Friday, July 23, 2010

De Cómo y Por Qué Soy un Ingenuo de Siete Suelas (Versión Venezolana)

Como el tema de la presencia de las FARC en Venezuela no es nuevo, ya hace rato estoy acostumbrado a que en Estados Unidos me pregunten al respecto. Mi respuesta nunca deja contento a nadie. Pero a mí me convence, así que aquí va:

El gobierno venezolano tiene varias razones para ser complaciente con la presencia de las FARC en Venezuela:


  1. Las FARC mantienen ocupados a dos ejércitos con los que ellos tienen hipótesis de conflicto (Colombia y Estados Unidos).
  2. Las FARC tienen simpatías entre sectores de la izquierda más radical en Venezuela (tipo barrio 23 de Enero), sectores que apoyan al gobierno.
  3. Llegado el caso, digamos una invasión o el estallido de una guerra civil, las FARC podrían ayudar al gobierno a defenderse. (Si le quieren creer a los famosos computadores, eso dice la carta de Manuel Marulanda a Chávez.)
  4. Las FARC le permitirían al gobierno de Venezuela incidir sobre la política colombiana en términos favorables.


El punto 1 no es nuevo. Los gobiernos venezolanos de la IV República habían hecho cálculos similares (solo que no tenían hipótesis de conflicto con Estados Unidos). Los puntos 2 y 3 son asuntos de la política interna venezolana sobre los que Colombia no tiene nada que hacer y que, a decir verdad, no tendrían que ser tan graves para Colombia. El punto 4 es el grave en la medida en que, dependiendo de su significado y contenido, el gobierno de Venezuela estaría convirtiéndose en una potencia hostil a Colombia con peligrosísimas consecuencias.

Pero a mí no me parece tan grave. ¿Por qué? Porque yo no creo en la interpretación maximalista de este punto. Los maximalistas (al parecer sectores del gobierno colombiano y buena parte de la opinión pública) creen que el objetivo de Chávez es apoyar a las FARC para que ellas se tomen el poder en Colombia y tener una "colonia bolivariana" del otro lado de la frontera. Pero ese objetivo es imposible. Las FARC no tienen ninguna posibilidad de tomarse el poder. Repitan conmigo: las-FARC-no-tie-nen-nin-guna-po-si-bilidad-de-to-marse-el-poder. Toda guerra civil se gana con una combinación político-militar y las FARC, así multiplicaran por diez su músculo militar tienen tal atrofia política que no pueden ganar en las actuales circunstancias. ¿Cómo lo sé? Pues porque, si le creemos al gobierno, hace diez años las FARC eran cinco veces más grandes que ahora, y los secuestrados no llevaban doce años en la selva, y aún en aquel entonces no estaban ni cerca de tomarse el poder. Como lo he dicho muchas veces: en su apogeo militar en los años 90 las FARC a duras penas pudieron controlar Mitú por siete días.

Ahora bien, si el gobierno venezolano sabe esto, y eso es algo que sabe cualquier persona que no esté sometida 24 horas diarias a la propaganda uribista, entonces no puede ser tan idiota de apostarle a las FARC como su vehículo de influencia en la política colombiana. Entonces, ¿cuál es el plan? Yo creo, y aquí es donde me meto en problemas, que el cálculo de Venezuela es que un proceso de paz con las FARC en Colombia desplazaría el centro de gravedad de la política colombiana hacia la izquierda, cosa que le conviene al gobierno de Venezuela en las actuales circunstancias.

Ese cálculo me parece sensato. Seamos honestos, muchos de los que hemos venido insistiendo en la necesidad de un diálogo político con las FARC en el fondo sabemos que esto abriría oportunidades políticas para varios puntos de la agenda de la izquierda.

Si yo tengo razón, la estrategia del gobierno venezolano no es la de armar a las FARC hasta los dientes para lanzar una invasión a Colombia sino más bien ser parte del "pabellón de cuidados intensivos" de las FARC, el apoyo dubitativo y soterrado que le ayuda a las FARC a sobrevivir en su actual estado anémico, apostándole a la posibilidad de que este mismo estado conduzca al diálogo político en Colombia.

Por eso a mí no me parece tan dramático el cuento de los campamentos, las coordenadas, las fotos y todo eso. Si el gobierno de Venezuela estuviera apostándole a que las FARC se van a tomar el poder, creo que ya estaríamos viendo un apoyo mucho más fuerte con consecuencias serias en el campo de batalla.

El problema de todo esto es que se trata de un equilibrio muy inestable que puede romperse en cualquier momento. Hay muchísimas formas en las que esto podría salirse de madre.

La manera más fácil de destruir este equilibrio y volver esto un conflicto regional gigantesco es la que ha venido usando el gobierno uribista y su coalición: azuzar el conflicto interno, cerrar todas las opciones al diálogo político Y AL MISMO tiempo tratar de desestabilizar al gobierno de Venezuela (apoyo a Carmona, incursiones de "paras" en Venezuela y cosas por el estilo). Esa estrategia garantiza que a la vuelta de pocos años la "entente poco cordial" en la que estamos se desbarate.

Por eso hace rato vengo insistiendo en que Colombia y Venezuela deben tratar de entrar en una dinámica en la que simultáneamente se le reduzca la intensidad a sus respectivos procesos internos. Diálogo político en Colombia y simultáneamente un proceso (¿negociación? no lo sé) en el que la oposición venezolana acepte las premisas de la V República y se despida de los intentos restauracionistas conspirativos.

Hasta ahora, justo es decirlo, el Presidente-electo Santos ha actuado muy bien. Si, además, en las elecciones parlamentarias en Venezuela la oposición obtiene buena representación, como es muy probable, de pronto se pueda consolidar la V República en forma tal que todos los sectores sientan que tienen opciones políticas, como debe ser en una democracia. O sea que, por el momento, de pronto se puede evitar el desastre.

Más Sobre los Medios de Comunicación

Una observación corta e importante que se me quedó entre el tintero (¿entre el teclado?) en lo último que escribí:

En Colombia llevamos tiempos tratando de construir un consenso en torno a la idea de que la violencia nunca es una forma aceptable de expresión política. Excelente. Pero esto tiene que ser de doble vía. Un corolario de ese consenso es que cuando un sector de la sociedad acuda a formas no violentas de expresión política, como la marcha de los últimos días, los medios de comunicación tienen el deber de darle cobertura adecuada. Si no, el llamado a la no violencia se convierte en una patraña hipócrita al servicio de los intereses dominantes. ¿Está claro?

Wednesday, July 21, 2010

¿Puede Haber Democracia sin Medios de Comunicación?

El Lunes pasado, 19 de Julio, me disponía a hacer varias diligencias en la Carrera Séptima cuando me encuentro una movilización de protesta gigantesca en la principal avenida de Bogotá. Era una de las más grandes concentraciones de gente que he visto en esta ciudad. Al acercarme ví que se trataba de la "Marcha Patriótica" que convocaba a muchas organizaciones populares, indígenas y campesinas. Se trataba de una marcha pacífica, animada, incluso festiva, pero no por ello menos beligerante: consignas fuertes de denuncia y crítica.

