Popular, precisamente el arquitecto del modelo especulativo que estalló en la crisis y el que más dispuesto está a defender los intereses del gran capital. En Italia... en fin, Italia es caso perdido. Por donde se mire, los sectores políticos que más se han beneficiado de la actual crisis son los que más contribuyeron a gestarla.

Claro, el asunto es mucho más complejo. Ya en algún momento diré algo sobre los resortes que mueven a la opinión pública en tiempos de crisis. Pero de momento, es claro que uno de los factores que contribuye a esta pasividad es la sensación generalizada de que no hay alternativa.

El libreto es más o menos el mismo: los mercados financieros "están nerviosos," si los gobiernos no los apaciguan sacrificando a millones de personas que no especularon con las burbujas inmobiliarias, que nunca pidieron ser parte de ese casino, entonces vendrá una hecatombe, además, los mercados financieros, además de temperamentales, son muy complejos. Solo los expertos pueden saber cómo tratar con ellos y si los expertos dicen que hay que seguir con los recortes de gasto y los apretones generalizados, pues así ha de ser. Puede que algunos de estos expertos sean ex-empleados o futuros empleados de los grandes bancos. Pero es pura coincidencia. Es que las finanzas son un asunto muy complejo.... Las grandes democracias del mundo están actuando como las tribus primitivas que hacían sacrificios para apaciguar dioses con los que solo una pequeñísima casta sacerdotal se podía comunicar.

Claro, se me dirá que hay una gran diferencia entre ambos casos. Las tribus primitivas estaban equivocadas respecto a las causas de las plagas, o las inundaciones, o el desastre de turno. En cambio ahora los "dioses del mercado financiero" funcionan de acuerdo a reglas científicamente establecidas. A eso me referiré en otra entrada de este blog. Por ahora lo que me interesa es el papel de la tecnocracia como aparato legitimador.

Esto es un tema sensible para mí porque yo soy científico social, posible tecnócrata, de modo que soy susceptible a las seducciones de este sistema. Pero mirándolo desapasionadamente (como buen científico...) creo que es hora de rechazarlo.

Es cierto que proponer una alternativa al actual funcionamiento del sistema financiero (o del sistema capitalista en general) es una tarea titánica. Requeriría un esfuerzo intelectual enorme de millares, o centenares de millares de científicos sociales. Pero basta con pensar en lo que esto implicaría para darse cuenta de lo ridículo que es pedir semejante tiquete de entrada para una propuesta política alternativa.

Visto de otra manera: hoy en día está claro que el desastre económico actual se gestó en la fiebre desreguladora que se inició en los años 80 y que se ha ido acrecentando con el tiempo. Una estructura financiera que mal que bien había propiciado cierta estabilidad durante los años de la postguerra fue desmantelada por, otra vez, tecnócratas que nos prometían ríos de leche y miel. Pero, y aquí está lo curioso, ellos tampoco tenían una propuesta sistemáticamente estudiada. Las batallas políticas que ganaron los fundamentalistas de mercado fueron eso: batallas políticas. Los bancos pidieron flexibilidad para mezclar banca de inversión y banca comercial porque les beneficiaba, y la obtuvieron. Los bancos pidieron mayores cotas de apalancamiento porque eso les permitía apostar más con dinero ajeno, y las obtuvieron. Los bancos pidieron desregulación de las "derivadas" porque eran un excelente negocio, y la obtuvieron. Nada de esto fue producto de una "propuesta alternativa" cuyas consecuencias estaban ya meticulosamente calculadas. Al contrario, muchos sospechaban desde un comienzo que todas estas desregulaciones iban a aumentar la inestabilidad del sistema y fueron ignorados.

Entonces, ¿por qué ahora sí se le pide a los críticos que tengan una "propuesta alternativa"? El cambio social no sale de estudios técnicos. El capitalismo no surgió de un estudio técnico. Simplemente los grandes capitales fueron conquistando mercados y acumulando poder político. Su legitimación ideológica vino después.

Cuando la gente ahora dice que la crisis la paguen los banqueros, se trata sin duda de una formulación cruda, sin ningún aval técnico y probablemente con poca viabilidad política o económica. Pero si a partir de esas consignas tan crudas se constituyera un movimiento político significativo, sería absurdo pedirle que diseñe una nueva arquitectura financiera. Eso es tarea de otros. Los movimientos políticos ponen sobre la mesa sus principios políticos y si ganan, los ejecutan y se acabó. Los detalles tecnocráticos se deciden después.

Los que me conocen ya tal vez sospechen con qué voy a salir ahora. Una de las ventajas que le veo precisamente a las nociones de renta básica es que, aunque tengan justificaciones tecnocráticas, son también expresión de un principio político claro: todos los ciudadanos son co-dueños de la riqueza de un país y por lo tanto tiene derecho a participar de ella, punto. Ya los detalles de cómo se implemente, de quiénes tengan que pagar más impuestos, y cosas así se pueden ir decidiendo.

Imaginemos por un momento que ya los países afectados por la crisis financiera hubieran implantado una especie de socialismo de renta básica. Entonces, a la hora de pensar en cualquier forma de reestructurar las deudas (que es en últimas el principal componente de la crisis), los ciudadanos tendrían el mismo status que cualquier otro tenedor de bonos. La negociación sería de igual a igual en vez del espectáculo al que estamos asistiendo ahora en el cual hay que recortar el "gasto social" porque tienen prelación los tenedores de bonos.

¿Qué consecuencias tendría esto para el mercado financiero? No importa y esa es la lección central. ¿Por qué para poder defender el principio de que los ciudadanos de a pie cuentan tanto como los banqueros tendría uno que ponerse a estudiar todos los posibles escenarios de futuros flujos de capital? ¿Es que cuando se estaba creando el actual sistema financiero alguien se puso a hacer estudios sobre los futuros gastos sociales que serían necesarios para asegurarle a cada ciudadano un nivel de vida básico?

Entonces dejémonos de tonterías. La tecnocracia tiene su lugar en la sociedad, eso no lo discuto. Pero que no volvamos a un puñado de expertos en los árbitros de todo posible cambio social. Menos aún cuando muchos de ellos son beneficiarios del orden existente.

¿Y Ahora "Primavera Mediterránea"?