Pues bien, hasta donde he podido ver (puedo estar equivocado y si lo estoy, corríjanme), El Tiempo en edición internet no le ha dedicado ningún artículo al tema y El Espectador le dedicó este artículo desdeñoso que reduce la marcha a un molesto problema de tráfico armado por unos indígenas. (Bueno, y unas fotos que encontrarán si siguen el link. Mi favorita donde aparecen DOS grafiteros con el piedefoto alarmista "El Vandalismo Se Apoderó de las Calles de Bogotá"; ni que fuera un segundo 9 de Abril.)

Esto plantea varias preguntas inquietantes. Así no puede funcionar una democracia. Se supone que a la base del pacto social en una democracia está el principio de que los ciudadanos expresan sus puntos de vista valiéndose de mecanismos legítimos. Hasta ahí todo bien. Pero así como la democracia impone en quien se quiere expresar la obligación de escoger medios adecuados, también necesita que el resto de la sociedad ponga algo de su parte; en especial, necesita que los medios de comunicación ayuden a que fluya el diálogo entre los ciudadanos.

En una democracia es fundamental que existan medios de comunicación privados. No tengo ningún problema con que los Estados tengan algunos medios de comunicación (como por ejemplo la BBC) pero nunca estaría de acuerdo con nacionalizarlos todos. Pero ese carácter privado hace que los medios queden por fuera de todo control democrático y, en el extremo, esto se vuelve peligroso.

En las sociedades modernas los medios de comunicación son importantísimos para mantener funcionando el sistema político. Por lo mismo, de pronto no es exagerado pensar en mecanismos de regulación. No sé, no tengo claro cómo debe funcionar. Pero sí tengo claro lo siguiente: Si cualquier entidad pública incurriera en una violación flagrante de sus deberes, así fuera por negligencia, habría recursos para obligarla a cumplir (está bien, está bien, no se rían que es en serio). Si una Universidad pública o privada se dedicara a enseñar numerología en su Facultad de Matemáticas, o simplemente no enseñara y más bien confiriera títulos profesionales por sorteo, tendríamos regulaciones para impedírselo, llegando incluso al cierre si es del caso. Si un hospital, así sea privado, administrara drogas adulteradas a sus pacientes, terminaría sancionado. Si una lechería vendiera agua pintada de blanco, ... En fin, ya entendieron el principio general. En cambio a los medios de comunicación les toleramos este tipo de cosas. No informar de manera oportuna, acertada y con el contexto correcto acerca de una manifestación política del calibre de la de los últimos días constituye, por lo menos, una muestra de negligencia y de incumplimiento del deber.

Debe ser posible establecer una serie de regulaciones para los medios de comunicación sin violar con ellas la esencia de la libertad de prensa. Al fin y al cabo, decimos todo el tiempo que la prensa es el "cuarto poder." Y, con todas las limitaciones que quieran, nuestra Constitución democrática contempla regulaciones serias para los otros tres poderes. ¿Por qué no para el cuarto?

Sunday, July 18, 2010

Agricultura, Industria y Estado (Con Perdón de Santiago Montenegro)

Santiago Montenegro es uno de los intelectuales valiosos que hay en Colombia. Además, a juzgar por una breve interacción que tuvimos hace varios años, un tipo excelente. Pero se ha empeñado en defender una ortodoxia que a mi juicio causa más mal que bien. Dos de sus columnas recientes resumen su postura. Esta, en la que se pronuncia contra todo intento de política industrial y esta, en la que se manifiesta a favor del modelo agroexportador de los años 20.

Su defensa del modelo agroexportador es un poco rara. Es inexacto decir que Argentina "construyó una buena infraestructura de carreteras y puertos" a comienzos de siglo ya que la parte congrua de dicha inversión fue en realidad capital inglés. Argentina, con su patrón de estaciones invertidas respecto al Hemisferio Norte, era un candidato ideal para ser granero de Europa en épocas de invierno. En esa columna Montenegro escribe como si la orientación agroexportadora de Argentina hubiera sido un golpe de genio de alguien y no el resultado de circunstancias históricas y geográficas muy específicas. Para completar, acto seguido sugiere que en Colombia no han operado similares fuerzas. Por eso dice cosas como:

Salvo el café, y después el banano, las flores y otros pocos productos, en Colombia se ha pensado casi exclusivamente en el mercado interno. Si en Argentina hubiesen pensado así, en lugar de los 31 millones, tendría sembradas quizás alrededor de cinco millones de hectáreas y sería un país pobre.

Lo de "salvo el café... en Colombia se ha pensado en el mercado interno" es como decir que "salvo la Segunda Guerra Mundial, Europa tuvo un periodo de paz en los años 40s." Lo típico del modelo agroexportador era, precisamente, que uno o dos productos eran suficientemente rentables para exportar mientras el resto de la agricultura servía el mercado interno. En Colombia el café era la exportación por excelencia. Y a diferencia de Argentina, los gobiernos colombianos se dedicaron, sobre todo a partir de los 60s, a defender como fuera el poder adquisitivo de los cafeteros. No conozco los datos pero estoy seguro de que en Argentina buena parte de los alimentos se cultivan domésticamente. Me sorprendería muchísimo que sólo produjeran soya.  El resto del párrafo es una mezcla de sofística (¿de dónde sale la cifra de cinco millones de hectáreas?) y aquella teoría de la historia del siglo XIX que atribuía a las ideas de unos cuantos hombres efectos descomunales (¿era Argentina exportadora porque a alguien se le ocurrió? ¿a quién?).

Colombia avanza hacia una restauración del modelo agroexportador. Es una de las líneas maestras del proceso político y económico de los últimos años. Digo "restauración" porque ese fue precisamente el modelo dominante durante buena parte del siglo XX. No es una idea novísima que debemos "importar" de otra parte. Entonces, una defensa de ese modelo debe evaluar los resultados de la primera vez que se aplicó y considerar las nuevas circunstancias. La Colombia de los años 20s creció muchísimo, fue una de las "décadas de oro" de la economía colombiana. (La otra fue, paradoja, el periodo de 1965-1975 cuando se combinó la sustitución de importaciones con la promoción de exportaciones. Pero eso no se puede decir ahora.) En ese sentido no es de extrañar que economistas como Montenegro quieran volver a esa época. Pero de ese entonces nos quedaron tensiones políticas y sociales que sería necio ignorar.

Con un agravante: aquel modelo agroexportador estaba basado en la pequeña y mediana propiedad cafetera mientras que las nuevas exportaciones van a ser mucho más intensivas en capital, con grandes concentraciones de tierra y con mercados laborales mucho más desregulados. Es decir, será un modelo más inequitativo, más conflictivo, menos generador de empleo y más volátil.

El otro pilar de la visión de Montenegro es su ataque a la política industrial. Dada la curiosa defensa decimonónica que hace del modelo agroexportador, Montenegro parece incurrir en una inconsistencia: resulta que la agricultura se puede beneficiar de "visionarios" como los misteriosos argentinos del párrafo anterior, pero la industria no.

La verdad es que, para ser justos, no hay tal inconsistencia. Si Montenegro no se hubiera dejado seducir por la retórica sobre "las ideas de país," habría dejado aflorar en ambas columnas su instinto librecambista y habría dicho lo que seguramente piensa: que en ningún caso el Estado debe incidir sobre la asignación de recursos, ni para la agricultura, ni para la industria.

Pero aún libre de esa inconsistencia autoinfligida, el raciocinio de Montenegro tiene problemas. Primero, se refiere a los supuestos horrores de la política industrial colombiana (me da la impresión que exagerando) pero pasa por alto los problemas de asignación de recursos que el sector privado genera. En Estados Unidos la burbuja de finca raíz acaba de dejar más metros cuadrados de construcción ociosos que los que cualquier gobernador tropical hubiera podido soñar en el más grande de los "elefantes blancos." No es para nada claro que el ahorro colombiano deba irse, en las proporciones en las que se va, a la construcción de vivienda de "estrato 8." No es para nada claro que el cuello de botella en el crecimiento colombiano, para el que se necesitaba la inversión extranjera, fuera la falta de periódicos, emisoras de radio y bancos.

El segundo problema es un poco más difícil de identificar. Pero lo podemos apreciar en esta cita:

Segundo, y relacionado con lo anterior, en tanto grandes economistas, como Stiglitz, nos han enseñado por qué muchas veces fallan los mercados, aún no tenemos una buena teoría sobre las fallas de los gobiernos, los mismos que crean e implementan las políticas industriales. La calidad, transparencia y probidad de los gobiernos, de los congresos, de los sistemas de justicia y de los organismos de control varía muchísimo de país a país y también a lo largo del tiempo.

Estas dos frases encierran un pequeño sofisma (¿otro, Santiago?). No es que no sepamos en qué consisten las fallas del gobierno. La segunda frase de la cita ofrece una lista parcial de ellas: falta de "calidad, transparencia y probidad." Eso es obvio. Lo que no sabemos es cuáles son las fuerzas profundas que llevan a que algunos gobiernos sean más eficientes que otros.

Eso es un interesantísimo acertijo de las ciencias sociales. Pero para efectos de diseñar políticas no es tan misterioso. Subsidios diseñados por administraciones pulcras y altamente cualificadas van a ser más exitosos que subsidios diseñados por administraciones corruptas y de bajo nivel técnico. Así de sencillo. Es más, a renglón seguido Montenegro sugiere que el gobierno se dedique a:

producir buenos bienes públicos, como seguridad, infraestructura, educación de excelencia, regulación eficiente y predecible.

Pues bien, cada una de estas cosas es tan difícil de producir como una buena política industrial. Un gobierno corrupto e ineficaz también va a fracasar en cada una de estas cosas. ¿No estamos acaso cundidos de "paras"? ¿No hay acaso robos en los contratos de infraestructura? ¿No estamos acaso rezagados en educación, en parte por culpa de la mala ejecución de políticas? ¿No vemos a cada rato como las regulaciones son escritas por los mismos que deberían ser regulados, como en el intento de reforma de la salud? No se explica uno por qué Montenegro cree que es posible tener un Estado que cumpla bien esas funciones, pero que sea incapaz para las otras.

¿Cuál Bicentenario?

Está bien, voy a hablar del bicentenario. Al fin y al cabo, no voy a estar por acá para el tricentenario así que, o hablo ahora o no lo hago nunca. Lo hago con cierta reticencia porque, como es fácil inferir para quienes me conocen, por razones ideológicas y biográficas a mí las celebraciones patrióticas no se me dan fácilmente.

Comencemos por las razones ideológicas. Los socialistas siempre hemos tenido relaciones llenas de contradicciones con el nacionalismo. Por un lado, nos sentimos descendientes de la Revolución Francesa y ésta, independientemente de lo que quisieran sus ideologues, terminó echando raíces en la sociedad francesa a partir de la resistencia a la agresión externa (las Cortes ètrangers que tanto escandalizaban al autor de la Marsellesa). Durante el siglo XX, la izquierda en el Tercer Mundo debía su avance en gran medida a su liderazgo en los "movimientos de liberación nacional." Pero por otro lado el nacionalismo ha sido muchas veces un arma política de los sectores de derecha. En mi adolescencia el Ejército colombiano, a veces incluso en comunicados oficiales, denunciaba a los izquierdistas que querían "imponer en nuestro país ideas foráneas" (como si la School of the Americas donde ellos estudiaban quedara en Melgar o como si el Fondo Monetario Internacional funcionara en la Avenida Jiménez).

Pero si las razones ideológicas son un poco idiosincráticas, después de todo, el tipo de socialismo que yo profeso es una corriente muy minoritaria y tal vez en retroceso en los tiempos que corren, las razones biográficas pueden ser de más interés para una audiencia más amplia. Tengo suficiente edad para recordar una época en la que no se había introducido el terminacho engañoso de "globalización" pero aún en aquel entonces mi vida ya estaba enmarcada en un mundo menos provinciano y parroquial que el de la generación anterior. Aprendí inglés desde pequeño, viajé a Europa por primera vez a los doce años (cosa muy rara en aquella época, mucho menos hoy en día), tengo familiares que viven en Estados Unidos desde los años 60 y 70. De modo que si bien ideológicamente yo puedo parecerle a muchos una reliquia del siglo pasado, biográficamente he estado más acorde con los tiempos que corren.

Desde ese punto de vista, no es del todo claro qué pueda significar el Bicentenario. Las propagandas que veo por televisión me hacen pensar que no soy el único que tiene dificultades. Al parecer el gobierno mismo tiene problemas para generar una narrativa convincente. Veo propagandas del Ejército que resultan históricamente inexactas: el 20 de Julio de 1810 fue un alzamiento civil, no militar. Como si fuera poco, su intento de fusionar al Ejército libertador con el moderno Ejército de Colombia sale un poco raro. Al fin y al cabo, si algo nos enseñaron en el colegio era que el Goliath de aquella época, el que, si existieran, habría tenido los helicópteros que nos muestran en las propagandas, era el ejército español mientras que los "desarrapados" eran los patriotas. Obviamente, uno de los subtextos de las propagandas es que las FARC son el equivalente contemporáneo del Imperio Español; que la "gesta libertadora" es la misma solo que el enemigo ha cambiado. Pero, gústenos o no, las FARC son colombianas y ni ellas mismas se creen militarmente capaces de una Reconquista a la Murillo. Todo esto para no hablar de los intentos de jugar lingüísticamente con los términos para establecer un hilo conductor entre la Independencia de 1810 y la libertad de los secuestrados. En fin...

Parte de las dificultades de la propaganda oficial es que, por su definición, el uribismo no es "independentista." Al contrario, si un gobierno ha subordinado su política exterior a la de Estados Unidos es el actual. La ansiedad por atraer a la inversión extranjera domina toda consideración de política social y de orden público (y, como pude ver el otro día en el teatro, incluso las propagandas de Cine Colombia).

Toda conmemoración es un ejercicio de memoria selectiva. Son tantos los cambios históricos que nos separan de los eventos de 1810 que a todos nos es imposible acceder a ellos en forma incontaminada. Al contrario, lo único que podemos hacer es apropiarnos de algunos aspectos, echando otros al olvido.