Por supuesto que Túnez, Egipto, Libia y Siria están en el Mediterráneo. Como también lo están los Territorios Ocupados Palestinos. (Pero Yemen y Bahrein no.) Pero esta semana, al parecer, la "primavera" cruzó el estrecho de Gibraltar y llegó a Europa, cosa que no pudieron hacer los 60 refugiados que se quedaron en el mar sin ayuda.

El hecho es que aquí en la Puerta del Sol de Madrid hay una manifestación bastante nutrida de jóvenes que están resueltos a acampar allí hasta las elecciones del 22 y de paso provocar un buen sacudón político. El patrón no difiere mucho del observado en Túnez o en Egipto: movilizaciones relativamente espontáneas, sin una dirección política clara, con multitud de consignas no siempre claras. Si este movimiento crece, será, al igual que las revoluciones en los países árabes, un recordatorio de que estos eventos surgen en forma mucho más confusa y abigarrada que lo que después queda en los textos de historia.

Es prematuro saber en qué van a terminar las movilizaciones de España (porque no es solo Madrid). Pero hay señales de que esto puede crecer. En cierto modo era de esperarse. La crisis económica española es profundísima.  Aunque el movimiento está aún en su infancia, uno de los temas que más aglutina es la llamada "salida social de la crisis." Esto me sirve de pretexto para decir un par de cosas que he venido pensando en esto días. Las pondré más adelante.

Por lo pronto, debo decir que me gusta el movimiento 15-M (que es el nombre genérico con el que se le conoce) y me encantaría que creciera y se consolidara. ¡Ya era hora!

Monday, May 9, 2011

Libertades Públicas y Privilegios Privados

De pronto debería darme vergüenza confesar el pretexto de este escrito: se trata de una noticia de política menuda en Estados Unidos que atañe a un reducido círculo de intelectuales; no me queda fácil reconocer que ando pendiente de esta clase de cosas. Pero en fin, así soy.

El hecho es que se ha armado un escándalo que ha conmovido al mundo. Bueno, para ser más exactos, al mundo anglo-parlante, aún más preciso, el de Nueva York y Londres. A decir verdad, las partes de Nueva York y Londres que viven pendientes de las actividades intelectuales. Pero no todas, solo aquellas que atañen a universidades y, en especial, en cuanto tienen algún componente relacionado con Israel.

El motivo del escándalo es que la universidad pública de Nueva York, CUNY, decidió no otorgarle un grado honorífico a Tony Kushner, dramaturgo estadounidense muy importante, ante la oposición de uno de los miembros de la junta quien acusó a Kushner de adoptar posiciones radicales en contra del Estado de Israel. El asunto ha ido creciendo en cobertura y ahora es todo un debate.

La verdad el asunto como tal no me parece tan importante o interesante como para gastarle tiempo. (Como imaginarán, estoy del lado de los que les parece que la conducta de CUNY en este episodio ha sido una desgracia.) Pero me llama la atención por la forma en que se ha planteado el debate. Una buena introducción a lo que quiero decir es leerse, en ese orden, el artículo de Stanley Fish de hoy, y luego el artículo de Stephen Walt. (Test para perezosos: el artículo de Walt es el primer vínculo de esta entrada. Si no lo han leído todavía es porque cuando pasaron por ahí no quisieron enterarse.)

Como una primera aproximación, Stanley Fish tiene razón: el incidente como tal no constituye ninguna violación de las libertades de nadie y por lo tanto, no tiene por qué pasar a mayores. Nadie tiene el derecho fundamental de recibir títulos honoríficos. Nadie le está prohibiendo a Kushner que se pronuncie sobre Israel.

Pero visto más de cerca el asunto, Walt insinúa un ángulo que tiene más implicaciones cuando dice que detrás de los actos de CUNY hay un intento de "intimidar" a críticos de Israel. Y Walt sabe mucho de eso, con todos los insultos que le han llovido...

No entro a discutir si fué deliberado o no el dichoso intento de "intimidar." Pero dejando atrás los detalles sobre este episodio, sí hay en el fondo una pregunta más importante.

En las sociedades modernas entendemos que la esfera pública debe ser plenamente libre, todos los ciudadanos deben tener derechos básicos para expresar sus puntos de vista, y así sucesivamente. Pero como contrapartida de este principio, solemos considerar que las organizaciones privadas (bueno, en este caso CUNY es pública, pero ignorémoslo de momento) son libérrimas a la hora de decidir cómo adjudica sus espacios de expresión, quién se expresa en ellos y para decir qué.

Pero en la realidad las cosas no son tan sencillas. Un sistema de libertades públicas por sí solo puede ser insignificante para una persona porque todo individuo necesita también la capacidad de interactuar con organizaciones privadas. Por ejemplo, yo tengo todo el derecho de escribir lo que se me dé la gana en este blog. Pero esa libertad no tendría el mismo significado si, como resultado de lo que yo escribo acá, el día de mañana me viera sometido a alguna campaña de silenciamiento, o vetos o cosas por el estilo a manos de organizaciones privadas. El discurso público requiere de recursos privados (acceso a plataformas visibles, difusión, reconocimientos, etc.) de modo que una corporación privada puede influír muchísimo sobre qué tan libre es la esfera pública.

No estoy diciendo que toda institución privada debe ser obligada a darle difusión a todos los puntos de vista. No me gustaría, por ejemplo, que el Center for American Progress (un think tank de izquierda en Estados Unidos) tuviera que darle, por obligación, un blog a Charles Krauthammer. (Aunque me encantaría que a la Heritage Foundation la obligaran a darle un blog a Paul Krugman, je, je, je....)

No hay ninguna solución preconcebida a este problema. Pero sí está claro que la inquietud de fondo es plausible: el poder corporativo distorsiona la esfera pública. Por lo mismo, aunque es imposible tener una "solución", sí es posible saber qué cosas son contraproducentes: por ejemplo, la decisión de la Corte Suprema de Estados Unidos (Citizens United) que aumenta el poder de las empresas para financiar campañas políticas, máxime cuando se basa en el principio absurdo que considera que financiar una campaña política no es distinto de ejercer el derecho a la libertad de expresión.

¿Dictaduras Mayoritarias?

Esta es una inquietud que hace mucho tiempo me da vueltas en la cabeza y que casi nunca tengo el pretexto para ponerla por escrito. El momento que he estado esperando para hacerlo es cuando haya alguna noticia sobre Cuba que me sirva de ocasión. Pero en estos días ese frente noticioso no se ha movido mucho. Así que aprovecho otro pretexto: Siria.