Tal vez tenga razón Benedict Anderson al decir que son las revoluciones independentistas suramericanas las que crean las primeras "comunidades imaginadas" que hoy en día llamamos naciones. Pero los detalles de dichas comunidades estaban en permanente fluctuación en 1810. Dudo que alguno de los protagonistas de aquellos eventos tuviera ya claro el resultado final. De una parte, muchas de ellas son revoluciones "fueristas" con un énfasis en el gobierno local que a nosotros nos resultaría exótico. De ahí la Declaración de Independencia de Cartagena (hoy reducida ignominiosamente a ocasión para coronar reinas de belleza) o la aún más olvidada Declaración de Independencia de Mompox. Pero por otro lado, también fue un "dominó" de revoluciones de un alcance continental que hoy escandalizaría a cualquier gobierno. Han pasado a la memoria como alzamientos contra un Imperio pero no hay que olvidar que se trataba de un Imperio enfermo, empobrecido y bajo ocupación militar. Es más, gracias a la "Doctrina Monroe" y a esa trinchera líquida que llamamos el Océano Atlántico, los imperios rivales no pudieron hacer lo que era normal en estas circunstancias: repartirse las posesiones del imperio muerto.

De modo que, aunque así lo pida la línea oficial, a mí me queda difícil rastrear hasta 1810 el "origen de la nacionalidad." Los hechos históricos nos invitan a ser más ambivalentes ya que no queda para nada claro que en aquellos eventos se gestó la nacionalidad o que la nacionalidad que se gestó entonces coincida aunque sea territorialmente con la que se nos invita a celebrar hoy (¿se acuerdan de la Gran Colombia?).

Pero doscientos años no se cumplen todos los días. Así que voy a cerrar con mi conmemoración particular.

Contra lo que dice la retórica oficial, la Independencia no fue una causa de toda la Nación. Los indios de Nariño (con Agualongo a la cabeza) eran Realistas, al igual que, en un principio, los llaneros de Oriente liderados por Boves. Muchos estratos populares desconfiaban de estos señoritos criollos, tan blancos, tan estudiados y tan viajados. Pero tengo entendido que no siempre fue así. Por lo poco que sé, por ejemplo, la población negra de Cartagena sí se identificó a fondo con la Independencia. Así que, sin caer en la retórica oficial, tal vez sea erróneo el otro extremo que considera a la Independencia una intriga de unas élites excluyentes. Con todas sus limitaciones, los eventos de 1810 constituyeron una serie de experiencias de gobierno autónomo, soberano e incluso popular que, como mínimo, nos han ofrecido un nivel de aspiraciones válido hasta nuestros días.

Para izquierdistas como yo vale la pena recordar que el proceso independentista trae a nuestras tierras los ímpetus de las Revoluciones (la Americana de 1776, la Francesa de 1789 y, mucho más temida por las élites, la Haitiana de 1804). ¿No es el Sabio Caldas el primero en la larga lista de académicos y estudiosos colombianos a los que les costó la vida el meterse a la política real? Cada que tratamos de adivinar si la juventud tendrá los ánimos para empujar las causas progresistas, ¿no es acaso conmovedor pensar en que el último "Presidente" de Colombia antes de la Reconquista, Liborio Mejía, fue un estudiante de filosofía de 24 años que se le midió a asumir el mando del Ejército y murió fusilado? ¿O que Santander se hizo cargo de la Presidencia y del abastecimiento de las tropas de Bolívar en el Sur a los 27 años?

La historia de Colombia no siempre ha sido ni feliz, ni ejemplar y ni siquiera original. Pero del espíritu de 1810 nos vienen muchas cosas que conmemorar. Cuando dictaba clase en Estados Unidos nunca me cansaba de recordarle a mis estudiantes gringos que en Colombia se abolió la esclavitud diez años antes que en el Sur de los Estados Unidos, sin necesidad de una guerra civil y a pesar de tener hacendados esclavistas. Ese brote libertario, que además declaraba libre a todo esclavo que pisara tierra colombiana, es descendiente directo de 1810. Como también lo es la efímera y olvidada Constitución de Vélez que le dio el voto a la mujer en 1857, sesenta años antes que en Estados Unidos (y, está bien, cien años antes que su implantación definitiva en Colombia). Nuestra historia republicana es imperfecta. Pero no es para olvidar que el gobierno de Alfonso López Pumarejo (nuestro Franklin Delano Roosevelt) fue contemporáneo del de Hitler, Stalin, Chiang Kai Shek, Petain, Franco, Mussolini, Antonescu, Quisling y otros más de similar catadura.

Así que, sí señor: tenemos razones para celebrar, a pesar de todo.

Friday, July 16, 2010

Muy Seguramente las FARC Están en Venezuela y...?

Si yo fuera columnista profesional, de los que les pagan por columna, estaría muy triste con el final de la Administración Uribe independientemente de mis preferencias ideológicas. Resulta que cuando uno tiene una Administración motivada por una única obsesión, perseguida en forma absolutamente monomaníaca (en este caso, la derrota militar de las FARC), entonces es muy fácil escribir columnas porque la obsesión va a reaparecer una y otra vez. Lo mejor del asunto es que, como el obsesivo no revisa las premisas de sus actos, entonces siempre los resultados son los mismos y esto únicamente le aumenta su obsesión. Para el columnista esto es como cobrar por no trabajar.

Hoy me dí cuenta de lo bueno que debe ser eso. Me disponía a escribir sobre el tema de la presencia de las FARC en Venezuela, y me encontré con que hace rato opiné al respecto porque hace rato el gobierno viene obsesionado con el tema solo que aquella vez, para dármelas de elegante, escribí como si Ospina estuviera de rueda suelta del gobierno cuando en realidad sabemos que todo esto viene del mismísimo Uribe. ¿Se fijan? Yo habría podido cobrar por dos columnas y escribir solo una.

De modo que me animo a hacer un pronóstico (cosa rara en mí porque a mí nunca me funcionan): a corto plazo no va a pasar nada. El cuento de llevar a Chávez a la OEA (o a la ONU, o a la FIFA, o a lo que quieran) no va a funcionar porque no hay nada que obligue al gobierno de Venezuela a perseguir a las FARC si no se le da la gana, es decir, si no cree que los beneficios de hacerlo superan a los costos. Y resulta que ni los beneficios ni los costos han cambiado. Entonces, quedamos como antes.

Ahora, dije que a corto plazo no va a pasar nada. A largo plazo, yo he venido diciendo hace rato (y por ahí lo dejé escrito) que se trata de una situación muy grave, potencialmente explosiva. Otro día me referiré a ese asunto.

American Notes: On Social Scientific Speech

In my latest entry on the US I spoke about freedom of speech. Today I want to say something about the way Americans use speech itself, which I find somewhat interesting. To it say from the start: I admire the American style of speech, at least the way it is used in academia and, in general, among learned audiences. I am not in a position to say to what extent it is an American phenomenon as opposed to an English-language one.

American argumentative speech is direct, clear, to the point. In the social sciences, the part I am most familiar with, this is a very welcome thing. From an academic standpoint, I was raised in an environment dominated by German-style social theory, with the occasional concession to French thought. That influence has never worn out in my case, I still take seriously the insights from those traditions. But one unfortunate aside in them is a propensity to use the most forbidding prose.

Abstract concepts that somehow establish among themselves relations that you would rarely observe in real life, neologisms, nominalizations, extremely long sentences and paragraphs and so on and so forth are often trademarks of the writing of even the greatest. Hegel is only the most extreme case; Marx can play that game also (although, to be fair, it´s much worse on the stuff he didn´t mean to publish), even an American-influenced thinker like Habermas writes often in an incredibly dry and abstruse style.

I don´t know why (although I´ll presently offer two conjectures about that) but whenever I read American social scientists, even those that are relying on the same categories as Continental social theorists, the text flows better. Not that they all write concise and clear prose. There is no regional monopoly on obscure writing. But when it comes to finding readable, understandable presentations of social scientific themes, more often than not they are written in English.

As far as I can discern, there are two reasons for that (of course, there might be many more). Early American social thought was driven by very specific concerns, bound in time and space. For instance, the Federalist Papers are basically attempts at thinking about how to establish a constitutional government. This meant that history and current events play a much larger guiding role than broad philosophical or theological constructs. By the time America develops its own philosophical school, it is none other than Pragmatism, that is, a philosophical doctrine that doubts on the existence of abstract truths unless they can be connected to our everyday experience.

To my mind, the result of this combination of an emphasis on concrete concerns and a philosophical spirit that validates those same concerns creates a style of reasoning that makes for great social scientific writing. In that tradition, if your ideas are correct, no matter how abstract and complex, you must be able to offer an example in real life to support them, you must be able to offer your reader a concrete experience that connects to them. In this regard, I love the piece of advice of Strunk and White (I believe): "Good writing is good not because it tells every detail, but because every detail tells." (I´m quoting by memory so don´t hold me to that.)

There is another unhealthy habit that has little space in American prose: long-windedness. Colombians (and Latins in general) tend to write looong. (I´ve done it myself.) American prose goes to the point.

Of course, not every American contribution to speech is good. Given the place that competitive activities occupy in American life, much of the current American prose is littered by metaphors and terms taken from business life and (American) sports. This is especially problematic if, like in my case, you´re ignorant about American sports.

It may seem that I am being rather superficial by putting so much emphasis on prose. But I believe that prose, and speech in general, are an important part of communication in society. I think that this style of speech has had a salutary effect on American social sciences: it has helped dialogue, the little cross-fertilization there is among different schools has been enabled by this set of shared argumentative values.

Given this, one would expect that American intellectuals would do well in the public sphere and that, in turn, this would have a great effect on American democratic discourse. Regretfully, American society rarely listens to its intellectuals. The "public intellectual" is a European (and Latin American) phenomenon. But that is topic for another post. Today I just wanted to express admiration for one little noticed aspect of American academia: its commitment to a style of argumentation that democratizes ideas by making them accessible to the receiver.

Thursday, July 15, 2010

American Notes (5)

Paradoxically, for a country that is in constant flux, that went from something of a pastoral republic to world-class industrial power in fifty years, America is very keen in defining itself. There is no "Colombian way of life" but there is an "American" one. During the Mc Carthy era, the US Congress created the House Committee on un-American Activities without the slightest sense of cynicism.

Continue after the jump.

... Y Eso Que Dije Que No Quería Hablar Sobre Ingrid.

Como a mí me alegra tanto cada que hay algún comentario en este blog, y trato en lo posible de reaccionar a él (no siempre puedo), entonces voy a romper una regla autoimpuesta. Omar me pregunta si no creo que Ingrid quiere disputarle el espacio político a Piedad Córdoba y a Iván Cepeda en el tema de las víctimas. En principio, yo no debería responder porque eso implica gastarle pixeles a los planteamientos políticos de Ingrid Bethancourt, cosa a la que me he negado. Pero, como les dije, Uds. y sus comentarios son lo más entretenido de este blog así que ahí voy.

No.

Para empezar, no hay espacio político en el tema de las víctimas. Piedad no se ha beneficiado electoralmente de esto (y, creo yo, tampoco era ese su propósito). Iván Cepeda ha adquirido cierta prominencia gracias a ese tema pero creo que ya ese potencial dio lo que tenía que dar. La verdad, aunque duela, es que en Colombia las víctimas del Estado (que es el tema que agita Cepeda) no importan debido al macartismo desbocado que ve en cada una de ellas a un posible subversivo.

Además, la acción de Bethancourt resultó ser uno de los mayores autogoles que recuerde la política colombiana en muchísimos años.

Paro aquí por dos razones: tengo que salir y ya se viene el aguacero del día y, por otro lado, ya le gasté ocho renglones a Ingrid Bethancourt lo cual excede por mucho mi cuota para ella.

Monday, July 12, 2010

¿Es Chapinero Alto el Mejor Barrio del Mundo?

De pronto no. Pero a veces lo parece.

¿Cómo es el Cuento del Caguán?

Llevo más de quince años ignorando la carrera política de Ingrid Bethancourt y lo he logrado casi a la perfección. Nunca me han interesado sus pronunciamientos políticos, nunca se me pasó por la cabeza votar por ella. Como persona, me parece horripilante el drama humano que vivió y me alegra mucho que haya sido liberada. Pero como política me tiene absolutamente sin cuidado. Ayer tuve una pequeña caída en mi esfuerzo sistemático de ignorarla y terminé viendo un fragmento de su entrevista con Arizmendi.


Mafias y Democracia

Por allá en el 2006 tuve la buenísima suerte de hallarme en Bogotá para el concierto de Manu Chao. (Si Uds. estaban por allá seguramente me vieron: yo era el de las canas.) Yo admiro muchísimo a Manu Chao aunque mentiría si dijera que sigo todas sus andanzas. Me parece un síntoma preocupante de la situación de la música colombiana el que una de las canciones más lúcidas sobre el país (El Señor Matanza) sea obra de un francés. Allí tienen de todo, inclusive, quince años antes, los "falsos positivos." Pués bien, en aquel concierto en Bogotá, en época preelectoral, Manu Chao volvió a cantar "El Señor Matanza." Pablo Escobar llevaba ya doce años muerto pero Chao entendió perfectamente, y así lo dijo, que la canción conservaba su plena vigencia. (¿Cuántos periodistas colombianos que viven en Colombia y que cubren a Colombia por oficio lo entienden?) Eso me reavivó una pregunta que hace rato me da vueltas en la cabeza: la relación entre mafia y democracia. Como no soy estudioso del tema, lo que vienen son conjeturas.

Sigue después del cambio de página.


Sunday, July 11, 2010

¡Felicitaciones España!

Y se acabó el Mundial. Ganó España que era uno de mis equipos favoritos aunque no mostró la contundencia de la Euro 2008. Como este blog me permite exhibir sin temores mi ignorancia futbolística, aquí van mis comentarios. Toménlos más como una invitación a que me enseñen ya que me encanta aprender sobre fútbol.

Sigue después del cambio de página.