De acuerdo, no tengo ni idea sobre Siria. Pero para eso es este blog: para escribir sobre cosas que no sé. Para escribir sobre temas que conozco, más bien trato de publicar en otro lado que para eso me pagan.

Bueno, ahora más en serio: el gobierno sirio ha optado por reprimir muy duramente las protestas que se han levantado en su contra. Al parecer ya ha causado cientos de muertos. Hasta ahí nada raro. Triste sí, deprimente, sí. Pero raro, no. Lo curioso del asunto es que, según varias fuentes, el presidente Bashar al-Assad es bastante popular en Siria. Se dice que si se presentara a unas elecciones competitivas, ganaría sobrado hasta con más del 60% de la votación.

En cierto modo esto se puede parecer a la situación de Cuba hace algunos años. Yo sospecho que el gobierno de los Castro se encuentra ahora muy desprestigiado y sería incapaz de ganar una elección abierta. Pero, por otro lado, también estoy casi seguro de que en sus momentos de gloria, Fidel Castro habría ganado cualquier elección popular que se le pusiera en frente.

Lo mismo es cierto de muchos otros dictadores. Me cuesta trabajo imaginarme que Kim Il Sung hubiera perdido una elección. (Su hijo sí, al parecer. Según algunos informes, el mismo gobierno entiende que Kim Jong Il tiene serísimos problemas de legitimidad. No sé. Ingenuo que soy yo, a mi me parece que eso puede tener algo que ver con una hambruna que mató cerca de un millón de personas...) Con todo y el odio y desprecio que me suscita, creo que Pinochet hubiera ganado algunas elecciones, si las hubiera hecho. (Digamos, antes del colapso económico del 81 o, después de la recuperación del mismo colapso, por ahí en el 86, 87.)

La pregunta entonces es, ¿por qué no llaman a elecciones? La respuesta que se me ocurre es muy sencilla: porque el objetivo de esos regímenes (palabra esdrújula, por favor, con tilde en la "í," estoy cansado de oír a gente muy educada que la pronuncia mal...) no es simplemente ganar elecciones sino poner en marcha políticas que no serían sostenibles con una oposición del 45%.

Supongamos que alguno de los personajes a los que me he referido hubieran hecho una elección y la hubieran ganado. En cualquier país del mundo, en una elección competitiva digna de tal nombre, es decir, con sufragio limpio, con igual acceso a los medios, etc, etc, el ganador obtiene a lo sumo un 65% de la votación. Si obtiene más, es difícil que repita a la próxima semejante paliza. Puede que gane muchas elecciones seguidas, pero su margen de victoria en promedio a lo largo del tiempo difícilmente va a pasar de 20% o 30%. Es decir, con un proceso electoral limpio, el gobierno más popular imaginable tendrá que enfrentarse con el rechazo de un 30% de la población.

Pero hay cosas que Ud. no puede hacer si tiene el 30% de la población en su contra. Si quiere expropiar todas las empresas privadas, hasta las más pequeñas (como Castro en su momento), o si quiere desmantelar todas las protecciones del Estado (como Pinochet en su momento), o si quiere conservar la hegemonía de una minoría religiosa muy pequeña apuntalada por una clase de millonarios creados por el Estado (como la minoría alawi en Siria), mantener viva una oposición del 30%, que tenga las necesarias garantías para crecer en el futuro próximo puede resultar un desastre. Hay transformaciones en el orden social tales que son inviables si el 30% de la sociedad está en capacidad de reagruparse y luchar en su contra con suficiente determinación.

Fíjense que bien puede tratarse de proyectos políticos que gocen del respaldo de las mayorías. Es decir, puede que sean dictaduras mayoritarias. Esto me lleva a un punto que hace mucho vengo pensando: el 50% más uno, típico de las democracias, es un constructo bastante arbitrario.

Un corolarios inquietante: en toda lucha política, todo lo demás constante, los sectores con más poder económico tienen más capacidad de organización. Los propietarios del capital tienen siempre más posibilidades de incidir sobre la opinión pública a través de los medios, tienen una mayor capacidad de "amenaza" con la fuga de activos, tienen más acceso a fuentes de discurso legítimo (como la tecnocracia, la academia) y así sucesivamente. Es clave la cláusula de "todo lo demás constante." Históricamente hay casos de sociedades en las que las clases obreras ha logrado niveles de organización tales que adquieren un status hegemónico dentro del sistema político (Escandinavia) o, por lo menos, son tan fuertes que hay que tomarlas en cuenta en cualquier decisión clave (Alemania, Holanda, Reino Unido).

Pero cuando no es así, el sesgo a favor del capital es evidente. De lo anterior se deduce que la transición a la democracia puede tener cierto signo ideológico. La dictadura de Pinochet, por ejemplo, con su feroz persecución a la clase obrera, dejó despejado el terreno para su agenda ideológica de modo que cuando llegó la hora de entregar el poder, sabía que en lo fundamental, ya se había salido con la suya. (Claro, eso no obvió la necesidad de los senadores vitalicios y todas esas otras reliquias autoritarias que el pinochetismo dejó sembradas en la Constitución chilena.) En palabras de ese otro dictador de derecha (Franco), todo había quedado "atado y bien atado." Irónicamente, Franco no dejó las cosas tan atadas como creía.

En cambio, para una dictadura de izquierda el peligro de que se recomponga el poder de los propietarios del capital no es tan fácil de suprimir. Fidel Castro nunca llegó a sentir que el orden resultante de la Revolución ya estuviera "atado y bien atado", a tal punto de que aguantara una serie de elecciones en las que, digamos, pequeños y grandes empresarios pudieran aliarse en torno a algún partido político. En parte, eso explica el permanente clima de tensión que se vive en dichas dictaduras. Cualquier ganancia de la oposición, cualquier rendija por la que pueda colarse el capital privado, es vista como una amenaza al mismísimo centro neurálgico del régimen. Son dictaduras mucho más férreas, pero a la vez más frágiles.

En esos casos hay una posible "solución" que hemos venido viendo en los últimos años: que el liderazgo político se vaya imbricando con el poder económico. En vez de estar todo el tiempo en estado de máxima alerta contra el posible regreso de los grandes propietarios, el régimen puede convertirse en el gran propietario por excelencia. De esa manera, el régimen puede darse el lujo de abrir gradualmente el sistema, a sabiendas de que ahora puede combinar las ventajas de su protagonismo político con su poder económico para, llegado el caso, ganar elecciones.