Saturday, July 10, 2010

Más Sobre el "Bilardismo"

Por supuesto que Menotti fue el técnico de la dictadura argentina. Eva hace bien en recordarlo y, no, no lo pasé por alto. Lo que pasa es que me encanta mencionar ese detalle porque abre una rendijita a las complejidades de la política latinoamericana en los 70s: la dictadura argentina hizo un pacto tácito con el Partido Comunista. Al comienzo el liderazgo del Partido fue dejado en paz. De ahí Menotti. Es más, el Partido saludó el golpe a Isabel Perón que ya se había mostrado como un pelele en manos de la ultraderecha represora. Claro, muchos militantes del Partido fueron perseguidos brutalmente. No tiene mayor importancia hoy en día. Pero siempre me ha llamado la atención ya que nos muestra que en situaciones extremas el cálculo de la supervivencia obliga a la gente a tomar decisiones extrañas.

Friday, July 9, 2010

American Notes (4)

To me, any tribute to the US must include something about the life of the mind in America. After all, I spent my time there working in academia. It's what I know best about the US.

The modern research university is not an American invention (it is German) but the Americans perfected it by combining it with a home-grown invention: the land grant university. By the late XIXth century, the US was dotted by lots of research universities, some of them in the most unlikely places.

If some day in the future the US is demoted from its position of dominance in the world (something I don't think will happen in my lifetime), I hope this particular innovation is retained. It is one of the great contributions of America to world culture, and a relatively unappreciated one. The best American universities are the best universities in the world by far. It is very likely that they are also the largest reservoirs of human knowledge ever built.

I'm not talking only about physical resources like the multi-million volume libraries or the multi-million dollar laboratories. Probably in the not too distant future libraries may become digital and accessible from anywhere in the world. But there's also the human factor.

American-born intellectual traditions are neither too numerous nor too old. In my corner of the woods, philosophy and the social sciences, it is probably only with the emergence of the Pragmatist school that American philosophers began to produce something of note to other peoples. (Let me get this off my chest: in school we were taught to revere Ralph Waldo Emerson as an American Kant. To me they are not in the same league by even the longest of long shots.)

But by the same token, the US became the hub where the best of contemporary culture would meet. Virgil Thompson might be a relatively minor musical figure (and, I would say, Aaron Copland, "Fanfare" and all, is relatively second-tier), but America hosted Igor Stravinsky, Bela Bartok and many others. When I lived in Chicago, I was pleasantly surprised to see that Marc Chagall had presented the city with a set of mosaics, in gratefulness for its hospitality. Growing up I dabbled in chess and many of my idols of the early modern chess were Central-European. Later I learned that many migrated to the US (Steinitz, Lasker and, of course, the Cuban Capablanca). Such quintessentially German products as the founders of the Frankfurt School spent time in the US. A propos the Frankfurt School, I think that part of Habermas's greatness is precisely the way in which he blended German traditions with the influences of Analytic Philosophy he acquired in the US.

If you want to find the leading experts on French post-modern thought, chances are that many are in American universities. I saw Derrida giving a lecture at Stanford to a packed audience. Last year, the latest installment of Re-Thinking Marxism took place in its usual venue in Amherst, Massachusetts. These are just a couple of examples. There is just no limit to the diversity of voices you can find in American cultural institutions.

I would add that this goes beyond culture. I used to elicit a laugh out of my students by telling them that as foreigner I had concluded that there is no idea so crazy that you will not find at least five thousand Americans willing to support it. When I was at Stanford, way before the advent of the Nigerian email scam, I ended up, without ever knowing how, in an email list of the Peruvian Shining Path's office in New York. You want to join a Nazi Party? There are a few in the US. You think that Pol Pot might not have been such a bad guy after all? I'm not sure, but I bet there's an American-based website for that.

Of course, there are drawbacks. Mass production in the social sciences has a lot of negative effects (don't get me started, I'm trying to be positive here). But all in all, I don't think there has ever been an era and a place with such a variety of voices as the American university.

Thursday, July 8, 2010

American Notes (3)

Tributes to America are almost as old as America itself. I once remember stumbling across a sonnet by Goethe dedicated to the US, written in the early 1830s. (Not a particularly good piece of poetry, by the way.) They are numerous enough to constitute some kind of artistic genre. I don't know enough about the subject matter, but I have the vague impression that there are some predictable themes.

Early tributes, written by Europeans tended to see the nascent US as an exotic land where the best Enlightened notions of liberty and progress could have a fresh start free from the vices bequeathed by the Dark Ages. Goethe and, of course, De Tocqueville are good exponents. Even by the 1880s Dvorak could think of the US as a "New World" full of untapped sounds and melodies that would breathe new life into the romantic musical movement. In spite of the differences between these three names (just to pick a few) they had one thing in common: the US was something of a benign clean slate. It was not a place for high culture. It was a place to admire, sometimes to rather bizarre extents, but that could hardly be imitated; Europe could not learn much from the US even if it wanted to. The idea that the US would exert influence over the rest of the world was rather unthinkable.

Of course, Latin Americans had a different view. After all, the US was influencing events in the region. By any measure, seizing almost half of a country's territory (Mexico) counts as influence. By the 1860s it was clear to every thinking American that Cuba would become a state of the US, the question being not if but when. An American private citizen took over Nicaragua. The list goes on and on.

Going back to the topic of tributes to the US, what began as an abstract sense of opportunity in the minds of European intellectuals acquired a concrete shape in the form of mass migration. By the last decades of the XIXth Century, millions of Europeans, tens of millions when the dust settled, moved to the US in one of the largest human migrations in history. The "American Dream" became part of modern vocabulary.

So, I am on well-trod ground. But this creates some kind of challenge for me. I want to write a tribute to the US that does not draw on the concept of the "American Dream" because it does not form part of my own experience. Long before I was born, the world had stopped thinking about the US as "exotic." In fact, it was probably the country best visualized by people all over the world, although with lots of misperceptions. After World War II imitating the US was not only a possibility, but in some places even a necessity. By the 1950s, as Hirschman tells it, the French government appointed a commission of experts to study the US and learn from its success ("Comment font-ils?" was the title, unthinkable these days). The defeated Axis powers had American constitutions and institutional reforms foisted on them. In Spain, my next adoptive country, Franco sensed the futility of being cut off from American influence and finally bowed to it. (Of course, the US also realized it could use the Generalissimo as a bulwark against Communism in Southern Europe.)

Furthermore, my own experience of the US differs from that of the vast majority of Colombians (or other foreigners for that matter). I did not go to the US escaping economic want. In fact, it's very likely that I would have been financially better off had I stayed in Colombia. I did not follow the path of social mobility propelled by hard manual labor and entrepreneurship that characterizes the epitome of the "American Dream."

Incidentally, I have issues with the very notion of the "American Dream" although it is undeniable that the US has offered millions of people a better livelihood than they could have obtained had they stayed in their birthplaces. That is no small accomplishment. First, I'm not sure the American Dream is entirely American. As far as I know, Australia and Canada (and, in the early 20th Century, Argentina) have been every bit as open and beneficial to migrants as the US, just to name a few. Second, I doubt it works in practice as the myth would have it. The American jails host many children of Hispanic immigrants that instead of moving up the social ladder as their parents hoped, ended up trapped in urban poverty and crime. As you might imagine, I find myself often at political odds with the most representative believers and beneficiaries of the American Dream. Nowhere is this more apparent than with the highly successful Cuban-American community that produces some of the most hardline rightists in the US.