Si tengo razón, eso explicaría por qué China se ha vuelto un poco más tolerante en los últimos años. (Sí. Ya sé. Me van a salir con los últimos casos de represión. Déjenme decirles: son terribles pero no son ni la sombra de lo que hubiera ocurrido en tiempos de Mao.) De la misma manera, esto podría ser el cálculo estratégico de Raúl Castro: el sector de empresas del Estado (y del Ejército) puede entrar en alianzas estratégicas con inversionistas extranjeros para volverse suficientemente eficiente y productivo como para mantener a raya la competencia de nuevas élites económicas y, si eso funciona, entonces el monopolio político del Partido no tiene nada que temer. Al parecer, la élite de los gerentes de empresas del Estado de Corea del Norte están haciendo un cálculo similar. Lo curioso es que de estos tres ejemplos solamente China ha podido echar a andar el proceso con buenos resultados. (Al parecer Viet Nam también lo ha logrado.) Pero ni Cuba ni Corea del Norte han podido y esto se ha traducido en enormes sufrimientos para la población tanto en su nivel de vida como en sus libertades políticas.

Otro corolario, aún más inquietante: Si todo lo anterior es cierto, ¿qué implicaciones tiene para quienes nos consideramos socialistas pero que nos parece horrible la trayectoria que han seguido Cuba o Corea del Norte desde sus respectivas revoluciones? Dicho de otra manera, para llamar la atención de quienes no son socialistas: ¿qué implicaciones tiene todo esto para la noción misma de democracia? ¿qué implicaciones tiene el hecho de que haya transformaciones sociales que tal vez beneficien a una gran mayoría pero que sean inalcanzables mediante las fórmulas políticas que actualmente conocemos como democracia?

No tengo ni idea de la respuesta. Es más, algo me dice que es tan desagradable que hasta de pronto es preferible no saberla....

Sunday, May 1, 2011

Qué 99 Años No es Nada...

Siento que debería poder decir algo sobre la muerte de Ernesto Sabato. Algo hermoso, triste, profundo, desgarrador como su obra. Pero no. Lamentablemente hace tiempo no releo alguna de sus obras como para poder hacer una referencia digna. 

Eso no quita el hecho de que se fue un grande. Hace mucho tiempo esperábamos el fin. Pero no por eso es menos triste. No llegó a los 100 años. Le faltaron pocas semanas. Ni siquiera pudo llegar al homenaje que le tenían preparado hoy en la Feria del Libro de Buenos Aires. Hasta en la hora de la muerte su destino fue irregular. Pero no importa. En cierto modo, al hablar de su vida y de su tiempo, siempre será acertado referirse al "siglo de Sabato." Pocos vivieron este siglo como él y a pocos les dolió tanto como a él.

¡Adiós Ernesto!  

Friday, April 29, 2011

No Sé a Uds. Pero a Mí Me Parece que los Robos Atentan Contra los Derechos de Propiedad

Esto es una queja recalentada, pero más vale tarde que nunca. En Colombia, desde los 90s, con el cuento del "consenso de Washington" se puso de moda el tema de los derechos de propiedad, las reglas del juego estables, la confianza inversionista y los ríos de leche y miel que fluirían de todo eso. Toda una casta de intelectuales, entre ellos, naturalmente, muchos economistas, se dedicaron a cantar el coro correspondiente. "Ven, ven, ven, ven a nuestras almas" le decían al capital, especialmente extranjero, con toda clase de rebajas de impuestos, de promesas de que no se les iban a cambiar las regalías, de que se les pagaría cualquier disrupción que resultara de huelgas o protestas, cosas de ese estilo, todo en nombre de la santidad de los derechos de propiedad, sin la cual no puede haber inversión, crecimiento, prosperidad y salvación eterna.

Uno puede estar de acuerdo o no con ese diagnóstico. Hay gente respetable que piensa así. Lo que me enfurece es que, durante ese mismo periodo, se perpetró una de las mayores violaciones a los derechos de propiedad que se hayan registrado en la historia de Colombia: el despojo de millones de hectáreas de tierra que estaban en manos de millones de desplazados, todo esto a cargo de milicias armadas, con mucho dinero narco, consolidando una concentración de tierras que parece salida del capítulo 26 de "El Capital" sobre la "acumulación originaria." (Aquel capítulo donde Marx dice que "el capital viene al mundo chorreando sangre y barro por cada uno de sus poros.")

¿Dónde estaba la ira de los neoliberales fundamentalistas en ese entonces? ¿Cuántas renuncias indignadas vimos durante, por ejemplo, la Administración Uribe en protesta por este fenómeno? Y no me vengan con el cuento de la Ley de Justicia y Paz: el despojo de tierras siguió durante la Administración Uribe, así como los asesinatos de quienes las reclaman. ¿Es que ahí si no importan los derechos de propiedad?

Existe una respuesta sofisticada a estas preguntas retóricas: sabido es que en Colombia hay un caos enorme con los derechos de propiedad de la tierra, caos que viene de atrás, del desgreño de los catastros, las notarías y las registradurías de instrumentos públicos.Todo ese caos es el que ha hecho posible el despojo. Pero, ¿por qué ese caos? Ah! porque si se arreglara, tocaría pagar impuestos y muchos terratenientes no quieren. Entonces, vuelve la pregunta: si de verdad queremos ser neoliberales, entonces ¿por qué no meterle el diente a ese asuntico? ¿Hay acaso algún fragmento de Friedman, de Buchanan, de Hayek o de von Mises donde diga que el orden libertario incluye la libertad de escamotear impuestos y de robar tierras? O ¿no será más bien que el neoliberalismo criollo conoce las obras de esos clásicos, pero conoce mejor sus propias fuentes de financiación?

El Peor Partido Político del Mundo Sigue Empeorando

Con todas las críticas que uno pueda tener de la Administración Obama, yo quiero que gane la reelección en el 2012. Por eso no sé si alegrarme o preocuparme sobre los últimos eventos en el Partido Republicano, el Peor Partido Político del Mundo.

Hasta ahora, todo apunta a que de los posibles candidatos para el 2012, el único que tiene algo de empaque de estadista, con cierta experiencia, con logros de política doméstica etc. es Mitt Romney, ex gobernador de Massacussets. Pero, como lo dice The Onion, el periódico más serio de Estados Unidos, Mitt Romney tiene un problema gravísimo, una sombra que lo acompañará durante toda su campaña: siendo gobernador cometió el imperdonable error de expandir la cobertura de salud de su estado.