I belong to a different kind of migrant, one that is relatively recent in the history of the US: the type of migrant that comes in search of high culture and learning. No matter how much this segment has grown over time, it remains a tiny fraction of the total immigration the US receives. Even within the group of immigrants that arrive to the US in pursuit of higher education, people like me ought to be distinguished from those who obtain degrees in, say, IT and go on to join the American productive apparatus. (I'm a beneficiary of the confusion this generates. As a university professor of social sciences, I was eligible for a fast-track to permanent residence that was obviously designed to speed up the process for technologists.)

In short, my tribute to the US, for what it's worth, is the tribute of someone that arrived to it in rather unusual circumstances and spent all its time in unusual places (research universities). With any luck, I can pull off something here that, while straying from the well-known path, can still illuminate some aspects of American life.

American Notes (2)

If the American influence in Colombia was already notable during my parents' youth, it was enormous by the time I was born. Ciudad Kennedy was already one of the largest human settlements in the entire country. The Spanish edition of the Reader's Digest, a dreadful publication as I came to realize later, could be found in every waiting room appealing to an educated clientele. Urban households concerned with the social mobility of their offsprings (like yours truly) were trying to give their children a bilingual education. (I studied in the Colegio San Carlos, one of the first schools to offer a full-immersion program in English, taught by American teachers.)

The first sizable diaspora of Colombians in the US settled around the late 50s and early 60s. For people my age, in a middle-class urban setting in Colombia, it was normal to hear of a relative in the US, or planning to move to the US. I doubt that Colombian migration to the US has ever been as "democratic" as the Mexican one. But by the 70s and 80s it was already the case that Colombians of relatively precarious means would wind up going to the US.

American popular culture was everywhere, from the bright and early TV broadcast of the "Superamigos" on Saturdays to the dreamed Disney holiday. I still remember (1984? 1985?) when Avianca slashed the price of the Bogota-Miami red-eye flight to $299 (from I don't remember how much, certainly a lot more): the planes were packed while the bags were empty upon arrival in Miami, but obviously busting at the seams on the way back.

American know-how inspired awe all over the place. Colombian firms would hire American consultants for everything: the best medicine, the best engineering, the best administrators, anything the Americans ran, would run well. A Fisher Price toy under the Christmas tree (another American import) was the guarantee of a toy well-built, unlike the national brands  (I learned the hard way). Why wouldn't the Americans just take over? Everything would work smoothly.

There is a tidbit of history behind this unknown to most Colombians. As a matter of fact, during the Administration of Ospina Rodríguez, in the mid-XIXth Century, the Colombian government, just like many other Central American governments in the region, briefly toyed with the idea of simply asking for admission in the American Union. It never happened.

In my case,  things were a bit more complicated. As it happens, somewhere in my late teens, as I became politically aware, I drifted toward the left, for reasons better left to some other blog entry. It was hard being pro-American under those circumstances. The overthrow of Allende, the mining of Nicaraguan ports, the support of the Argentinean junta, those things weighted heavily on the budding consciousness of young leftists like me.

American consumerism could be blamed for the cultural philistinism of the Bogotan middle classes. If you wanted to opt out of it, European high culture was the place to look at. French cinema, German classical music, Italian literature, or any permutation of these arts and countries with a smattering of Central Europe thrown in for good measure, were the way out.

Although I didn't know it at the time, in our Philosophy curricula we were treated to the highly successful effort of the German government to show to the world that German thought was not linked at all to Nazism. German philosophy, up to and including the Frankfurt School, was the dominant force in the Philosophy Department of the National University, an influence made possible by the support of scholarships provided by the German government. (Of course, the Germans can produce visceral anti-Communists like Adenauer, but even they were ready to subsidize the intellectual Left if that helped restore the German image.)  

As a result, if somebody had told me in, say, 1987 or 1988, that I would end up spending 17 years in the US, I would have either laughed heartily, or become appalled at the suggestion. Yet I did. What was the US I found like? Was it in any way similar to the image I had cultivated growing up in such an environment? I'll try to say something about it in the next entries.

American Notes (1)

As I close the American phase of my life, I feel like writing a few nice notes about that country. Like most Latin American leftists, I have several grouches toward the US, especially its foreign policy. Having spent 17 years in the US, there are many things about the "American way of life" that I never quite got to like. There are many aspects of the US that deserve criticism. I have done a little bit of that here and will do more, for sure. But I want to say some nice words about the US. After all, the US gave me several things that I am grateful for. This might take long, so probably I will spend several entries in this blog on this topic.

The first thing I want to reflect on is the degree to which the US has been a part of my life. I now realize that it goes back to way before that August 13, 1993 when I moved to Stanford. Let me start with something silly.

A few months ago, I walked into a gas station in Virginia and found, among the reading material for sale, a copy of the Bristol Almanac in its typical orange cover. It was a blast from my past. Like most Bogotans my age, I am one generation removed from the sleepy, semi-rural provincial towns of Colombia's countryside (Villavicencio in my parents' case). To kids like me, raised in Bogota by parents that were already leaving behind their rural roots, the Bristol Almanac was one of those symbols of the agrarian popular culture that we were all expected to rise above. We treated it with the mixture of scorn, snootiness and fondness that upwardly mobile youngsters reserve for the quaint stuff of their grandparents. Then, in that gas station in Virginia it hit me: the Bristol Almanac is American. (Well, it's obvious, of course, but I had never appreciated that.)

Like most Colombians, I was raised to think of the US as a futuristic land, the place of high technology, amazing engineering feats, space travel and so on. Seeing that Bristol Almanac I realized that America was also part of my past. Many barely literate peasants of my grandparents' generation relied on it to check the stages of the moon. Any self-respecting cowboy back then would use a machete engraved with the brand "Stanley" on it. (Well, the German-made "Solingen" was also a badge of pride.) I remember the workers in the family farm talking about the "rotospí"; it took me years to realize that it was a corruption from the English "rotor speed." In short, the countryside Colombians my age wax nostalgic about, was already saturated by American technology decades before we came around.

I'm no expert in popular culture, and I could use help here, but I surmise that American culture was already making inroads in our countries before it hit us like a tsunami with the advent of television. As far as I know, jazz, arguably the first American gift to global culture, was not very popular in Colombia at the beginning (certainly not in my family), but I have the impression that the "big band" sound was having some influence on local singers. Already by the 1950s, a successful concert in New York was a regarded as a crowning achievement for Colombian musicians.

There is a hallowed tradition in Colombian politics whereby an ambassadorship in the US is (or was?) almost a prerequisite for the Presidency. It dates to the 1840s with Pedro Alcántara Herrán, continued through the XIXth Century (Santiago Pérez), into the early XXth Century (Enrique Olaya Herrera) down to the 1980s (Julio César Turbay). Even Conservative patricians like the Ospina family had very close ties to the US dating back to the late XIXth Century. Laureano Gómez, probably the Colombian politician more immune to Anglo-Saxon intellectual influences at the time (he clearly preferred the French and Italian hard right, but, for the record, was no Nazi) finally caved in to reality and dispatched Colombian troops to help the US fight in Korea. From that point on (albeit even before then), Colombian military would routinely travel to the US and get acquainted with it.