Quitando a Mitt Romney, lo que queda es un conjunto de payasos, oscurantistas, lambones, analfabetas (y a veces las cuatro cosas al tiempo) que ningún partido serio del mundo se atrevería a nominar candidato (o candidata) en una murga de colegio (con perdón de las murgas de colegio de verdad). Sarah Palin y Michelle Bachmann son unas fanáticas macartistas que ni siquiera se han tomado la molestia de averiguar datos básicos sobre la historia de Estados Unidos o su Constitución. Tim Pawlenty, de quien uno hubiera esperado algo de seriedad por haber sido gobernador de Minnesotta, decidió que para ser presidente basta con memorizarse libretos de película estilo "Independence Day." El mismo Mitt Romney, tratando de hacerse perdonar su error, ahora se la pasa diciendo lo que el Tea Party le pida que diga. Ya declinó Haley Barbour, aunque bueno, de algo le sirvió la experiencia: aprendió que en Estados Unidos los negros ahora resulta que son legalmente iguales al resto (y dizque es así desde hace cuarenta años....) Como para acabar de completar, ahora el líder de las encuestas es Donald Trump que se empeña en captar el voto de los blancos semi-analfabetas a quienes les parece infame que haya un negro más inteligente que ellos.

Por tanto, si aún queda algo de sanidad mental en el sistema político norteamericano, Obama va a ganar la reelección de lejos contra cualquiera de esos personajillos de poca monta. Esto a pesar de que la economía, históricamente el gran predictor de las elecciones gringas, va a seguir postrada.

Por ese lado, no está mal. Como decía Napoleón Bonaparte, uno no debe distraer al enemigo cuando se está equivocando. Si el Partido Republicano decide no ponerse en el trabajo de buscar un candidato presidencial digno de tal nombre, es culpa suya.

Pero por otro lado, ¿qué implicaciones tiene para la democracia norteamericana que uno de sus dos partidos históricos lance a la presidencia un candidato así? Hay dos versiones: una optimista (que se la oí a un colega mío hace poco) y otra pesimista (que es la que me inquieta).

La versión optimista: un candidato de estos lleva al Partido Republicano a un ridículo electoral que termina por destruir sus facciones más fanáticas. Tras la debacle del 2012, los republicanos cerebrales pueden decir "mire lo que pasó por andar Uds. en esas," retoman el control y el partido vuelve a ser un partido normal. Digamos algo como lo era en tiempos de Bush padre.

La versión pesimista: en Estados Unidos casi nunca un presidente saca más del 55% de los votos. O sea que un candidato republicano, cualquiera que sea, puede sacar entre el 40% y el 45% de los votos. Sobre todo porque una vez nominado, el establecimiento, la parte seria del partido, no va a salirse asqueado sino que va a trabajar para darle respetabilidad. (¿Han visto como Greg Mankiw, o mi exprofesor John Taylor, o mi ex jefe Michael Boskin, se dedican a justificar los absurdos del Tea Party sabiendo, como deben saberlo, que son absurdos?) Los formadores de opinión del establecimiento conservador van a salir a defender el remedo de candidato que les pongan a defender. (Si acaso David Frum va a mostrarse incómodo, pero Kristol, Krauthammer, solo para hablar de los columnistas "cultivados" nos van a regalar páginas y páginas sobre los paralelos entre Michelle Bachmann y Margaret Thatcher o sobre las dotes churchillianas de Donald Trump.)

Entonces, vamos a tener que en la mayor democracia del mundo un 40% del electorado va a votar por un candidato que será una burla, incluso un insulto, a los mismos principios de la democracia liberal tales como el papel de la razón y el conocimiento en la formación de opiniones y políticas, la importancia del libre examen, y cosas de ese estilo. Es para preocuparse.

Nunca He Creído en Mis Pronósticos, Pero a Veces Pasan Cosas...

Repito lo que he dicho muchas veces: yo soy pésimo para pronósticos sobre el futuro. Si no más me complico con el presente y el pasado... Pero por eso me llaman la atención las últimas noticias de la Autonomía Palestina.

Cuando cayó Mubarak yo expresé mis inquietudes sobre qué impacto tendría sobre el clima político el hecho de tener un gobierno egipcio más afín a Palestina. En particular, me preguntaba qué pasaría si el nuevo gobierno egipcio abría la frontera con Gaza. Ahora parece que se va a abrir la frontera, en el marco de una reconciliación entre Fatah y Hamas. Mi temor de aquella época era que el gobierno de Israel reaccionara con tal beligerancia que terminara por radicalizar los sectores pro-palestinos en Egipto. La beligerancia no se hizo esperar. O sea que en mi cadena de tres eslabones ya se alinearon dos. Muy seguramente el tercero no se va a cumplir. Y, como de costumbre, mi pronóstico va a fracasar. Pero ya me empiezo a inquietar. 

No Entiendo a Carlos Vicente de Roux.

Carlos Vicente de Roux ha sido desde hace mucho una de mis figuras predilectas del Polo Democrático. Si de mí dependiera, él estaría ocupando un lugar mucho más prominente del que ahora ocupa. Una vez hasta llegué a sugerir calladamente que se lanzara, en forma un tanto quijotesca, como precandidato presidencial a pesar de nunca haber pasado de concejal. Era una locura, ya sé, y lo sabía en aquel momento. Pero es que a veces en política hay que hacer locuras. (Como dije en aquel entonces, Obama pasó de ser miembro del Senado Estatal de Illinois, que es como ser diputado a la Asamblea de Santander, a presidente de la República en cuestión de cinco años.)

En fin. Todo esto lo digo para que no quede duda de que mis comentarios ahora son los de un firme simpatizante.

El hecho es que me desconcierta su salida de ahora dicendo que no se lanza como precandidato a la alcaldía de Bogotá porque el partido no se ha deslindado de la Administración Moreno. No entiendo. Yo no sé mucho de política activa y de pronto alguien me lo puede explicar.

Si yo soy un simpatizante raso de un partido, puedo decidir salirme o quitarle mi apoyo cuando tome posiciones que a mí no me gustan. Pero si yo tengo cierta posición de liderazgo dentro de un partido, no me puedo quedar esperando a que el partido tome las posiciones que me gustan para luego sí decidir si asumo responsabilidades dentro de él. Si tengo una posición de liderazgo, me corresponde influír sobre el partido precisamente para que tome las posiciones que sí me gustan. Y una forma muy eficaz de lograr eso es haciéndome contar, es decir, por ejemplo, lanzándome de precandidato a cargos de elección popular.

Si Carlos Vicente se opone a la Administración Moreno (con toda la razón, creo yo), lo lógico hubiera sido que se lanzara como la alternativa dentro del Polo Democrático. Casi me atrevería a decir que era su deber hacerlo. Si uno es miembro activo de una colectividad, que ha ocupado cargos de elección popular, que tiene imagen, que genera optimismo entre muchísimos militantes, en fin, uno tiene dos opciones: o trata de incidir sobre el partido desde adentro (lanzándose como precandidato cuando sea el momento) o se va.

Pero la opción que escogió, de mandar una carta muy dura y seca, no sirve para nada. Perfecto, ya sabemos que el ciudadano privado Carlos Vicente de Roux está en desacuerdo con la Administración Moreno. Pero la pregunta no era esa, en parte porque ya lo sabíamos desde hace rato. La pregunta era: ¿cuántos bogotanos se identifican con la izquierda que representa el Polo y quieren defender una alternativa distinta a la de Moreno? Esa era la pregunta fundamental, la que hubiera podido incidir sobre la marcha del Polo. La única forma de responder esa pregunta era con un precandidato que surgiera del mismo partido y que se opusiera a la Administración Moreno. Y ese precandidato tenía un nombre que, por casualidad, es el mismo que el nombre del ciudadano privado Carlos Vicente de Roux. Pero ese ciudadano privado ahora nos privó de la posibilidad de conocer la respuesta a esa pregunta.

De pronto Carlos Vicente está haciendo un cálculo estratégico más sofisticado que el que yo, pobre lego a la distancia, puedo hacer. Pero si es así, me encantaría conocerlo. Entre tanto, me parece que la salida de Carlos Vicente le ha hecho un flaco favor al partido.

Como siempre me gusta buscarle el lado positivo a las peores noticias, me gustaría creer que de esto lo que nos queda es que Carlos Vicente, al no medirse en el pulso de la Alcaldía, nos queda como reserva para el 2014... Pero, ¿qué es este ruido que oigo? Ah! Es mi reloj despertador, hora de levantarme...

Wednesday, April 27, 2011

A Veces Detesto a Colombia (A Propósito del Caso Soacha)

Los lectores habituales de este blog saben que a mí el asunto del patriotismo no me va muy bien. Yo le hago fuerza a la Selección Colombia cuando juega y canto el Himno Nacional cuando toca (aunque me parece ripiosísimo y la música tampoco es que me impresione tanto como se supone que debe). Nunca renuciaré a la nacionalidad colombiana aunque llevo muchos años viviendo por fuera. Todos los días cuando comienzo mi rutina de prensa por internet, el primer periódico que veo es colombiano. Cuido con primor las inflexiones bogotanas de mi español y quiero creer, por lo menos así me lo dicen, que cuando hablo con algún viejo conocido se me oye exactamente igual al día en que me fui. Aquí ya he consignado mucho de lo que siento por mi segundo país (Estados Unidos) pero tengo claro que nunca seré "gringo." Soy colombiano y punto.

A diferencia de la famosa canción, no estoy seguro de que esté orgulloso de ser colombiano. Pero es por la sencilla razón de que yo no hice nada para serlo. Pero si no estoy seguro de sentir orgullo, sí estoy seguro de que nunca he sentido ni sentiré vergüenza al respecto.

Me encantan muchas cosas de Colombia, voy todos los años, casi siempre más de una vez. Es, para usar el cliché, el único sitio donde me siento en casa. Si refunfuño y critico es porque esa es mi forma de expresar cariño. Como decía mi nuevo paisano y antiguo vecino (de no ser por dos siglos de diferencia) Thomas Jefferson, "dissent is the highest form of patriotism" ("el disenso es la forma más elevada del patriotismo").

Pero hay días que todo esto se viene abajo. Recientemente he estado leyendo y escribiendo sobre el caso de los "falsos positivos" y, debo confesarlo, todo esto es tan grotesco, tan monstruoso que por momentos siento que no puedo querer al país donde ocurren esas cosas.

Comencemos por el principio. Según cifras cautas, puede haber hasta 1500 muertos por cuenta de este caso. Mil quinientos! Entre ellos hay menores de edad. Uno de los asesinados de Soacha tenía 16 años.

En el inventario de atrocidades de América Latina hay de todo. Genocidios, como el de Maximiliano Hernández contra los indígenas en El Salvador (30 000 muertos) o el de Trujillo contra los haitianos en la "Masacre del Perejil" (otras 30 000 víctimas). Masacres sistemáticas, cercanas al genocidio, como las del ejército guatemalteco en los 80s. Aniquilación de aldeas, incluyendo mujeres, ancianos y niños, como la del El Mozote en El Salvador (más de mil muertos). Desapariciones (20 mil argentinos, por ejemplo), torturas, fosas comunes, en fin, la lista es larga. Muchas de esas cosas han pasado también en Colombia.

Pero aún en ese contexto, este caso de los "falsos positivos" se destaca. Colombia no se inventó esta modalidad. En Guatemala era muy común durante la guerra. Pero lo que hemos visto acá es el "perfeccionamiento" de esta práctica, elevada a una operación sistemática, comercial, eficiente, una empresa que incluía al reclutador, a los del transporte, a los del retén falso donde arrestaban a las víctimas, a los miembros del ejército que los ejecutaban, y así sucesivamente. Incluso, según testimonio de las madres, hubo toda clase de trabas para reportar las desapariciones ¿será que el operativo tenía tentáculos en las fiscalías y oficinas de Medicina Legal? Es solo una pregunta. No sé. Me atrevería a decir que es la peor atrocidad perpetrada por el Ejército de Colombia en los últimos treinta o cuarenta años (después de acabada La Violencia de los 50s) y una de las peores atrocidades de cualquier ejército latinoamericano; una mácula que ensombrecerá por años el nombre del país.