In short, the ties of Colombia with the US are deeper and older than what we often assume. Some of them predate the onslaught of modernization that took place during the 50s and 60s. Colombians of my age were born into a country that was Americanized in ways that may be easy to overlook but nonetheless important.

¿Bilardista Yo?

Debido a mis simpatías izquierdistas, mí me han dicho Stalinista y FARCoso. Hace unos días escribí sobre Corea del Norte dispuesto a que, si era del caso, me llamaran Kim-Il-Sungista. Si por alguna razón alguien me acusara de defender al Khmer Rojo, creo que sería capaz de contar hasta diez. Pero "eva" me ha llamado Bilardista y eso sí que me ofende. Para peor, puso el calificativo de "puro." ¡Protesto! Una cosa es que me acusen de defender el Gulag, eso puede pasar. Pero de ahí a que me digan que estoy a favor de negarle la botella de agua a jugadores del otro equipo, o que me acusen de defender el técnico de la Selección Argentina más aburrida de los últimos tiempos (la del 90) eso sí me enfurece.

Obviamente, toda evaluación de Bilardo tiene que incluír la Argentina del 86. Pero eso no se puede analizar sin tomar en cuenta a Maradona.

Además, Bilardo fué siempre enemigo de César Luis Menotti, uno de los militantes comunistas que más contribuyó a la Argentina...

Fin de Mi Capítulo Americano

¡Y llegó el día! Por primera vez en diecisiete años, ayer salí de Estados Unidos sin planes de retorno (excepto dos días en Septiembre ya que mi vuelo a Madrid saldrá desde Washington). Bogotá no me ha recibido como yo esperaba, ya van tres aguaceros en medio día, uno de los cuales me tocó escampar malamente en un banco. Pero no importa. Yo siempre he amado a Bogotá; la he amado desde antes de que estuviera de moda amarla.

De modo que estoy en época de transición. Ya no vivo en Estados Unidos, pero todavía no he llegado a España. Si a eso le suman mis 41 años, entenderán por qué estoy un poco introspectivo últimamente. Pero soy muy tímido como para ponerme a hacer introspecciones en un blog. Por otro lado, creo que he encontrado la solución: un híbrido de memorias personales y ciencias sociales. Voy a ver si me resulta, Uds. dirán. A veces escribiré en inglés, en parte como tributo al que fue mi país adoptivo durante tanto tiempo. De paso me sirve para saber qué pasa con el tráfico del blog cuando escribo en inglés.

Monday, July 5, 2010

Etica, Estética y Fútbol

Una de las cosas buenas de un blog es que uno puede jugar a ser columnista de temas que le gustan pero que ignora. A mí nunca nadie me va a invitar a escribir de fútbol porque no sé del tema. Pero aquí si lo puedo hacer. Además, ya hoy la gente de la mudanza dejó el apartamento desocupado. Si eso no es un buen pretexto para escribir lo que a uno le venga en gana, entonces no sé qué es.

Como estoy en Estados Unidos, me ha tocado ver el Mundial por Univisión aunque, justo es reconocerlo, han hecho un mejor trabajo de lo que yo esperaba de ellos. (Siempre me pareció horrible la televisión latina en Estados Unidos.) Allí los comentaristas andan con un tema que me recuerda una vieja cantinela de los comentaristas de fútbol en Colombia: la disyuntiva entre el "juego bonito" y el "juego efectivo." Por ejemplo, en el partido Brasil - Holanda no se cansaban de señalar que el equipo de Dunga ya no hacía el "jogo bonito" de los 70s. Cuando Alemania aplastó a Argentina decían que había ganado sin un juego vistoso.

Todo colombiano de mi edad se ha visto en esta discusión y hoy por fin puedo fijar mi posición por escrito: es una disyuntiva absurda. No existe un "juego bonito" e "inefectivo." Si a uno le gustan los "taquitos," los "sombreritos," las "bicicletas" como una forma de arte, entonces compre tiquetes para los entrenamientos donde los jugadores hacen de eso y mucho más. El fútbol es un juego y como tal tiene una meta: hacer más goles que el contrario. De pronto es por mi sesgo de ajedrecista oxidado pero para mí el "juego bonito" es con goles. Un gol es una solución a un problema complejo. Si la pelota pasa la raya, es una buena solución y sólo entonces nos ponemos a ver si es una solución elegante, como en matemáticas. No hay una solución bella y equivocada.  Si la pelota no entra, no sirve, punto.

En el primer tiempo de su partido contra Holanda, Brasil arrolló a Holanda. Era una máquina. Para mí, eso es bello, elegante, y todo lo demás. Como sufrido hincha de la Selección Colombia de los 90s, me parece más bonito, más vistoso, un equipo que en cuatro pases llega al arco contrario y mete la pelota (como Alemania contra Inglaterra) que un equipo que hace pases y pases y pases sin acercarse a la meta, como Colombia en aquella época. Hoy en día España toca muy bien el balón. Hace pases excelentes, toques magistrales, como quieran. Pero son excelentes y magistrales porque llegan al arco contrario y hacen gol. (Bueno en el Mundial no tanto, en la Euro 2008 sí.) 

El futbolista debe tener, como decía Weber del político, la "ética de la responsabilidad."Es decir, no es solo cuestión de que los actos parezcan nobles, sino que también el resultado final importa. No basta con que la pirueta con el balón se vea preciosa en la repetición sino de que produzca un ataque peligroso. No basta con que el candidato parezca incorruptible, sino que su estrategia lleve a la derrota de los corruptos. Ah, perdón, se me olvidó que sólo iba a hablar de fútbol.

Mañana otro dilema ético complicado: el penalty de Luis Suárez. (Adelanto: creo que no tiene ninguna falla ética, pero estoy revisando mis argumentos.)

Thursday, July 1, 2010

El Peor Partido del Mundo (3)

Me he dado cuenta de que cuando uno está de prisa y no tiene tiempo de escribir en el blog, siempre puede contar con la derecha americana para ofrecer una muestra de estupidez bastante humorística. Si yo fuera comediante, me sentiría mal cobrando plata por parodiar al Partido Republicano de Estados Unidos ya que él se parodia solo.

El ejemplo de hoy viene por cortesía de Marc Thiessen, ex-escritor de discursos de Bush y Rumsfeld, notorio sádico defensor de la tortura, papanatas de primera (como verán cuando lean este artículo ), y eso que está en el American Enterprise Institute, supuestamente el reducto de la intelectualidad conservadora de Estados Unidos.

Listo, vuelvo a empacar. Disfruten. ¡Ah! y cuando terminen de reírse, acuérdense de que se trata del segundo partido más grande de la mayor potencia mundial. Eso les dañará el rato.

Nunca es Tarde para Homenajear a un Gran Filósofo

Como en filosofía no tenemos buenas revistas de chismes, me acabo de enterar de que hace casi un año murió Gerald Cohen. Tal vez el mejor crítico del libertarianismo. Cuando uno cree que ya no tiene recursos para enfrentarse a Nozick, Cohen viene al rescate. Estoy muy de prisa en estos días pero échenle una mirada a este obituario. Era uno de los grandes. En la izquierda necesitamos más gente como él.