Pero más deprimente que los hechos, es pensar en las condiciones que los posibilitaron. En primer lugar, un ejército que desde hace años mantiene nexos con grupos paramilitares. A eso se añaden ocho años de políticas deliberadas para estrechar aún más esos nexos (las "redes de informantes", las "recompensas"). Encima, un presidente para el que todo el que hable de derechos humanos es un terrorista y para el cual mientras más oscura sea la trayectoria de un oficial, más le gusta.

Luego la marginalidad. Desde hace años vengo oyendo de los bogotanos cómo ha mejorado la ciudad. Sí. De acuerdo. Muchas cosas han mejorado. Pero llevo 17 años de no vivir en Bogotá y cada que voy veo que el Parque de la 93 está más bonito, la Zona T tiene nuevos restaurantes, y así sucesivamente, pero que en cambio Soacha, Ciudad Bolívar y otras zonas similares están exactamente igual o peor a como estaban cuando me fuí, solo que ahora con internet. (Al mejoramiento de las condiciones de vida de allí ha contribuído más Silicon Valley que todos los gobiernos colombianos.) Si. Ya sé. No todo es malo. Cada alcaldía ha tratado de hacer cosas. Pero es que el problema va más allá de las alcaldías. En un país que produce marginales, desempleados y desplazados por millares, no hay nada que una buena alcaldía pueda hacer.

Mil quinientos muertos. En Cuba, una dictadura de puño de hierro inaceptable, hay algo así como 200 prisioneros de conciencia. Es un país cuyo gobierno mantiene a su población con niveles de vida muy por debajo de los que podría alcanzar con un poquito de sensatez. Es un régimen bajo el que muchísimos colombianos no quisieran vivir. (Me incluyo.) Pero me atrevo a apostar que las señoras cubanas de los barrios más pobres no tienen miedo de que un día venga un reclutador a llevarse a sus hijos para que el Ejército los mate como parte de un negocio.

Mil quinientos muertos. La Semana Santa estuve de paseo por varios pueblos en Colombia. Vi las patrullas del Ejército saludando a los viajeros. Muchachos uniformados, de buen semblante y buena disposición. Me siento mal por lo que voy a decir pero no puedo evitarlo: en más de una ocasión me pregunté "¿y si alguno de estos participó en un 'falso positivo'?" Me siento mal porque estoy seguro de que la inmensa mayoría del Ejército es inocente y está avergonzada por lo que ocurrió. Muchos de ellos arriesgan la vida honorablemente, para defender a un país que no les devuelve el favor. Pero es que cuando uno empieza a pensar en los "falsos positivos" no puede parar.

Cerca al Salitre hay una glorieta con una estatua que representa un ave (un condor, supongo) sobre una columna. Nunca me he detenido a ver qué es. Pero la ubico como el primer sitio por el que pasé después de haberlo visto en el periódico asociado a una noticia de alcance nacional: allí fue donde apareció el cadáver de José Raquel Mercado, asesinado por el M-19. Después vinieron otros hechos de impacto, casi todos asociados al M-19 y sus tácticas mediáticas (y relativamente incruentas): el robo de armas del Cantón Norte, la toma de la Embajada Dominicana, cosas así. (Claro, había combates también, como en Corinto.) Pero aún contra ese telón de fondo, el asesinato de Lara Bonilla lo recuerdo como un sacudón sin precedentes. (Yo estaba muy pequeño cuando mataron al General Rincón Quiñones.) Ahora también mataban ministros (para acabar de completar yo, como tantos adolescentes bogotanos de la época, era galanista). Algo había cambiado en el país, para siempre. Por lo menos eso creía yo con algo de ingenuidad.

Luego se vino el alud. Estudié con el hijo de Hernando Baquero Borda (a quien, si lee estas líneas, le envío un saludo) y todavía recuerdo el estupor que sentí cuando oí la confirmación de que era él, con nombre y dos apellidos, el asesinado. Estaba solo en Atenas cuando me enteré por azar del asesinato de Guillermo Cano. (No sé por qué me acerqué a ver titulares de prensa a un kiosco ese día, de camino a la Acrópolis.) Por eso no me tocó toda la conmoción que el caso generó (y que merecía). Pero sí me acuerdo del asesinato de Jaime Pardo Leal. Estaba en Villavicencio el día que mataron al senador Pedro Nel Jiménez. Volví a Villavicencio pocos días después del asesinato de Carlos Kovacs, presidente de la Asamblea del Meta. (El Meta era un bastión de la UP.) Las masacres: Segovia, La Mejor Esquina, La Rochela entre otras muchas. El redoble macabro de las muertes de la UP, una a una. Hoy un concejal en el Tolima, mañana un activista en Antioquia, pasado mañana un congresista... Hector Abad Gómez. Si mataron a Hector Abad Gómez, pensaba yo, prohombre del Partido Liberal de Antioquia ¿a quién no van a matar? ¿quién está seguro? Los candidatos presidenciales: Galán, Jaramillo (mi favorito), Pizarro. Las bombas narcoterroristas: Bulevar Niza un Día de la Madre (difícil imaginar mayor atrocidad), el DAS, el Espectador, el avión de Avianca.

En fin, paro la lista porque se me podría ir todo el día. (Aunque debo incluír a Antonio Roldán Betancur, gobernador de Antioquia, a Carlos Mauro Hoyos, Procurador, y a los líderes campesinos de Cimitarra, encabezados por Josué López, que cayeron abatidos cuando estaban en compañía de Silvia Duzán.) Al fin y al cabo, solo quería mencionar los de finales de los 80s y comienzo de los 90s. La razón por la que la empecé es porque en cada uno de esos eventos, siempre oía lo mismo: "este país no puede seguir así," "ahora sí que tocamos fondo," "tiene que venir un cambio," cosas de esas.

Pues bien, ya estoy más viejo, ya han pasado más de veinte años y constato que el país siguió así. Por eso, ahora cuando ocurre lo de Soacha ya ni digo ni oigo a nadie decir que "ahora sí tocamos fondo." Muy seguramente el país va a seguir así después de Soacha. Ya casi nadie habla de Soacha. Ahora el tema son los Nule. Como aprendió Pinochet en su vejez, la gente perdona los asesinatos pero no la corrupción. Matar tres mil disidentes en Chile no tiene problema. Abrir una cuenta en Suiza sí. Mil quinientas ejecuciones extrajudiciales por cuenta del ejército, como parte de un operativo de "recompensas," no son mayor cosa. Unos fondos malversados sí pueden tumbar gobiernos.

Eso es lo que a veces me hace detestar a Colombia. La sensación de que a la historia de Soacha le va a pasar lo que a sus víctimas: va a terminar en una fosa común. Esa fosa común donde están las demás atrocidades del país, muchas sin nombre, que la abrimos para echar la próxima atrocidad y luego la cubrimos mal y a prisa. ¿Y si la podredumbre ya no cabe? ¿Y si hiede ya hasta de lejos? Pués para eso está el aguardiente bien anisado. ¿No ve que Colombia es una verraquera?

Thursday, April 14, 2011

Hacia una Teoría General del Post-Uribismo

Algún día tendré que desarrollar una noción satisfactoria sobre el poder, sobre, como decía Maquiavelo, cómo se obtiene, se conserva y se pierde. Tengo muchos baches en mis ideas al respecto. Por eso, entre tanto tengo que pensar en borrador. Así que aquí va:

Mal que bien, la democracia colombiana sobrevivió a ocho años de Uribe. En lo que yo llevo de vida, ningún presidente había hecho tanto por atacar las instituciones democráticas del país. Comenzó tratando de cerrar el Congreso. Luego arremetió contra las Cortes. Retorció la Constitución cada que pudo, haciéndose reelegir con mecanismos oscuros y luego trató de hacerse reelegir una segunda vez, con mecanismos aún más oscuros. Desconoció la legitimidad de la oposición, acusando a sus adversarios de cómplices con el terrorismo. Vivió de crear una atmósfera de "emergencia nacional" que justificaba cualquier abuso de poder. Se rodeó de una casta de áulicos en la prensa que trataban de formarle su propio culto a la personalidad. En fin, la lista es larga. El gobierno de Uribe fue, para usar la expresión de Mitterrand, un "golpe de Estado permanente." 

Pero lo raro es esto: muchos dictadores intentan todo esto y les funciona mejor en menos tiempo. Según mis cuentas, las dictaduras serias más o menos en cinco años ya logran amarrar todas las cuerdas. Franco ya tenía su propio culto a la personalidad antes de ganar la guerra. Fidel Castro ya había consolidado el régimen de partido único cuando solo llevaba menos de cinco años. Ejemplo tras ejemplo en otras latitudes ratifica lo mismo: una dictadura se suele consolidar en menos tiempo. 

¿Por qué? La respuesta obvia, por lo menos cuando discuto esto con amigos, es que las élites urbanas, especialmente de Bogotá, son aversas a los caudillos, especialmente los de provincia. Hasta ahí todo bien. Pero si uno se hubiera pasado los últimos años leyendo la literatura reciente sobre democratización (por ejemplo Acemoglu-Robinson o Boix) creería que, en general, las élites le tienen miedo a la democracia. Yo hace rato tengo discrepancias con esa literatura. Pero por lo mismo, la pregunta que surge es: ¿Por qué las élites colombianas son tan "democráticas"? 

Históricamente, a diferencia de lo que la literatura dice, las élites colombianas han tenido muy poco que temer de las elecciones. Pocos movimientos políticos radicales, anti-establecimiento, han estado siquiera cerca de ganar las elecciones. Gaitán parecía fijo ganador para 1950, pero acuérdense que quedó tercero en 1946. En una de esas podemos contar a Rojas, modelo 1970 (por favor, ahórrense comentarios sobre su nieto...). Sí. Ya sé lo que van a decir: a Gaitán lo mataron, a Rojas le robaron las elecciones. Pero, primero, no sabemos quién mató a Gaitán. Segundo, son casos excepcionales. Lo normal es que, durante el siglo XX, especialmente en la segunda mitad, las élites económicas y políticas del país han tenido casi absoluta certeza de que las elecciones no iban a producir grandes sobresaltos. 

Esto puede sonar raro para quienes nos hemos acostumbrado, por gracia de los modelos canónicos de economía política, a pensar en las elecciones como "luchas de clases democráticas." Pero hay varios factores a tener en cuenta. Voy a tratar de elucidar algunos.

Primero, la combinación de clientelismo y represión. El clientelismo, rompe las coaliciones redistributivas porque hace que muchos sectores populares dependan de las élites. La represión, obviamente, también contribuye a destruir las alternativas políticas progresistas. Hasta acá todo es relativamente obvio.

Pero hay algo que vale la pena señalar: el patrón de represión en Colombia ha sido bastante atípico. Los números son aterradores. Colombia en democracia produce más muertes políticas y más desapariciones que Argentina o Chile en dictadura. En estos días he estado leyendo y escribiendo sobre los "falsos positivos" (ya les contaré). Solo en ese episodio, uno de tantos, ya estamos hablando de más de 1500 ejecuciones extrajudiciales.

Lo curioso es que estos niveles de represión son muy descentralizados. No hay una autoridad nacional orquestando todo esto, sino, más que todo, grupos regionales que instalan microdictaduras en algunas zonas del país que, si ajustáramos por población, podríamos decir que son peores que las dictaduras del Cono Sur.

Esto sugiere una hipótesis: de pronto las dictaduras regionales y la democracia nacional son dos caras de una misma moneda. La segunda es posible gracias a las primeras. De no ser por los niveles de control político y social que las élites locales logran sobre sus respectivos movimientos populares, no se sentirían tan cómodas a la hora de ir a elecciones. Si esto es cierto, las dictaduras nacionales de otros países son el resultado de conflictos distributivos que se "nacionalizan" cuando movimientos populares locales terminan por enlazarse en una insurgencia política de gran alcance. En cambio, en Colombia los movimientos populares locales no han logrado entrar en resonancia unos con otros a nivel nacional.

Esta primera hipótesis lleva a un corolario: de pronto una de las razones por las que la represión en Colombia ha sido tan letal es, precisamente porque, las microdictaduras locales acuden a más represión de la que sería necesario en un esquema centralizado. Cuando los militares argentinos o chilenos desaparecían y mataban disidentes, su mensaje resonaba en todo el país. En cambio, los asesinatos y desapariciones en una región de Colombia no necesariamente tienen repercusiones en el resto del país ya que los perpetradores bien pueden ser una organización con alcances puramente locales. En cierto modo, es como si el modelo descentralizado de represión a la colombiana fuera "ineficiente" en el sentido de que, para lograr un nivel dado de aquiescencia política necesita acudir a más violencia que la que usaría un modelo centralizado.

No tengo ni idea de si esto es plausible o no. Tendré que pensarlo mejor. Por ahora tengo que parar aquí.